{"id":94,"date":"2006-08-24T13:30:44","date_gmt":"2006-08-24T19:30:44","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/fotografo\/?p=26"},"modified":"2010-02-07T03:07:44","modified_gmt":"2010-02-07T09:07:44","slug":"la-escritura-y-el-deseo-o-el-tango-que-baile-sentado-testimonio-de-guillermo-farber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2006\/08\/24\/la-escritura-y-el-deseo-o-el-tango-que-baile-sentado-testimonio-de-guillermo-farber\/","title":{"rendered":"La escritura y el deseo o El Tango que bail\u00e9 sentado: Testimonio de Guillermo F\u00e1rber"},"content":{"rendered":"<div style=\"clear: both;\">\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">\u00a0<br \/>\n<small><a style=\"color: #888899; text-decoration: underline;\" href=\"http:\/\/avemexico.ning.com\/video\/video\">Encuentra m\u00e1s videos como este en\u00a0<em>Artistas Visuales del Erotismo AVE<\/em><\/a><\/small><\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\"><em>Por Guillermo F\u00e1rber<\/em><br \/>\nNoviembre 2006<\/p>\n<p>Como me imagino que esta historia no ser\u00eda cre\u00edble sobre la pura base de mi palabra, recurrir\u00e9 al \u00fanico testigo insobornable que conozco: el cuerpo, la fisiolog\u00eda. En este caso, mi cuerpo, mi fisiolog\u00eda. Y el testimonio de ese testigo insobornable no deja lugar a dudas: en ning\u00fan instante de esa hora m\u00e1gica experiment\u00e9 la menor erecci\u00f3n.<br \/>\nSegundo testimonio, y esto tendr\u00e1s que cre\u00e9rmelo nom\u00e1s porque lo digo yo (a menos que desees interrogar a Rosamar\u00eda al respecto, lo que ser\u00eda levemente indiscreto y de indudable mal gusto): s\u00ed suelo experimentar erecciones. No tan frecuentes como antes, no tan vigorosas como antes, no tan prolongadas como antes, pero erecciones perfectamente aceptables para mi edad, dignas, casi presentables. O sea, nada como para presumir, pero tampoco nada como para avergonzarse. Clase media, digamos. Tambi\u00e9n, espero, podr\u00e1s ver por qu\u00e9 esa extra\u00f1a no-reacci\u00f3n no fue \u201cculpa\u201d de nadie, sencillamente porque esa palabra no tiene lugar en el contexto.<br \/>\nPasemos ahora a ver por qu\u00e9 es ins\u00f3lito que \u201ceso\u201d haya ocurrido (o m\u00e1s bien, no haya ocurrido) cuando ocurri\u00f3 lo otro.<br \/>\nLo otro fue una sesi\u00f3n de fotograf\u00eda de una hora efectiva con una modelo desnuda. S\u00f3lo la modelo y yo. Y, bueno, claro, el fot\u00f3grafo, Alejandro Zenker.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Y, s\u00ed, su compa\u00f1era y ayudante, mi sobrina, Laurita, tambi\u00e9n con una c\u00e1mara menos profesional, haciendo sus pinitos en ese oficio de voyeur tecnificado. Es decir, marcador empatado en el set: dos hombres y dos mujeres, dos frente a la lente y dos tras la lente, dos dando instrucciones y dos obedeci\u00e9ndolas, dos iluminando y dos iluminados. S\u00f3lo hab\u00eda una diferencia ostensible y era la edad: el factor masculino sumaba casi el doble de a\u00f1os que el femenino. Eso le prestaba al ambiente, para m\u00ed, un cierto tufillo f\u00e1unico ligeramente inc\u00f3modo, que super\u00e9 casi en seguida.