Entrevista a Alejandro Zenker

Periódico Reforma

EL NORTE

1.- ¿Qué impacto pueden tener las novelas best-seller —en este caso Crepúsculo— para acercar a los jóvenes a la lectura?

Primero habría que pensar o repensar el término “lectura”. A fin de cuentas hay muchas formas de leer un libro, de apropiarse de su contenido. Es un proceso individual con resultados disímiles. Los best-sellers constituyen, en muchos casos, fenómenos de divulgación de contenidos cuya lectura no difiere gran cosa de la apreciación de una película. De hecho, muchos de ellos son trasladados al cine, y muchas películas exitosas se convierten, posteriormente, en libros. Un libro exitoso puede, en efecto, acercar a los jóvenes a cierto tipo de lectura, entendida como la decodificación de un texto. No obstante, ¿la calidad de esa lectura es sustancial, cualitativamente distinta de la que hacemos de una revista sensacionalista, de notas sociales o que abordan la vida de la farándula? ¿Le aportan algo al lectorlo hacen un mejor ser humano y, más aún, lo hacen lector consuetudinario? En mi opinión, fomentar la lectura debe ser un objetivo cualitativo y no cuantitativo. Es decir, no importa qué ni cuánto hemos leído, sino cómo hemos leído. Como en el caso de los manuales de operación de algunos aparatos que hoy en día exhortan a que los “leas y entiendas”. Es decir, si lo has leído pero no lo has entendido… ¿sirve de algo? En suma: los best-sellers hacen quizá que segmentos de la población experimenten la lectura, lo que no garantiza que quienes los leen los comprendan y menos que salten de allí a convertirse en lectores, particularmente de libros más complejos

2.- ¿El fenómeno Harry Potter ha cambiado la forma en que “niños” y ahora “jóvenes” se apropian de los libros y sus contenidos? ¿En qué medida?

Por supuesto, vivimos una transformación o transfiguración del lector y la lectura. El problema es que aún no comprendemos en qué medida. No se trata sólo de los best-sellers, que constituyen el mayor fenómeno de lectura del “libro formal”, pero menor en cuanto a la lectura en sí. La lectura de otros ámbitos de la transmisión de textos va adquiriendo mayor importancia. Por ejemplo: las películas subtituladas, los chats, las páginas de internet. La aproximación neuronal a la apropiación de contenidos va cambiando vertiginosamente. Hay que redefinir lo que entendemos por “libros” y por “lectura” que, como tal, va más allá de la decodificación de los elementos alfabéticos. Para mí, la “lectura” hoy en día tiene infinidad de otros referentes, como el cine, el video, la televisión, la apreciación de obras en un museo y, también, y en menor medida, la lectura de libros, sin dejar de lado la música y otras expresiones socioculturales. El fenómeno Harry Potter no cambia la manera en que los individuos (niños, adolescentes y adultos) se apropian de los contenidos… es simplemente uno más de los muchos elementos que han venido a ocupar la atención y a transformar la cosmovisión de la gente en esta época de grandes evoluciones, cuyos alcances apenas comenzamos a analizar y comprender.

3.- ¿Qué tendencias hay entre los autores a la hora de escribir historias para jóvenes y niños?

Es difícil hablar de “los autores” como un conjunto homogéneo, ya que son tan diferentes. Afortunada o desafortunadamente, para algunos, hoy se escribe muchísimo. No obstante, sólo llegamos a conocer una fracción de lo que se crea. Lo que vemos en los estantes no es lo que se escribe, sino lo que se publica, que es algo muy distinto. Es decir, nos encontramos con la lectura que las grandes editoriales, los grandes consorcios de la comunicación desean transmitir. O,  más bien, lo que desean vender, medido esto a través de sus departamentos de mercadotecnia. Pero más allá de los Crepúsculo y Harry Potters, hay infinidad de propuestas literarias en todos los géneros. Creo que las tendencias más genuinas se encuentran en lo que se publica en ese inmenso mundo, aparentemente subterráneo, de las editoriales independientes, de las editoriales pequeñas o de los editores solitarios, particularmente de quienes, sin editor de por medio, se abren paso en el mundo a través de sus blogs en internet y de la autoedición de sus textos. En suma: hay quienes tienden a escribir para vender y, por lo tanto, se cuelgan de los ganchos de moda, mientras que hay otros que crean a partir del redescubrimiento de la vida, tremendamente compleja y cambiante, en particular a partir de la apertura de las fronteras.

4.- Como conocedor del mercado editorial, ¿qué tipo de libros son los que se perfilan como los próximos éxitos de ventas?

Hay dos tipos de libros exitosos en el mercado actual: por un lado están los que responden a las modas y estereotipos en boga, los que emergen de plumas conocidas por su genuina calidad literaria o porque son convertidos en éxitos de ventas a fuerza de publicidad, y por el otro, los que atinan a abordar una temática de manera un tanto cuanto novedosa y reflejan una inquietud social real y corren con la suerte de que una editorial grande los descubra, apueste su capital por ellos y los convierta en best-sellers. Eso hay que tenerlo claro: los best-sellers no nacen, son convertidos en tales por los enormes aparatos mercadotécnicos de quienes los editan.

5.- En tiempos de videojuegos, televisión y otros distractores electrónicos, ¿hay espacio para que la lectura siga siendo un pasatiempo entre niños y jóvenes?

La lectura de libros con soporte en papel entendida como pasatiempo tiene grandes desventajas frente a los videojuegos, la televisión, el cine, la internet, etc. Tanto los autores como los editores tendrán que reinventarse y reinventar al libro de tal suerte que se le imprima una nueva dimensión a la lectura. Esa transfiguración autor-texto-editor-libro-lector está en proceso, y confío en que seremos testigos de grandes e innovadores cambios que harán de la creación, edición y lectura un ejercicio diferente en el que se privilegie la calidad por encima de la cantidad, y donde se desmitifique el aparente valor cuantitativo de la lectura. Así como hay que cambiar el fast food por el slow food, habrá que pugnar por la lectura lenta y pausada frente a la absurda insistencia de una lectura veloz. Más vale ser un país en el que se lea, comprenda y, sobre todo, deguste un libro al año, que un país con un hipotético consumo (que no lectura) de 2.9 libros anuales cuya calidad de lectura es muy cuestionable.

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