Sobre mí
Me llamo Alejandro Zenker, aunque casi todo mundo me dice Álex. Nací en la Ciudad de México en 1955, en una casa llena de libros, que a la vez era un taller de encuadernación, en medio de discusiones políticas y ecos de una Europa que acababa de incendiarse.
Mi padre, luchador social antifascista, huyó del nazismo después de ser condenado a muerte. Crecí entendiendo que la memoria no es un lujo cultural sino una forma de resistencia. Tal vez por eso terminé rodeado de archivos, libros, fotografías y máquinas: distintas maneras de pelear contra el olvido.
He sido editor, traductor, corrector, diseñador, fotógrafo, ensayista y fabricante profesional de proyectos improbables. Fundé editoriales, revistas, colecciones, distribuidoras y plataformas cuando hacerlo todavía implicaba ensuciarse las manos con tinta, pegamento, fotolitos, módems ruidosos y computadoras que hoy serían piezas arqueológicas.
Sigo aquí.
Durante décadas publiqué libros mientras el mundo anunciaba, cada cinco años, la muerte definitiva de la lectura. Los libros sobrevivieron. Cambiaron de piel, de soporte, de velocidad, pero sobrevivieron. Ahora ocurre algo parecido con la inteligencia artificial. Mucha gente la mira con miedo. A mí me interesa más como herramienta para pensar, crear y romper inercias mentales.
No creo en la nostalgia como refugio. Me interesa más entender hacia dónde vamos.
Fotografío desde que tenía 14 años; maduré mi mirada sobre todo cuando me especialicé en desnudo artístico y retrato. He tomado cientos de miles de imágenes, muchas más de las que podría publicar en una sola vida. También trabajo últimamente con imágenes generadas con el uso de IA como herramienta, porque no veo una frontera sagrada entre una cámara, un cuarto oscuro, Photoshop o un modelo generativo. Todo son instrumentos. Lo importante sigue siendo la mirada.
Impulso proyectos como Solar Servicios Editoriales, Librántida, Ediciones del Ermitaño y el Instituto del Libro y la Lectura. Algunos nacieron en el siglo pasado y todavía respiran en éste, lo cual ya me parece una forma bastante digna de terquedad.
Me interesan la filosofía, la tecnología, la narrativa, la fotografía, la música, la tipografía, los futuros posibles y las preguntas incómodas. Desconfío de las supersticiones, de los dogmas y de cualquiera que pretenda tener respuestas simples para problemas complejos.
A los setenta años sigo aprendiendo cosas nuevas. Programo un poco, experimento sin parar y continúo explorando qué significa crear en una época donde las máquinas ya también escriben, dibujan, traducen y conversan.
Este blog existe justamente para eso: para pensar en voz alta mientras el mundo cambia de forma.