<br \/>\nPero vayamos en orden. La cita era en el estudio de Zenker, viernes en el ocaso. Llegu\u00e9 temprano, como suelo hacerlo \u00faltimamente por temor al caos citadino; todo de negro, como me hab\u00eda pedido Alejandro. La modelo ya estaba esperando en la peque\u00f1a recepci\u00f3n. Nos presentamos. Se llamaba Laetitia, era francesa de Lyon, de figura y rostro agradables, ten\u00eda 24 a\u00f1os, llevaba un atuendo refinadamente europeo, hablaba un espa\u00f1ol con inconfundible acento, hab\u00eda venido a M\u00e9xico a dar clases de franc\u00e9s tras terminar la universidad, y apenas se estaba iniciando en el modelaje, al que hab\u00eda llegado por accidente (para m\u00ed era igual que fuera novata o fogueada: era la primer modelo con la que yo conversaba en mi vida). Hablamos de algunos temas relativamente personales pero de ninguna manera \u00edntimos. Me dio una buena impresi\u00f3n general, y tan s\u00f3lo pens\u00e9, buscando algo en qu\u00e9 pensar, que deb\u00eda ser algo osada para el est\u00e1ndar peque\u00f1oburgu\u00e9s de su regi\u00f3n. Me pregunt\u00e9 fugazmente qu\u00e9 podr\u00eda ella estar pensando. De inmediato me cay\u00f3 bien y me pareci\u00f3 que yo le ca\u00ed bien. Sin embargo, no puede evitar sentir el abismo generacional entre nosotros: Laetitia era bastante menor que mis hijas y, de hecho, t\u00e9cnicamente (aunque forzando un poco las cosas) podr\u00eda haber sido mi nieta: tengo 58. Trat\u00e9 de ignorar esa percepci\u00f3n abismal, que de alg\u00fan modo consider\u00e9 podr\u00eda ser negativa para el efecto \u201cque nos convocaba\u201d.<br \/>\nAl poco rato sali\u00f3 Alejandro por nosotros y nos condujo al set, donde nos sentamos los tres a platicar en esa liturgia que se conoce como \u201cromper el hielo\u201d y que se estima indispensable en circunstancias de ese tipo. Unos minutos despu\u00e9s lleg\u00f3 Laurita con una charola de bocadillos que yo agradec\u00ed enormemente porque no hab\u00eda comido (al parecer yo era el \u00fanico tan b\u00e1sico pues nadie m\u00e1s se acerc\u00f3 a la charola). Seguimos charlando de todo y de nada, hasta que fue evidente que el descongelamiento no podr\u00eda llegar mucho m\u00e1s lejos. Finalmente, ya estabilizados los cuatro en una meseta emocional y psicol\u00f3gico de razonable latitud, Alejandro nos pidi\u00f3 pasar frente a las c\u00e1maras.<br \/>\nObedecimos: yo me quit\u00e9 la chamarra y Laetitia se quit\u00f3 todo.<br \/>\nEn la recepci\u00f3n y en la charla previa, Laetitia era una chica linda, menudita y circunspecta. Pero en cuanto se despoj\u00f3 de la ropa (con una gracia felina que Alejandro capt\u00f3 paso a paso en su c\u00e1mara anticipada), Laetitia se convirti\u00f3 de golpe en un una hembra deslumbrante, un mujer\u00f3n que parec\u00eda tener el doble de las dimensiones f\u00edsicas que luc\u00eda vestida, y era de golpe diez veces m\u00e1s bella, poderosa y fascinante. Como que al emerger en estado primigenio, se despojaba de moldes y limitaciones mucho m\u00e1s recias y sofocantes que hilos y texturas. Pens\u00e1ndolo bien, \u00bfno pasa as\u00ed siempre, en diversos grados, en trat\u00e1ndose de mujeres? Cu\u00e1nta raz\u00f3n tienen quienes dicen que invariablemente la ropa es un estorbo. Con m\u00e1s raz\u00f3n podr\u00edan a\u00f1adir que usualmente tambi\u00e9n es algo peor: un lastre.