Disquisiciones inútiles al margen del quehacer editorial…

Termina ya enero, primer mes de este mortífero 2021, en que se han registrado los mayores índices de fallecimientos a nivel mundial por la pandemia, incluido México. El pésimo manejo que ha hecho nuestro gobierno de esta tragedia nos ha colocado ya en tercer lugar en materia de muertes por Covid-19 a nivel mundial. Tenemos, además, un presidente que se empecina, aún enfermo de Covid, en aparecer sin cubrebocas en un entorno palaciego que no puede menos que ofender a las innumerables víctimas de esta peste que cada día arrastra consigo a más personas, entre ellas infinidad de amigos. El “no somos iguales”, tan recurrente en su discurso, cobra una macabra dimensión bajo esa perspectiva. Mientras, el panorama ante la incertidumbre por la falta de vacunas es desolador. En Europa ya se ha desatado una guerra por acaparar las vacunas que están siendo producidas a una velocidad mucho menor que la que todos esperaban. Así las cosas, se augura un elemento adicional de desigualdad mundial: entre los países que avanzarán más rápido con la vacunación y los que tardarán años en aplicarla a toda la población. A la tragedia pandémica se suma ahora el desastre económico. Muchos países registraron en el 2020 un descenso en su PIB; entre ellos México, con un 8.5%. La quiebra de infinidad de empresas, el aumento del desempleo es pantagruélico. Podríamos festejar, quizás, que ya terminó el desastroso gobierno de Trump. Sin embargo, entre las medidas de Biden, muchas más que bienvenidas, hay algunas que no podrían ser más contrastantes con las que ha impulsado el gobierno de México. En particular su ya anunciada política encaminada a terminar con las energías de recursos no renovables (como el petróleo, el gas y el carbón) y el impulso de las llamadas energías limpias. Seguirle apostando, hoy, al petróleo, es un gravísimo error histórico que le costará mucho al país. En medio de todo esto, la disputa geopolítica arrecia y aflora con cada vez más fuerza la inquietud en torno a la amenaza de una guerra nuclear. Si el 2020 nos dio una fuerte sacudida, pareciera que el 2021 nos dará un tremendo sacudidón. El “Gran Reinicio”, que es el tema del Foro Económico Mundial que tiene lugar en Suiza, y la Agenda 2030 de la ONU (ODS), entran en una etapa de preparativos o franca implementación. Quienes tienen en sus manos los hilos que manipulan al mundo son cada vez menos, y el futuro de miles de millones de vidas está en juego. Inquietarse, en medio de todo eso, por el futuro del libro y la lectura, por la supervivencia de editores y librerías, parecieran nimiedades propias de nuestra infinita inocencia. ¿Qué hacer ante este panorama nada alentador? Mientras seguimos reflexionando, descorchar un vino, tomar unas cervezas, degustar un tequila, no parecen una mala opción. Ya habrá tiempo, quizás, de volvernos a abrazar. Mientras: ¡Feliz incursión en el mortífero febrero de este 2021!