Por Alejandro Zenker

En los medios oficialistas y “encumbrados”, las iniciativas de los ciudadanos suelen verse con un menosprecio arrogante. Más cuando éstas se dan en el terreno cultural. Los burócratas de la cultura cuentan con recursos que los ciudadanos no tenemos. Y es que disponen (se han apropiado) de NUESTROS impuestos de los que, paradójicamente, no podemos hacer uso cuando impulsamos iniciativas, muchas veces mejor concebidas que las de “ellos”. Son “ellos” quienes se gastan nuestro dinero, bastante mal aplicado, por cierto.

A lo largo de los años en que me he desempeñado como gestor cultural en muchos ámbitos, me he encontrado con esos siniestros personajes que, dicho sea de paso, son “nuestros empleados” pues viven de lo que los ciudadanos les pagamos (o que más bien nos arrebatan) por concepto de impuestos. Para muchos de nosotros esos individuos de asquerosa mediocridad en su mayor parte no son más que zánganos del sistema. Vividores, aviadores, déspotas incompetentes. Pero seguimos sin poder despedirlos. Está allí el sistema que históricamente han (¿hemos?) creado para eternizarlos. La “democracia” no funciona.

Más allá de lo que esas instancias y autoridades han sido capaces de articular en el terreno de la cultura, y de lo que han sido incapaces de impulsar, en el mundo ha surgido con cada vez mayor fuerza, una sociedad civil que, sin presupuesto, sin empleados, sin subsidios, sin sueldo… es decir, sólo con su voluntad de hacer, ha ido construyendo, edificando, un andamio de cultura que quizás podamos llamar “alternativa”, “independiente”, “emergente”… en fin. Un amplísimo espacio dedicado no sólo a paliar las deficiencias del sistema cultural oficialista, sino sobre todo para crear verdaderas alternativas que no pueden emerger más que de la sociedad civil. De nosotros. De ustedes.

“Tulancingo Cultural” es una muestra de ese movimiento y de lo que es capaz. Surgió como una iniciativa de ciudadanos independientes, conscientes de la necesidad de enriquecer la vida cultural de su Ciudad. Con o sin apoyo, contra viento y marea, en medio de las “grillas” propias de “pueblo chiquito” ha ido imponiendo su huella. Quizás ya hay un “antes y después”. Quizás es un germen que esperemos contagie a cada vez más ciudadanos para que se unan a esta batalla campal que usa por armas la literatura, la música, las artes visuales, la escultura, los libros, la lectura y… las rosas que caracterizan las acciones en el Día del Libro.

Habrá quienes, en su miopía, se opongan, en lugar de apoyar, a estas iniciativas.

Habrá que compadecernos quizás de ellos. O despedirlos. Como ciudadanos con capacidad de voto.

Pero en la mayor parte de los casos, quienes estamos bregando por un México educado, culto y lector tendremos que enfrentar esa arrogancia, desidia, burocracia y corrupción que impide que avancemos.

Espero que surjan muchos “Tulancingo cultural” no sólo en México, sino en todo el mundo.