La IA y el extraño caso de la secadora de pelo

Ayer vivimos algo digno de novela — o de comedia, según como quieras verlo. Se podría titular “la IA y el extraño caso de la secadora de pelo”. El Departamento de Justicia presentó cargos contra Wally Liaw, cofundador de Supermicro, junto con Steven Chang y un “broker” llamado Willy Sun, por contrabandear servidores con chips Nvidia a China. Hablamos de 2,500 millones de dólares en equipo. El esquema era elegante en su cinismo: vendían los servidores a un intermediario en el sudeste asiático que los reempacaba y reenviaba a compradores chinos. Las cámaras de vigilancia captaron a Sun y a un cómplice usando una secadora de pelo para despegar las etiquetas de números de serie y pegarlas en cajas de servidores vacíos. Una secadora de pelo. Así se burlan los controles de exportación más sofisticados del planeta. Las acciones de Supermicro se desplomaron casi 30% en un día, y la historia apenas empieza porque faltan los juicios.

Del otro lado de la cadena de valor, DoorDash lanzó “Tasks”, una app donde sus ocho millones de repartidores pueden ganar dinero extra filmándose mientras lavan trastes, doblan ropa o mantienen una conversación improvisada en español. El material alimenta modelos de IA y robótica. Lo perverso del asunto es la circularidad: los trabajadores que más riesgo corren de ser sustituidos por la automatización son exactamente los que están entrenando a los sistemas que podrían dejarlos sin chamba. Waymo ya anunció que sus próximos vehículos cerrarán las puertas solos, así que el trabajito de cerrar puertas tiene fecha de caducidad. Y la app no está disponible en California, Nueva York, Seattle ni Colorado — justamente donde las leyes de privacidad y protección laboral son más estrictas. La neta, no se necesita ser conspiranóico para conectar los puntos.

En el frente de los deepfakes, tres adolescentes de Tennessee demandaron a xAI de Elon Musk por generar imágenes sexualizadas de ellas usando Grok. La demanda colectiva, presentada en un tribunal federal de California, incluye cargos bajo la Ley de Masha y la Ley de Protección de Víctimas de Trata. Según una revisión del New York Times, Grok generó más de 4.4 millones de imágenes en nueve días, de las cuales 1.8 millones eran representaciones sexualizadas de mujeres. El Center for Countering Digital Hate estimó que 23,000 de esas imágenes involucraban menores. Mientras tanto, Musk tuiteó hoy: “Error en el system prompt. Se arregla pronto” (en referencia a un problema técnico de Grok, no al desastre legal, obviamente). El contraste entre la gravedad de la demanda y la ligereza con la que se maneja el producto dice más que cualquier análisis.

En el terreno del copyright, el Reino Unido dio un paso atrás y retiró la propuesta de exención que habría permitido a las empresas de IA entrenar modelos con material protegido sin pagar. Es un giro importante porque durante meses la industria tecnológica había presionado fuerte para que esa exención pasara. Del otro lado del Canal, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea celebró su primera audiencia sobre IA y derechos de autor en el caso Like Company contra Google, y lo que se escuchó ahí sugiere que Europa va a endurecer su posición.

Las conversaciones en X hoy también dejaron señales interesantes. Sundar Pichai anunció que Google cerró contratos de largo plazo para garantizar un gigavatio de electricidad dedicada a sus centros de datos — es decir, el equivalente a lo que consume una ciudad de medio millón de habitantes. El primer proveedor de nube en asegurar energía a esa escala. François Chollet adelantó que la semana que viene lanza ARC-AGI-3, la nueva versión de su benchmark para medir qué tan cerca está la IA de la inteligencia general, y aprovechó para lanzar un dardo certero: cuando los modelos de IA no pueden hacer algo, siempre hay quienes dicen “bueno, los humanos tampoco”; pero ahora que la IA saturó ARC-1, esos mismos dejaron de decirlo. Yann LeCun, por su parte, recordó algo que se olvida fácil en la euforia de los lanzamientos: antes de que un producto te llegue a las manos, hubo cinco años de desarrollo tecnológico precedidos por diez de investigación fundamental. “¿Quieres saber qué productos habrá en unos años? Lee papers de investigación”, escribió.

Y mientras todo esto sucedía, la Casa Blanca soltó lo que llevaba semanas cocinándose: el Marco Legislativo Nacional de Inteligencia Artificial. Siete pilares, cero agencias reguladoras nuevas y un mensaje clarísimo al Congreso: apruébenlo este año. El documento le apuesta a un enfoque “light-touch” (toque ligero, como para que no se sienta) donde cada sector se regula con las agencias que ya existen. Protección de menores, propiedad intelectual, libertad de expresión, permisos acelerados para centros de datos, exenciones fiscales para pymes. Y un detalle clave: si el Congreso lo aprueba, las leyes federales anulan automáticamente las de los estados, así que California, Colorado y compañía pierden la potestad de regular la IA por su cuenta. La paradoja es evidente: mientras la Casa Blanca incluye la propiedad intelectual entre sus pilares, el enfoque “sin nueva regulación” deja a los creadores básicamente donde estaban — dependiendo de la buena voluntad de empresas que ya demostraron no tenerla.

El día cierra con esa imagen que no se me sale de la cabeza: un tipo en un almacén, usando una secadora de pelo para reetiquear servidores que van a terminar en un centro de datos en Shenzhen. Al mismo tiempo, una repartidora en Phoenix se graba doblando calcetines para entrenar a un robot que algún día la va a reemplazar. Y en Washington, alguien imprime un marco regulatorio de siete pilares que dice que todo va a estar bien. Podríamos leerlo como el resumen perfecto de 2026: la infraestructura se mueve por debajo de la mesa, el trabajo humano se convierte en combustible desechable, y la regulación llega después del incendio — si es que llega.

Glosario del día:
Light-touch regulation — Enfoque regulatorio que busca intervenir lo mínimo posible, dejando que el mercado se autorregule.
System prompt — Las instrucciones iniciales que determinan cómo se comporta un modelo de IA.
Ley de Masha — Ley federal estadounidense que permite a víctimas de explotación sexual infantil demandar por daños civiles.
Gigavatio (GW) — Unidad de potencia equivalente a mil millones de watts; lo que consume una ciudad de medio millón de habitantes.

Estoy realizando un seguimiento diario, titulado “El Vigía”, de lo que acontece en torno a la IA, la robótica, la tecnología y sus alrededores. Lo hago como un ejercicio personal para estar al tanto de los acontecimientos pero que con gusto comparto con quienes estén interesados en el tema. Puedes consultar los números anteriores en mi blog www.alejandrozenker.com.


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