En muletas, acompañado de Tomás, mi viejo amigo…

Cuando Tomás entró por la puerta, un caudal de recuerdos se hizo presente. Nos conocimos cuando éramos becarios en El Colegio de México hace poco menos de treinta y seis años. Yo acababa de regresar de Alemania, donde cursé la prepa e hice mis estudios universitarios de pedagogía, y él provenía de Argentina. En poco tiempo nos hicimos grandes amigos y conformamos un nutrido grupo no sólo de estudiantes del ColMex, porque pronto otros se nos unieron, como Luis y Vero, guitarristas excepcionales que compartían con nosotros el gusto por el ping pong. Ese juego nos volvía locos. Sigue leyendo

El viejo sueño de ser, además de editor, librero…

Siempre quise ser librero. Quizás es un sueño de muchos de los que nos desenvolvemos en un entorno cultural. Mi padre, encuadernador, montó su pequeño taller en la Calle de San Luis Potosí, en la Colonia Roma. A un lado estaba una vieja librería, cuyo nombre no recuerdo, y cuadras más adelante, sobre Avenida Sonora, se levantaba la legendaria Librería Internacional, que pertenecía a Roberto Kolb, un austriaco de majestuosas proporciones. Roberto y Walter, mi padre, eran muy amigos. Yo solía ir a la Librería Internacional a comprar libros o a recoger un ejemplar de la revista Der Spiegel, lectura semanal obligada de mi padre. Allí conocí a Wolf, encargado de la sección alemana, de quien aprendí muchos aspectos del oficio librero. Sigue leyendo

Postrado y con muletas…

Nunca había necesitado apoyarme en muletas para caminar, como hoy lo estoy haciendo. Quizás lo que hice semanas atrás fue una premonición, cuando compré un bastón de madera. Noemí me preguntó que para qué lo quería. Le conté que una vez, hace muchos años, compré uno en España para apoyarme en mis largas caminatas. También de madera, tenía un anillo de plata. Misteriosamente desapareció un día sin dejar rastro. Me traía buenos recuerdos. No sólo de España. También de mis aventuras en los bosques de los alrededores de la Ciudad de México, particularmente del Ajusco. Hoy estoy recostado en mi cama y miro estas muletas con recelo. Sigue leyendo

Hay libro soporte papel para rato…

Estoy en Veracruz, en el 20 Congreso de Libreros Mexicanos (COLIME). Ayer fue la inauguración en el impresionante centro cultural que Editorial Trillas tiene en este puerto. Entre las cosas memorables destaco la referencia que hizo J.A. Echeverría, presidente de la CANIEM, a los enormes riesgos que entraña para la industria editorial el decreto de depósito legal, cosa que señalé días atrás. También el improvisado discurso del mismo Trillas, que reconoció los innegables retos que presentan las nuevas tecnologías para editores y libreros. Finalmente, la extraordinaria ponencia de Grace Quintanilla, que habló de lo que sucede en el ámbito de la nueva cultura digital entre las nuevas generaciones. Sigue leyendo

El CAOS, el Congreso de Libreros, Veracruz y yo…

Me preparo para ir a Veracruz mañana, donde se celebrará el Congreso de Libreros Mexicanos (COLIME). Allí estarán muchos de mis amigos con quienes comparto cotidianamente reflexiones en torno al libro y la lectura. Particularmente me dará un enorme gusto abrazar de nueva cuenta a dos de mis cuates a los que veo muy seguido, pero que merecen especial afecto y admiración: Carlos Anaya y Arturo Ahmed. Ambos merecedores del Premio al Mérito Gremial que otorga la CANIEM anualmente. Carlos lo recibió en el 2013, Arturo en el 2014. Los dos son miembros de La Tertulia Editorial. El primero, editor con gran trayectoria y enciclopédica memoria. El segundo, librero de corazón y promotor extraordinario de nuestro quehacer editorial. En esta ocasión voy no sólo como editor, sino también como futuro librero, pues estamos a unas semanas de inaugurar nuestra libería en San Pedro de los Pinos. Estaré coordinando dos talleres, junto con Julián Romero y Alejandro Ramírez. De tema a mí me tocó el del caos. Luego les comparto la truculenta temática. Hoy me despido de Pichi, que se queda a cargo del changarro, con tremendo tambache de textos que deberá dictaminar.

Este no es mi Milenio, pero cómo agradezco la Primavera…

Siento que los libros y la primavera se llevan bien. Quizás es una percepción muy personal. A lo largo de mi vida he sufrido cada vez más los inviernos. Cuando llega el otoño, comienzo a presentir nubarrones en mi estado de ánimo. Ya desde mediados de año veo con preocupación cómo se acercan esos aciagos meses. Tengo la extraña sensación de que yo moriré en enero o febrero de un año incierto. Así de mal suelo sentirme. Sigue leyendo

La Librería del Ermitaño: Un nuevo espacio para nuestros lectores…

Esta semana dimos el primer paso para establecer la Librería del Ermitaño aquí a escasos 30 metros de nuestras actuales oficinas, en la esquina de Calle 2 y Primero de Mayo. A una cuadra de Avenida Revolución. A cuadra y media de la estación de Metro San Pedro de los Pinos. A una cuadra del Periférico. A tres cuadras del emblemático Mercado de esta Colonia. Esto no sólo nos convertirá también en libreros, sino que nos permitirá cumplir finalmente un viejo sueño: cubrir, así sea en chiquito, toda la cadena del libro. Sigue leyendo

La terraza de mi casa, donde crece la literatura…

Revisaba hoy mis pendientes, particularmente los derivados del Coloquio sobre el Futuro del Libro, cuando me entró una renovada euforia primaveral. Después de ver ayer al Pichi tan entusiasmado con las nuevas plantas, me lancé de nueva cuenta esta vez a comprar cuatro costales de tierra preparada, así que encaminé mis pasos hacia los Viveros de Coyoacán, uno de mis lugares preferidos. Antes iba mucho a Xochimilco, hasta que el viaje y el trajín se me hizo cansado. Descubrí, además, que las plantas de los Viveros ya están más aclimatadas a los malos tratos de algunas malas manos. Porque se dice que si una planta se da o no, depende de la buena o mala mano de quien la adapta a su nuevo espacio. A veces he pensado que así son las lecturas. No sólo dependen del libro en sí, sino del lugar donde las lecturas se dan. Sigue leyendo