La diversidad del universo sonoro

No todos escuchamos igual. Yo he ido perdiendo algunas de mis capacidades auditivas con el paso de los años. Me comencé a dar cuenta de ello cuando escuchaba música clásica y ópera, y los coros, en particular, los percibía distorsionados. Lo atribuía a los equipos de sonido “chafas” que yo tenía disponibles en ese momento. Pero me alarmé cuando percibí lo mismo en los conciertos en vivo. Seguí atribuyendo el fenómeno a causas externas. Así las cosas, comenzó mi infatigable búsqueda de la sala de conciertos idónea o del equipo de sonido perfecto. Finalmente, años atrás, me aventuré a adquirir equipos de sonido Sonos, que sí me permitieron recobrar la percepción de algunos sonidos que creía perdidos.

Supongo que fue mi afición al rock pesado, a los estruendosos conciertos en vivo, lo que me hizo comenzar a sufrir cierta sordera. Luego, mi gusto por escuchar música a todo volumen en la casa. Vino después el tinnitus, ese sonido persistente que yo escucho (un zumbido), y nadie más a mi alrededor, y que me saca de onda. Pronto me encontré preguntándole a todos cómo oían tal o cual cosa. Así fui descubriendo que casi todos escuchamos diferente. Por eso, quienes miden y valoran profesionalmente la calidad de sonido de espacios y equipos, usan aparatos de medición sumamente sofisticados.

Nuestra capacidad auditiva, así como nuestra capacidad visual, nos hacen hasta cierto punto diferentes a unos y otros. Todos creemos (suponemos) que los demás ven y oyen lo que nosotros vemos y oímos. Es un grave error. Los daltónicos, por ejemplo, ven de manera distinta que quien no sufre esa condición. Pero también nuestra educación auditiva y visual. Nuestras diferencias nos hacen únicos. Eso pasa también con la lectura. La educación, el conocimiento, el vocabulario, el grado de conocimiento del significado de cada palabra, de cada concepto, la capacidad de retención y comprensión de los textos, la cantidad de referentes que un texto suscita, la fantasía que tenemos, es decir, la capacidad de imaginar lo que los textos nos evocan, el conocimiento tecnológico, científico, matemático, hacen de cada lector y lectura algo único, diferente. Por lo mismo, un texto literario, por ejemplo, generará en nosotros una experiencia diferente según el perfil del lector y la edad a la que lo lea. Eso hace que uno pueda leer un mismo texto varias veces a lo largo de la vida y que la lectura sea en cada ocasión diferente, porque nos hemos vuelto distintos con el paso de los años. Lo mismo pasa con las fotografías, con las pinturas y con las películas y obras de teatro. Esa diversidad de miradas, de comprensión, de aprehensión, es fascinante. Incluso la lengua influye en nuestras percepciones. De allí que vivamos esta fantástica diversidad en la que nos encontramos inmersos.

Mi padre, por ejemplo, perdió buena parte de su percepción auditiva durante la Primera Guerra Mundial, en la que estuvo, literalmente, al pie del cañón. El estruendo de los disparos le fue mermando paulatinamente su oído. También fue daltónico. Ambos “males” le acarreaban muchos inconvenientes. Pero, la sordera en particular, también algunos beneficios. Podía vivir en la abstracción de los sonidos del mundanal ruido de la Ciudad de México. Por otro lado, de joven, yo tuve un oído privilegiado y muy sensible. De tal suerte, cuando yo sufría el ruido veía con cierta envidia la semisordera de mi padre. De hecho, cuando pasan los merolicos por la calle ofreciendo pan, tamales o comprar fierro viejo y otros chunches, desearía que prevaleciera la civilidad y desapareciera esa ruidosa intromisión en nuestra intimidad, o que me invadiera una repentina sordera.

Esa capacidad de bloquear selectivamente los sonidos desagradables e invasivos la he estado explorando ahora que pedí a prueba unos audífonos de última generación con cancelación de ruido (AirPods Max). La calidad de la reproducción de música me pareció francamente decepcionante. Pero la cancelación de ruido es espléndida. Equivale a sumergirse en una especie de sordera temporal que uno puede acompañar de música y otros sonidos, como los audiolibros, sin que ningún ruido externo te distraiga. Un pequeño paraíso para quienes odiamos los ruidos invasivos. Sin embargo, al no ofrecerme una experiencia musical auditiva mejor que mis viejos AirPods Pro, los regresaré.

Esta es una época en la que habrá que reflexionar mucho sobre la diversidad, sobre su valor y sobre la necesidad de respetarla, defenderla y cultivarla en todos y cada uno de los individuos que habitan este planeta. Esa diversidad no se opone al sentido de pertenencia a la sociedad. Pero incentivarla seguirá enriqueciendo enormemente a la humanidad.