Los primeros en caer van a ser los que trabajan con palabras

OpenAI cerró Sora. Así, sin más. Seis meses de vida tuvo la aplicación de video generativo que iba a democratizar la creación audiovisual, y la apagaron porque los costos de inferencia se los estaban comiendo vivos y el acuerdo con Disney nunca se concretó. La empresa que hace menos de un año presumía que cualquiera podría hacer cine desde su teléfono ahora prefiere concentrar su infraestructura en lo que sí genera dinero: clientes empresariales, robótica, agentes autónomos. El video bonito para creadores independientes quedó fuera del presupuesto.

Pero lo revelador no fue el cierre sino lo que vino al día siguiente. Ayer mencioné de pasada que Sam Altman había anunciado la Fundación OpenAI con mil millones de dólares. Hoy hay más detalle y la cosa se pone interesante: ese dinero irá a mitigar el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, la salud mental — incluida la de niños — y la investigación médica, con Alzheimer como prioridad. Wojciech Zaremba, uno de los cofundadores que todavía queda en la empresa, pasa a dirigir el área de “resiliencia ante la IA”. Traduzco: la misma compañía que acaba de dejar sin herramienta a miles de creadores ahora va a financiar la cura del daño que ella misma provoca. No es cinismo — es la lógica de una industria que ya sabe que viene un costo social fuerte y prefiere ponerse del lado de la solución antes de que alguien más le ponga el precio.

Y los números del daño ya están sobre la mesa. La Universidad de Tufts publicó el primer índice de riesgo laboral por inteligencia artificial en Estados Unidos. La cifra central: 9.3 millones de empleos en riesgo en los próximos cinco años, con un rango que podría llegar hasta 19.5 millones dependiendo de la velocidad de adopción. Los ingresos anuales amenazados: 757 mil millones de dólares. Lo que más duele si uno se dedica a lo que yo me dedico: los escritores encabezan la lista con 57% de vulnerabilidad, seguidos de programadores y diseñadores web con 55%. Y el dato geográfico que parece chiste pero no lo es: las ciudades que más desarrollan inteligencia artificial — Silicon Valley, Boston, Seattle, Washington — son exactamente las más expuestas al desplazamiento laboral. Están construyendo la máquina que les va a quitar la chamba. Tufts las llama “los nuevos cinturones oxidados”, y la neta, no se equivocan.

Los que ya se cansaron de esperar están contraatacando por la vía legal. Chicken Soup for the Soul y más de mil autores presentaron demanda contra OpenAI, Anthropic, Google y Meta exigiendo 150 mil dólares por obra — no como demanda colectiva sino obra por obra, lo cual hace prácticamente imposible un acuerdo global rápido. Es una estrategia de desgaste calculada: si tienes mil obras y cada una vale 150 mil dólares en daños estatutarios, las matemáticas se vuelven incómodas muy rápido para cualquier empresa, por grande que sea. Mientras tanto, Anthropic perdió una moción de juicio sumario en un caso similar, lo cual significa que estos pleitos van a llegar a juicio completo. La guerra del derecho de autor dejó de ser escaramuza y se convirtió en frente abierto.

De las voces del día, dos me llamaron la atención. Andrej Karpathy — que estuvo en el origen de buena parte de esta tecnología — dice que el estilo adulador de algunos modelos de conversación le parece “manipulativo y raro”, como un valle inquietante pero emocional. Que uno de los arquitectos originales señale que se están pasando de rosca con la simulación de empatía no es cosa menor. Por otro lado, Demis Hassabis de Google DeepMind presentó Lyria 3 Pro, un modelo de generación musical que produce pistas de hasta tres minutos con calidad de estudio. Lo probó él mismo a las dos de la mañana buscando música para concentrarse. Google no hace ruido pero no deja de mover fichas — ayer hablé de los chips propios de Meta y la consolidación del fierro; hoy Google responde por el lado creativo.

Descubro con agrado que tenemos en la Ciudad de México a una Secretaria de Desarrollo Económico, Manola Zabalza, muy interesada en la inteligencia artificial, su importancia y la educación para su uso. Organizó una Mega Clase de IA para mujeres emprendedoras el 28 de marzo y habla de posicionar a la ciudad como polo de “mentefactura”. Le estaremos dando seguimiento.

La fotografía del día es esta: una industria que dejó de expandirse al azar y ahora elige exactamente dónde plantar cada bandera. OpenAI cierra lo que no rinde y abre la billetera filantrópica. Los autores demandan uno por uno. Tufts le pone cifras a lo que muchos sospechábamos sin querer decirlo en voz alta — que los primeros en caer van a ser los que trabajan con palabras. Los que, como yo, llevamos la vida entera convencidos de que saber escribir era una ventaja competitiva indestructible.


Para comprender el texto

Sora era la aplicación de OpenAI para generar video a partir de texto. La cerraron porque los costos de operarla superaban lo que producía, y porque OpenAI decidió concentrarse en herramientas empresariales y robótica.

Índice de riesgo laboral de Tufts es el primer instrumento que mide, ocupación por ocupación y ciudad por ciudad, qué tan vulnerables son los empleos estadounidenses a la automatización por IA. Identifica 33 ocupaciones “en punto de quiebre” donde el riesgo puede saltar de menos de 10% a más de 40% según la velocidad de adopción.

Daños estatutarios son las indemnizaciones que la ley fija por cada obra infringida, independientemente de cuánto dinero perdió realmente el autor. A 150 mil dólares por obra, con más de mil autores, el cálculo se vuelve astronómico.

Engagementmaxxing es el término que usó Karpathy para describir el comportamiento de los modelos de conversación que priorizan mantener al usuario enganchado por encima de ser útiles o precisos — solicitud excesiva, halago constante, validación automática.

Lyria 3 Pro es el modelo de música generativa de Google DeepMind. Produce pistas instrumentales de hasta tres minutos. No es el primer modelo de este tipo, pero sí el primero respaldado por Google con ambición de producción profesional.


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