Mutatis mutandis

Blog de Alejandro Zenker · Editor, ensayista, fotógrafo

Del meme al cine: la IA está reescribiendo la pantalla

En materia de Inteligencia Artificial (IA), lo que avanza con vértigo es la generación de imágenes y video. Pero no hablo de los clips virales que saturan nuestras pantallas —gatos clavándose en albercas o abuelitas derrotando boxeadores—. Eso es lo más simple, disparates fabricados al estilo de un filtro de TikTok.

El otro camino es distinto, uno donde han surgido herramientas pensadas para la experimentación y la producción con un nivel de sofisticación que redefine la creación audiovisual. Estas herramientas, como Veo de Google, no traen manual de usuario; sus propios creadores se sorprenden de lo que la comunidad logra experimentando.

Aquí es donde la superficialidad da paso a la profundidad a través de un recurso poderoso: estructurar los prompts en JSON. Dicho en cristiano, se trata de diseñar la escena como si fuera un guion técnico: descripción visual, estilo, movimiento de cámara, personajes, entorno, iluminación y audio. Todo en inglés, el combustible de estas máquinas.

Este enfoque estructurado es lo que separa a los aficionados de los profesionales en este nuevo campo. Exige una mentalidad de director, no de simple usuario.

Esta mentalidad de dirección, sin embargo, adopta nuevas dimensiones. Primero, convierte al creador en un “curador de lo inesperado”. La IA, en su proceso, a menudo produce “accidentes felices” o interpretaciones visuales que superan la instrucción original. El director-artesano no solo da órdenes, sino que sabe reconocer y cultivar la genialidad en el error de la máquina, transformando el proceso en un diálogo creativo.

Un video de tres minutos puede implicar treinta clips de ocho segundos, cada uno afinado en sus detalles, con múltiples repeticiones hasta que aparece el resultado buscado. No es magia instantánea: es trabajo artesanal con herramientas que parecen alquimia.

Este trabajo está dando lugar a roles que apenas imaginábamos: “diseñadores de prompts narrativos” que traducen guiones al lenguaje de la IA, “estilistas de modelos” que afinan la estética visual y “supervisores de continuidad sintética” que aseguran la consistencia de un personaje a lo largo de incontables tomas.

Y es aquí donde llegamos a una de las fronteras más fascinantes y complejas: la “actuación sintética”. Estamos entrando en una era donde se puede dirigir la microexpresión de un personaje virtual o combinar atributos de varios actores. Esto plantea una pregunta radical: ¿qué es la actuación cuando el “actor” es un conjunto de datos dirigido a nivel de píxel? La dirección se expande del plató al código mismo de la emoción, abriendo un debate ético ineludible sobre el consentimiento y la identidad.

La conclusión es clara: prácticamente nada que imagines queda fuera de su alcance. Seguirán apareciendo memes, sí, pero lo que se viene para la industria audiovisual —si sabe domar a la IA— es una época de esplendor como pocas veces se ha visto, una que reescribirá las reglas de la pantalla y la narrativa misma.


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