Mutatis mutandis

Blog de Alejandro Zenker · Editor, ensayista, fotógrafo

Crónica con escarabajo y futuro incierto ante el avance de la IA

Estoy sentado en la terraza del cuarto en Cuernavaca, disfrutando de la tibieza del aire y la compañía inesperada de un escarabajo rinoceronte que decidió unirse a mí mientras trabajo en la computadora. El bicho no se mueve. Yo tampoco. Nos une la contemplación. Tal vez la resignación.

Vinimos a recargar pilas, sí, pero también a despejar nubes mentales y repensar el vértigo que nos rodea. Allá en San Pedro de los Pinos, dejamos a Josué, el hermano de Noemí, como custodio de los michis y canes, que no se andan con sutilezas cuando falta el croquetaje.

Mientras tanto, mi Mac Studio se quedó allá arriba, sudando bits, subiendo terabytes enteros al Drive como si fueran hojas secas al viento. Aprovecho que contraté la IA Ultra de Google, que ofrece 30 terabytes de almacenamiento. Suficiente para subir mi Synology completo, mi ego, mis dudas existenciales y algunas fotos indecentes.

Pero no vengo sólo a subir archivos. Vengo a bajar ideas.

Por ejemplo: Darío Amodei, CEO de Anthropic (creadores de Claude, una de las IA más potentes del momento), soltó hace poco una predicción digna de Apocalipsis con Excel: en los próximos dos años, buena parte de los empleados de cuello blanco se quedarán sin chamba. El desempleo podría aumentar entre 10 y 20% en un abrir y cerrar de algoritmo.

Ojo: esto no lo dice un conspiranoico ni un tuitero con tiempo libre. Lo dice uno de los que está encendiendo el motor del futuro.

Porque sí: la IA traerá una generación de riqueza como nunca antes. Pero… ¿quién la va a disfrutar? ¿Tú? ¿Yo? ¿Mi escarabajo? Lo más probable es que no. El dinerito irá a parar, como siempre, a manos de los dueños del código, los amos del silicio, los barones del vector. Pensar en una distribución justa de esa riqueza es un sueño guajiro con sombrero de unicornio.

¿Qué harán los gobiernos? ¿Implementar medidas de ingreso básico universal, reentrenamiento masivo y rediseño social? Ja. Tal vez en Noruega. Pero en México… los veo más ocupados en tapar baches y lanzar apps que no funcionan.

Mientras tanto, en el Zócalo, el magisterio sigue exigiendo mejoras salariales. Los entiendo. Fui maestro. Me duelen sus demandas. Pero también me preocupa su ceguera ante lo que se avecina. ¿Quién prepara a los docentes para enseñar en un mundo donde los alumnos aprenden más rápido preguntándole a una IA?

Nimue, mi hija de 14, que al principio se burlaba de mis experimentos con ChatGPT, ya me dice que ya todos sus compañeros usan IA como si fuera el nuevo lápiz. El futuro no se avecina: ya llegó y ya lo usan los niños.

Y mientras comíamos hoy en Las Mañanitas (sí, ese restaurante lleno de pavos reales y nostalgia setentera), pensaba que tal vez el turismo sea una de las últimas trincheras del trabajo humano. La sonrisa del mesero, el sonido del hielo en el vaso, la anécdota bien contada. Eso aún no lo reemplaza un robot. Aunque… nunca digas nunca. Quizá mañana me atienda un androide con voz de barítono diciendo: “¿Desea su margarita con sal o con conciencia de clase?”.

Por ahora, me quedo con mi escarabajo y el zumbido suave de la IA trabajando a la distancia. Es extraño vivir en una era donde la máquina trabaja mientras tú piensas. O mientras intentas hacerlo.


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