Mutatis mutandis

Blog de Alejandro Zenker · Editor, ensayista, fotógrafo

Traducción y amnesia histórica

Unos apuntes interesantes para mis amigos de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli):

Hace ocho años presentaron el Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia, que sería entregado anualmente en el marco de la FIL de Guadalajara y que estaría dotado de la nada desdeñable cantidad de $100,000 dólares. Si bien me alegró que se estableciera un reconocimiento de ese nivel a la labor del traductor literario, me sorprendió que prevaleciera la amnesia histórica sobre los antecedentes de ese premio.

En México solemos inventar la rueda y descubrir el fuego con singular alegría sexenio tras sexenio. Para refrescar la memoria (sobre todo la mía) contaré una pequeña parte de la historia no escrita en torno a la traducción.

En 1981, los egresados del Programa para la Formación de Traductores (PFT) de El Colegio de México fundamos la Asociación de Traductores Profesionales (ATP), que yo presidí durante muchos años. En ese entonces, Arturo Azuela presidía la Asociación de Escritores de México. Un día Arturo me llamó y me propuso que colaborara con él en la organización del Encuentro Internacional de Escritores que tenía a su cargo. Ideamos un segmento dedicado a la traducción.

Al poco tiempo, Arturo fue nombrado director de literatura del INBA y, semanas después, subdirector de Bellas Artes, que presidía por cierto Sergio Pitol si mal no recuerdo. Una mañana, Arturo me llamó y me dijo que, más allá de lo que estábamos haciendo con motivo del encuentro de escritores, me ofrecía apoyarme en los otros proyectos en torno a la traducción de los que le había contado.

De tal suerte, un día fui a sus oficinas, acompañado de mis buenos amigos y maestros Carlos Montemayor y Flora Botton, a plantearle tres proyectos: la realización de un Coloquio Internacional en torno a los problemas de la traducción literaria, la elaboración de un número de la revista del INBA (que diseñaba Vicente Rojo) dedicado a la traducción y, finalmente, el lanzamiento de un premio a la traducción literaria.

A todo nos dijo que sí en ese mismo momento y propuso que el premio llevara el nombre de Alfonso X y se entregara en la Capilla Alfonsina.

El primer premio lo recibió en 1982 Tomás Segovia (que había sido el fundador del Programa para la Formación de Traductores en El Colegio de México y, por tanto, mi maestro) por la traducción que hizo de “Atalía” del poeta francés Jean Racine. El jurado estuvo formado por Héctor Azar, Margo Glanz y Sergio Pitol.

Posteriormente Margo fue titular de la dirección de literatura del INBA y con ella realizamos muchas actividades en torno a la traducción y edición.

Nunca supe por qué desapareció el premio Alfonso X a la traducción literaria. El caso es que creo importante recobrar estos antecedentes puesto que la lucha por el reconocimiento de la labor del traductor literario inició en México tiempo atrás, particularmente en los años 80, y aún no termina. Hoy la encabeza con mucha dignidad y espíritu de lucha la Ametli…


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