Mutatis mutandis

Blog de Alejandro Zenker · Editor, ensayista, fotógrafo

Presente y futuro del trabajo en esta época de IA

Las noticias fluyen y son demoledoras: cada vez más gente se está quedando sin trabajo. Así que es un buen momento para hablar del presente y del futuro del trabajo en esta época de IA.

Uno de los temas más debatidos hoy es precisamente ese: ¿la IA nos sustituirá tarde o temprano? La respuesta más probable es: Sí. Pero analicemos un poco el asunto sin ponernos muy técnicos ni académicos.

La IA ya ha venido desplazando miles de trabajos a nivel mundial. En la escala de trabajos en más peligro se encuentra la traducción en primer lugar, y muchos de mis colegas traductores ya lo están resintiendo. Pero, hablando de los cercanos, también los diseñadores están sufriendo. Las empresas cada vez requieren menos diseñadores. Y los diseñadores que han incorporado la IA a sus procesos de trabajo son infinitamente más productivos que antes.

Ahora, la pregunta que muchos se hacen es: ¿la IA arroja mejores resultados que los humanos? La respuesta es: depende. Un buen diseñador armado de herramientas de IA puede generar trabajos espectaculares en mucho menos tiempo, es decir, puede ser no solo mejor, sino infinitamente más productivo. La IA ya está incorporada a nuestras principales herramientas en diseño: Photoshop, Illustrator, InDesign, en todo está la IA presente.

¿Por qué? Porque las nuevas herramientas de IA son muy poderosas y pueden rebasar las capacidades de esos viejos recursos con los que hemos trabajado.

Lo mismo pasa con la traducción: un traductor que incorpore la IA a su flujo de trabajo puede ser infinitamente mejor y más productivo que quien no lo hace, aunque sus días estén contados.

Eso mismo lo estamos viendo en múltiples otras áreas. Seguramente todos han escuchado a estas alturas que las grandes empresas están despidiendo a decenas de miles de trabajadores. No sólo por la IA: la automatización y la robótica ya juegan un papel muy importante.

Y hablando de robótica: está avanzando a una velocidad inusitada. Los actuales robots ya están alcanzando un nivel de eficiencia sorprendente. ¿Por qué no vemos ya robots en todas las calles y en las casas? Es cuestión de escala: no hay aún la capacidad de fabricar tantos como se necesitan.

Elon Musk habla de que en pocos años el mundo estará poblado por miles de millones de robots. Uno avanzado cuesta en este momento $20,000 dólares en preventa. O lo puedes rentar por $500 dólares mensuales, menos de $10,000 pesos. Es decir, es cuestión de tiempo, de muy poco tiempo, para que los robots sustituyan al ser humano en prácticamente todas las áreas productivas. Y pronto serán robots los que fabricarán más robots.

¿Qué significa esto para los seres humanos? Esa es la gran incógnita. Yo creo, junto con muchos analistas, que los días de la humanidad como ente productivo están contados.

Las inversiones en IA están fluyendo en masa. Enormes centros de datos están siendo construidos, y los fabricantes de chips (NVIDIA, Google, etc.) no se dan abasto para satisfacer el mercado. Se necesitan más centros de cómputo cada vez más grandes. No es que no haya dinero para construirlos: no hay suficientes insumos.

Grandes operadores de IA, como OpenAI (los de ChatGPT) han declarado que tienen muchos productos listos para ser lanzados pero que no lo hacen porque no tienen fuerza de cómputo.

Y allí entra otro elemento en la balanza: tampoco hay suficiente energía para alimentar esos gigantescos centros de cómputo. Google y OpenAI solos necesitan más energía que ciudades enteras para funcionar. Elon Musk habla de que lo único que podrá dotar a la IA de suficiente poder es la energía solar porque es inagotable. Eso significa construir enormes centros de captación de energía en el espacio. Por eso de pronto la industria aeroespacial ha cobrado tanta importancia, así como la colonización de la Luna y de Marte.

¿Ciencia ficción? No: realidad inminente. Todo esto lo estamos viviendo en tiempo real.

Por supuesto, puede haber muchos beneficios para la humanidad: descubrimiento de vacunas contra enfermedades, de nuevos medicamentos, de procedimientos médicos hasta ahora imposibles. Incluso se habla no sólo de recursos biológicos para detener el envejecimiento, sino incluso para revertirlo. Los humanos podrán vivir más con menos enfermedades.

La pregunta es: ¿para qué? Si ya no seremos necesarios para producir, si la IA y los robots armados con ella nos van a sustituir y serán infinitamente más inteligentes y productivos que nosotros… ¿cuál es nuestro futuro como humanidad? ¿Tiene sentido que nuestros hijos sigan estudiando? ¿Y estudiar qué?

Los optimistas predicen que habrá tanta abundancia, que toda la humanidad podrá gozar de un ingreso básico universal y no tendrá que preocuparse por trabajar. Podrás ver Netflix y navegar por TikTok las 24 horas del día del resto de tu vida. O dedicarte a las artes. O rascarte la panza en una playa.

Pero podrían pasar otras cosas: los ricos nunca se han caracterizado por su benevolencia. Y la riqueza se va a concentrar en aún menos manos. Y las desigualdades entre los países aumentarán. Y la posibilidad de guerras más intensas que las vistas hasta ahora podría florecer.

En fin. Vivimos una época fascinante llena de interrogantes. Ni siquiera los que están impulsando estos cambios saben qué sucederá en los próximos tres, cinco, diez años. Ya el cambio climático no es la preocupación fundamental. Las cosas han cambiado.

¿Qué podemos hacer los mortales normales? Estar informados, entender que la IA llegó para quedarse y que cada día es más poderosa y que más vale incorporarla a nuestro día a día porque quien no lo haga sin duda se quedará sin chamba en el corto plazo.

Las transformaciones más grandes e impactantes en la historia de la humanidad están sucediendo ahora, y nos está tocando vivirlo y quizás disfrutarlo o sufrirlo.


Nota: Este texto es un borrador para un artículo más extenso que escribí el sábado con objeto de realizar un experimento. Por eso no tiene las referencias que acostumbro poner y el estilo no está cuidado. La idea era someter este texto al escrutinio de cuatro IAs diferentes (ChatGPT, Claude, Grok y Perplexity) y generar entre ellas una discusión. Al final, una quinta IA, Gemini, analizó la discusión entre las IA y dio su veredicto. El resultado de ese ejercicio fue interesantísimo y mañana lo compartiré.


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