EDITOR · ALEJANDRO ZENKER PRECIO · 0,00 BITS CDMX · BERLIN · THE VOID ISSN · 1955-XXXX HOY · 28/05/2026
· 0xFF · ARCHIVO · MEMORIA COMPUTACIONAL · 1984 ·

¿Por qué un Xonix aquí?

Confesión de un editor setentón sobre jumpers, fósforo verde y máquinas que aprendieron a recordar.

▸ JUGAR XONIX

↓ O SIGUE LEYENDO POR QUÉ

Seguramente no lo sabes porque quienes lo vivieron o ya están muertos… o ya perdieron la memoria. Pero en los años ochenta, antes de que muchos de los que me leen nacieran, yo armaba mis propias computadoras y les daba mantenimiento. Y cuando digo "armaba", no hablo de cambiarle una tarjetita RGB a una PC gamer con lucecitas de antro. Hablo de verdaderas ceremonias tecnológicas donde había que pelearse con jumpers, tarjetas controladoras, discos duros del tamaño de un ladrillo y manuales escritos por psicópatas.

Hacerlo significaba infinitas horas nalga. Particularmente cuando formateabas un disco duro de capacidades monstruosas para la época: 5 o 10 MB a principios de la década… y ya hacia finales de los ochenta algunos gigantes descomunales alcanzaban los 20 o hasta 40 MB. Hoy no les cabría ni un par de fotos mal tomadas con un iPhone. Pero en aquel entonces aquello era el equivalente tecnológico de tener una bóveda nuclear.

Formatear esos discos, cargarles el sistema operativo, instalar programas y rezar para que el FAT no decidiera suicidarse era toda una odisea. A veces pasaba una noche entera preparando una computadora para que al día siguiente yo mismo —o mis colaboradores— pudiéramos trabajar. Y cuando algo salía mal, comenzaba el ritual del scandisk eterno, la descompresión de archivos corruptos y los discos flexibles desperdigados por toda la oficina como restos arqueológicos de una civilización perdida.

Muchas veces esas jornadas terminaban convertidas en reuniones improvisadas con amigos, chela o Coca-Cola en mano, viendo líneas de texto desfilar lentamente por una pantalla fosforescente. Porque sí: antes de las interfaces bonitas, de los emojis y de los asistentes que ahora te redactan tesis, las computadoras parecían equipo médico soviético.

Pero las jornadas solitarias eran otra cosa. Ésas las sobrevivía leyendo… o jugando. Y mira que yo nunca he sido particularmente gamer. Mi relación con los videojuegos siempre fue más cercana a la antropología que a la adicción. Me interesaban como síntomas culturales, no como religión.

Entre los pocos juegos que sí recuerdo con cariño estaba uno llamado Xonix. O quizá Onix. O quizá mi memoria ya le cambió el nombre después de cuarenta años y varias neuronas jubiladas. Lo único que recordaba era la sensación hipnótica de aquellas pantallas monocromáticas, el cursor parpadeando, el zumbido mental de las horas muertas y esa mecánica absurda de capturar territorio mientras una pelotita intentaba arruinarte la existencia.

Meses atrás, después de buscarlo infructuosamente por internet, decidí hacer algo perfectamente razonable para un hombre de mi edad: reconstruirlo desde cero con inteligencia artificial.

Primero intenté rehacerlo con Gemini. Y tras muchos ires y venires, logramos levantar una versión funcional. "Logramos" es una palabra elegante para describir horas enteras diciéndole: "No, imbécil, eso no hacía el juego original". Porque trabajar con IA a veces se parece mucho a dirigir a un becario extraterrestre con exceso de confianza.

La primera versión quedó rara. Jugable, sí. Pero rara. Como un recuerdo reconstruido por alguien que estuvo borracho durante toda la década de los ochenta.

Entonces decidí migrar el proyecto a Claude Code. Y ahí ocurrió algo curioso: Claude entendió casi de inmediato qué demonios quería yo recrear. Refinó el comportamiento, corrigió detalles, respetó la lógica del juego original y logró acercarse bastante a esa sensación de terminal fosforescente donde el tiempo parecía detenerse mientras afuera el mundo seguía avanzando.

Así que aquí se los comparto, para que le den una probada retro a esas jornadas de paciencia digital. Lo diseñé deliberadamente para reproducir la percepción de aquellas pantallas verdes o ámbar, el brillo cansado del fósforo y el cursor parpadeando como si la máquina estuviera pensando cosas importantes… aunque en realidad sólo estuviera esperando que uno presionara ENTER.

Y hay algo deliciosamente absurdo en todo esto: un juego de 1984 reconstruido en 2026 por dos inteligencias artificiales entrenadas con millones de textos humanos, trabajando bajo las órdenes de un editor setentón que todavía recuerda cuando "reiniciar" una computadora podía significar perder toda una noche de trabajo.

Antes del celular estuvo la pantalla, y antes de la pantalla legible estuvo la pantalla verde: cuatro colores fosforescentes y un cursor parpadeando que prometía cualquier cosa. Xonix salió en 1984, el mismo año en que Apple lanzaba la Macintosh y William Gibson publicaba Neuromancer. Era un juego sobre capturar territorio sin morir en el intento. En retrospectiva, quizá también era una metáfora involuntaria de usar computadoras en los ochenta.

Cuarenta años después le pedí a Gemini que lo programara desde cero. Luego Claude lo afinó. El resultado es este: un Xonix sabrosamente decadente que renace entre nostalgia, terquedad e ironía, hecho con máquinas que aprendieron a escribir leyendo prácticamente todo lo que hemos escrito los humanos.

Sigue siendo el mismo juego: tienes pocas vidas, una pelota rebotando y el imperativo neurótico de capturar el 75% del campo sin que todo explote.

La diferencia es quién lo programó.

Y que ahora viva debajo de un blog sobre literatura, fotografía, edición e inteligencia artificial tampoco es accidente. Es un puente entre dos obsesiones que me han acompañado toda la vida: los libros y las pantallas.

La mutación —mutatis mutandis— es exactamente eso.

Lo que cambia para que algo siga siendo lo mismo.

Cómo se juega

  • Mueve el cursor con las flechas. Empiezas en el borde verde.
  • Aventúrate hacia el campo negro. La estela rosa marca tu trayectoria.
  • Si regresas a una zona verde, todo lo que cerraste pasa a ser tuyo.
  • Cuidado: si tocas tu propia estela mientras dibujas, mueres.
  • Cuidado: las pelotas cian rebotan en el campo. Si te tocan mientras dibujas, mueres.
  • Captura el 75% del territorio para pasar al siguiente nivel.
  • Tienes 3 vidas. Cada nivel agrega una pelota más, y un poco más de velocidad.
▸ JUGAR XONIX

PRESS ENTER ON THE NEXT SCREEN TO START