Lo que mis amigos no quieren oír (y necesitan saber) sobre la inteligencia artificial
Alejandro Zenker
Ayer le hablé por teléfono a mi computadora. Bueno, no exactamente a mi computadora. Le hablé a Molti, un agente de inteligencia artificial que vive en una Mac Mini que tengo corriendo en paralelo en mi estudio. Molti no solo conversa conmigo a viva voz —con una fluidez que hace un año habría sido impensable—, sino que trabaja las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en las tareas que le encargo.
Mientras tanto, me puse a crear una aplicación desde cero usando las nuevas herramientas de desarrollo asistido por IA: Codex de OpenAI, Claude Code de Anthropic, Antigravity de Google. He tocado algo de código en mi vida —HTML, CSS, JSON básico—, pero jamás he sido programador. Y sin embargo, ahí estaba yo, construyendo software funcional describiendo en español lo que quería que hiciera.
En paralelo, trabajé en un ensayo académico y lancé tres investigaciones profundas simultáneas.
No cuento esto para presumir. Lo cuento porque la mayoría de las personas que conozco —amigos, colegas, familiares— no tiene idea de que esto es posible. Ni de lo que significa que lo sea.
Porque el futuro no va a tocar a tu puerta pidiendo permiso para entrar. Ya entró, se sentó en el sofá y se está tomando tu cerveza. Más te vale aprender a platicar con él.
El parte de guerra de hoy
Antes de seguir, déjame darte una idea de lo que ocurrió hoy. No la semana pasada. No el mes pasado. Hoy.
El Dr. Alex Wissner-Gross, un físico de Harvard que publica cada día un resumen titulado Welcome to [fecha], reportó esto el 11 de febrero de 2026:
Alphabet recaudó 32,000 millones de dólares en deuda en 24 horas —la mayor venta de bonos corporativos de la historia en algunos mercados— para financiar infraestructura de IA.
Anthropic está probando un proyecto donde su IA administra autónomamente las máquinas expendedoras de su oficina como ensayo para que gestione negocios completos.
Un sistema multiagente en China coordinó 19 agentes de IA para optimizar un proceso de síntesis química en tres horas y media que normalmente toma meses.
Jimmy Ba, cofundador de xAI —la empresa de IA de Elon Musk—, renunció advirtiendo que “los bucles de auto-mejora recursiva probablemente entren en operación en los próximos 12 meses” y que 2026 será “el año más trascendental para la especie”.
Y una regresión hiperbólica de artículos científicos predice que una singularidad tecnológica llegará el martes 18 de julio de 2034.
La singularidad ya tiene fecha en el calendario.
Esto es un martes cualquiera en 2026. Si estás leyendo esto y piensas que exagero, te entiendo. Yo también lo habría pensado hace un par de años. Pero ya no tengo ese lujo, porque vivo metido en esto todos los días, y lo que veo me obliga a compartirlo con las personas que me importan.
Esto ya les está pasando a las personas que conoces
Matt Shumer, un emprendedor que lleva seis años construyendo empresas de inteligencia artificial, publicó hace poco un texto que circula con fuerza en los medios especializados. Su tesis es demoledora en su simplicidad: lo que los trabajadores de tecnología vivieron durante el último año —ver cómo la IA pasó de ser herramienta útil a hacer su trabajo mejor que ellos— es la experiencia que todos los demás están a punto de tener.
Shumer describe cómo le dice a la IA lo que quiere construir, se va cuatro horas y regresa para encontrarlo terminado. No un borrador. El producto final.
Pero Shumer habla desde Silicon Valley. Yo hablo desde San Pedro de los Pinos. Y lo que voy a contar no es sobre el futuro de la tecnología. Es sobre el presente de mis amigos.
Conozco fotógrafos extraordinarios —décadas de carrera, portadas en revistas que ustedes reconocerían al instante— que el año pasado vieron caer sus ingresos dramáticamente. No porque hayan perdido talento. Sino porque sus clientes descubrieron que podían generar imágenes con inteligencia artificial que, para sus propósitos comerciales, eran suficientemente buenas.
Conozco traductores que durante décadas vivieron cómodamente de traducir textos del inglés al español para editoriales y empresas. Su tarifa por palabra ha caído estrepitosamente en el último año.
Conozco correctores de estilo que ya no reciben llamadas. Ilustradores que compiten contra generadores de imágenes que producen en segundos lo que a ellos les toma días. Periodistas cuyos editores les piden que “se apoyen en la IA” para producir más notas en menos tiempo.
Y en el mundo académico, que es mi otro ámbito natural, la situación no es menos perturbadora. Profesores que descubren que sus alumnos ya no escriben sus ensayos. Investigadores que ven cómo la IA produce revisiones de literatura en minutos que a ellos les tomaban semanas.
Estas personas son mis amigos. Son mis colegas. Son gente inteligente, preparada, con décadas de experiencia. Y están desconcertados. Algunos asustados. Otros furiosos. La mayoría simplemente no sabe qué hacer.
La velocidad que no puedes imaginar
Parte del problema es que el cerebro humano no está diseñado para procesar el cambio exponencial. Entendemos lo lineal: si algo mejora un 10% al año, podemos proyectar dónde estará en cinco. Pero la inteligencia artificial no mejora linealmente. Se duplica. Y la velocidad a la que se duplica se está acelerando.
Shumer lo pone en perspectiva. En 2022, la IA no podía hacer aritmética básica. Para 2023, podía aprobar el examen para ejercer la abogacía en Estados Unidos. Para 2024, escribía software funcional y explicaba ciencia de nivel posgrado. Para finales de 2025, algunos de los mejores ingenieros del mundo habían delegado la mayor parte de su trabajo de programación a la IA. En febrero de 2026, los nuevos modelos hicieron que todo lo anterior pareciera prehistórico.
