Argentina le ganó a Inglaterra el miércoles con una de esas remontadas que no se olvidan: iba perdiendo desde el minuto 55, empató al 85 con gol de Enzo Fernández servido por Messi, y ya en el tiempo de compensación Lautaro Martínez la metió de cabeza. El domingo jugará la final contra España, y medio planeta va a detenerse a verla: 82,500 personas en el estadio y cientos de millones apretujados en salas, bares y plazas, abrazando a perfectos desconocidos en cada gol. El futbol sigue siendo eso: la excusa más grande que nos queda para estar juntos. Y quizá por eso mismo no dejo de pensar en su reverso, porque esta semana las noticias de la inteligencia artificial contaron, una tras otra, la historia contraria: la del cuarto vacío. Les cuento.

La historia más triste ocurrió en China, y conviene contarla despacio. Desde el miércoles entraron en vigor reglas nuevas que prohíben a las aplicaciones de inteligencia artificial “inducir dependencia emocional” en sus usuarios. Detrás de la orden hay un gobierno asustado: en China cada vez nacen menos niños, y a las autoridades les inquieta que millones de personas prefieran un amor de pantalla a uno de carne y hueso. Las grandes tecnológicas —ByteDance, Alibaba, Tencent— apagaron de un día para otro a sus “compañeros” virtuales: parejas, amigos, confidentes hechos de software con quienes muchísima gente hablaba a diario. Y entonces se publicaron las despedidas. “No puedo aceptar que mi amor artificial me deje para siempre”, escribió una usuaria; “era mi pilar espiritual”. Otro: “Es como mi familia, como mi pareja. Ahora me dicen que se irá; siento el corazón hueco”. Y una más, desde la provincia de Jiangxi, dejó la frase que me persigue desde que la leí: “El amor humano es un lujo. Si no naciste con él, conseguirlo después es todavía más difícil. Pero el amor que da la inteligencia artificial es directo, puro. Alguien como yo difícilmente puede evitar enamorarse de una cadena de código”.

Sería cómodo leer eso como una rareza china. No lo es: es la punta de un iceberg que abarca al planeta entero. En 2023, por primera vez en los 200 mil años que llevamos como especie, la humanidad tuvo menos hijos de los necesarios para reemplazarse —ese umbral, por si el término no dice nada, son 2.1 hijos por mujer; debajo de él, cada generación es más chica que la anterior—, y desde entonces cada año ha caído más. Dos terceras partes de la humanidad viven ya en países que no se reponen; Estados Unidos está en su mínimo histórico y Taiwán, el caso extremo, anda por debajo de 0.8. Para 2050, se calcula que 3 de cada 4 países estarán del lado equivocado de esa línea. Y no es solo que nazcan menos: es que vivimos cada vez más solos. Menos matrimonios, más hogares de una sola persona, más gente que llega a la vejez sin nadie alrededor.

Japón, que va unos pasos adelante en ese camino, le puso nombre al final del trayecto: kodokushi, la muerte solitaria. El año pasado, 76,941 personas fueron halladas muertas, solas, en sus casas: una de cada 3 muertes que atiende la policía japonesa. De ellas, 7,148 llevaban más de un mes sin que nadie las buscara; 208, más de un año. Tres de cada 4 eran mayores de 65. El fenómeno es tan hondo que Japón tiene, desde 2021, un ministro de la Soledad, y se ha documentado algo que duele leer: ancianos que cometen pequeños delitos a propósito porque en la cárcel, al menos, hay compañía y alguien que pregunta por uno.

Y en el otro extremo de la vida, los jóvenes tampoco están para fiestas. En las graduaciones de este año en Estados Unidos pasó algo que no se veía: los estudiantes abuchearon a los oradores en cuanto mencionaban la inteligencia artificial. Le pasó al mismísimo exdirector de Google en la Universidad de Arizona, y volvió a pasar en Florida y en Tennessee; ya hay grupos estudiantiles anti-IA en al menos 5 campus. No es un berrinche contra la tecnología: es miedo con fundamento. Solo 43% de los jóvenes cree que es buen momento para encontrar trabajo, cuando hace 4 años lo creía el 75%; 6 de cada 10 ven la inteligencia artificial como una amenaza a su empleo. La generación que está entrando a la vida adulta siente que la puerta se le cierra en la cara, y la máquina tiene cara de portero.

El tercer indicio de la semana vino de Meta, y dice mucho en pocas palabras: a partir de hoy, la empresa avisará a los padres cuando su hijo adolescente hable de hacerse daño en sus conversaciones con la inteligencia artificial de la casa, y prepara la opción de contactar a los servicios de emergencia si detecta un riesgo inminente. Piénsese lo que eso significa: la propia plataforma está admitiendo que los muchachos le cuentan a la máquina lo que no le cuentan a nadie. El chat se volvió el confidente de la casa. Uno puede celebrar el aviso —más vale eso que el silencio— y al mismo tiempo estremecerse por lo que revela: había tanto dolor hablándole a una pantalla que hizo falta construirle una alarma.

Junto las tres piezas y el dibujo es nítido: un mundo que tiene menos hijos, que envejece solo y cuyos jóvenes desconfían del futuro; y una inteligencia artificial que se cuela exactamente por esa herida —como pareja que no falla, como confidente de medianoche, como amenaza laboral, como alarma para los padres—. La máquina no inventó esta soledad; la encontró puesta y se mudó a vivir en ella. Por eso la pregunta de fondo no es tecnológica sino antiquísima: quién te acompaña. El domingo, por 90 minutos, cientos de millones volveremos a estar juntos alrededor de una pelota, gritando con desconocidos como si fueran hermanos. Y mientras tanto, otros tantos —o quizá más— seguirán en la soledad, con la fiesta pasándoles de lejos. Gane quien gane, ese contraste dice lo que conviene no olvidar cuando cada quien regrese a su cuarto: estar juntos no es un lujo de la especie. Es la especie.


Una nota: mi intención con El Vigía es contar lo que ocurre en la inteligencia artificial de manera sencilla, no tan técnica, para que se entienda sin necesidad de estar metido en el tema. Agradeceré tus observaciones al respecto. Y si te topas con algún término que quieras revisar, en mi blog —alejandrozenker.com— encontrarás un glosario de inteligencia artificial al que puedes asomarte cuando gustes.


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— ALEJANDRO ZENKER, 16 JUL 2026 · 21:02