La aceleración no es solo anecdótica: se puede medir. Hay una organización llamada METR que rastrea algo muy concreto: ¿cuánto tiempo puede trabajar una IA de manera autónoma, sin intervención humana, produciendo resultados de calidad profesional?
Y ese umbral se duplica aproximadamente cada siete meses, con datos recientes que sugieren una aceleración a cada cuatro.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, ha dicho que los modelos de IA “sustancialmente más inteligentes que casi todos los humanos en casi todas las tareas” van camino de existir en 2026 o 2027.
La IA ya está construyendo a la siguiente IA
Cuando OpenAI lanzó GPT-5.3 Codex el 5 de febrero de 2026, incluyó en su documentación técnica una frase que debería haber sido noticia de primera plana: “GPT-5.3-Codex es nuestro primer modelo que fue instrumental en su propia creación.”
La IA ayudó a construirse a sí misma.
Cada generación ayuda a construir la siguiente, que es más inteligente, que construye a la siguiente más rápido, que es aún más inteligente. Los investigadores llaman a esto una explosión de inteligencia. Y las personas que lo sabrían —las que la están construyendo— creen que el proceso ya comenzó.
“Pero yo ya probé ChatGPT y no me impresionó”
Escucho esto constantemente. Lo entiendo, porque solía ser verdad. Esas versiones eran genuinamente limitadas. Alucinaban. Afirmaban con toda confianza cosas que eran un disparate.
Eso fue hace dos años. En tiempo de IA, eso es historia antigua.
Los modelos disponibles hoy son irreconocibles comparados con lo que existía incluso hace seis meses. Yo invierto mensualmente en suscripciones de IA lo que tendría que pagarle a un equipo de colaboradores para hacer lo que hago solo.
El mundo editorial ante el tsunami
Llevo más de cuatro décadas en el mundo editorial. He dirigido empresas editoriales. He publicado revistas académicas. He editado cientos de libros.
Y les digo, con toda la autoridad que esos años me dan y con todo el dolor que me causa: el mundo editorial tal como lo conocemos está a punto de transformarse de manera irreversible.
No estoy describiendo un futuro hipotético. Estoy describiendo mi martes.
Más valor, menos humanos
Nvidia vale hoy 20 veces más que IBM en 1985, pero emplea una décima parte de la gente. Veinte veces más valor económico. Una décima parte de los empleados.
La IA no solo automatiza tareas: está redefiniendo la relación entre productividad y empleo que ha sostenido las economías modernas durante un siglo.
Mi ayer (y lo que tú podrías hacer con el tuyo)
Se supone que estoy jubilado. Mi hija dirige la empresa. Podría dedicarme a mis gatos y mis perros —que entre todos suman seis y reclaman atención constante— y a ver el mundo pasar.
Pero resulta que el mundo está pasando demasiado rápido y demasiado cerca como para verlo desde el sillón.
Aquí está lo importante: las herramientas de hoy son radicalmente más accesibles que cualquier cosa que haya existido antes. El requisito ya no es saber de tecnología; es tener curiosidad y la disposición a sentirte principiante otra vez.
Y en América Latina, ¿qué?
La brecha digital que ya existía entre el mundo desarrollado y América Latina amenaza con convertirse en un abismo.
Pero hay una paradoja esperanzadora. La misma IA que amenaza con ampliar la brecha tiene el potencial de cerrarla como ninguna tecnología anterior. La democratización del conocimiento ya está ocurriendo. La pregunta es si sabremos aprovecharla.
Tus sueños acaban de acercarse
Si alguna vez quisiste construir algo pero no tenías las habilidades técnicas o el dinero para contratar a alguien, esa barrera prácticamente ha desaparecido.
Lo que sea que hayas estado posponiendo porque parecía demasiado difícil, demasiado caro o demasiado fuera de tu área: inténtalo.
Qué hacer ahora
No escribo esto para paralizarte. Escribo esto porque la mayor ventaja que puedes tener ahora mismo es simplemente ser temprano. Temprano en entender. Temprano en usar. Temprano en adaptarte.
Empieza a usar la IA en serio, no como buscador.
Pon en orden tu casa financiera.
Piensa en lo que es más difícil de reemplazar.
Replantea lo que les dices a tus hijos.
Dedica una hora diaria a experimentar con IA.
El panorama mayor
Las personas que construyen esta tecnología están simultáneamente más entusiasmadas y más asustadas que cualquier otra persona en el planeta. Creen que es demasiado poderosa para detenerla y demasiado importante para abandonarla.
Lo que sé
Sé que esto no es una moda. Sé que los próximos dos a cinco años van a ser desorientadores. Sé que las personas que saldrán mejor de esto son las que empiecen a involucrarse ahora.
El futuro sigue sentado en el sofá. Ya se acabó tu cerveza y está abriendo otra. Puedes seguir fingiendo que no está ahí, o puedes sentarte junto a él y preguntarle qué piensa hacer con el resto de la noche.
Yo ya me senté. Y la conversación, te lo digo por experiencia, es fascinante.
Este ensayo dialoga con “I Need You to Understand What is Happening with AI” de Matt Shumer y con los reportes diarios de Alex Wissner-Gross (@alexwg).
Alejandro Zenker es editor, fotógrafo y fundador de Solar Servicios Editoriales, Ediciones del Ermitaño, Librántida y Verbo Ilustrado.