<br \/>\nConsidero idiota e irrespetuoso intentar descripciones verbales; para eso est\u00e1n las fotos de Alejandro, \u00bfo no? \u00bfC\u00f3mo creer que puede haber palabras m\u00e1s eficaces que las im\u00e1genes para comunicar lo que esencialmente es una imagen, lo que se dise\u00f1\u00f3 y trabaj\u00f3 para ser precisamente imagen, lo que no tiene otra justificaci\u00f3n de ser que la de ser inequ\u00edvocamente imagen? S\u00f3lo te dar\u00e9 unos cuantos datos que no puedes advertir en las im\u00e1genes: la temperatura era perfecta, el silencio era casi absoluto (salvo la m\u00fasica de fondo, que pas\u00f3 de cantos gregorianos a baladas de moda), y la concentraci\u00f3n de los cuatro actores de esa obra sin palabras lleg\u00f3 a ser por momentos tan obsesiva que a pesar de estar los cuatro profundamente imbricados en una trama fr\u00e1gil y caprichosa, parec\u00edamos a la vez gal\u00e1cticamente distantes.<br \/>\nY si la transformaci\u00f3n de Laetitia vestida a Laetitia desnuda me pareci\u00f3 sorprendente, a\u00fan no hab\u00eda visto nada. Zenker nos pas\u00f3 al set, que constaba s\u00f3lo de una s\u00f3lido sill\u00f3n de brazos de madera oscura sobre un tapete negro, en el cual me hizo sentar. Me sent\u00ed como patriarca de la aristocracia pulquera mexicana del siglo XIX. No s\u00e9 por qu\u00e9, pero exactamente as\u00ed me sent\u00ed. Yo era el primero de los escritores fotografiados por Alejandro en esta nueva era, con esta nueva modelo, y \u00e9l hab\u00eda pasado muchas horas ensayando con Laetitia el estilo que deseaba imprimir a esta nueva era. Y vaya si ella estaba dispuesta a brindarle caudales de energ\u00eda, entrega, inspiraci\u00f3n, imaginaci\u00f3n, a las peculiares exigencias del arte visual que ahora se suma a los muros de Solar.<br \/>\nEn el instante en que yo me sent\u00e9 y Laetitia se despleg\u00f3 frente a m\u00ed y comenz\u00f3 a dejar constancia de que mi sensaci\u00f3n patriarcal pod\u00eda ser mucho m\u00e1s que una simple sensaci\u00f3n de soberbias confusas y vagas posesiones ef\u00edmeras, se dio ante mis ojos, como un Big-Bang encapsulado, la segunda metamorfosis, la inconcebible, y comenz\u00f3 la hora m\u00e1gica que qued\u00f3 plasmada para siempre por la c\u00e1mara de Zenker en episodios fugaces y entrecortados.<br \/>\nSiguiendo las horas de ensayo y sobre todo su intuici\u00f3n exuberante, la chica mesurada se transform\u00f3 en pantera arrolladora. Yo simplemente trat\u00e9 de no ser arrastrado por el torrente giratorio, envolvente, intrusivo, procurando afanosamente no quedar demasiado rezagado. Porque no deb\u00eda olvidarlo ni un instante: la semilla debajo de ese para m\u00ed in\u00e9dito happening irrepetible era la entra\u00f1a de mi novela pornotr\u00e1gica \u201cTe vi pasar\u201d. No era una semilla galante, y menos a\u00fan pasional, sino de poder; de poder crudo, de poder&#8230; desnudo. As\u00ed lo platicamos antes y as\u00ed lo vivimos despu\u00e9s. Esa era la imagen que deb\u00edamos lograr; si lo conseguimos, s\u00f3lo t\u00fa puedes decirlo.<br \/>\nSe dice que una de las mejores definiciones del tango es: un romance de tres minutos. Ahora puedo ver que eso fue lo que yo hice en esa hora m\u00e1gica: bailar, sentado y con movimientos sumamente pausados dictados m\u00e1s por la conciencia que por el instinto, un tango de sesenta minutos. Un tango como son los tangos cl\u00e1sicos del desenga\u00f1o que no se atreve a decir su nombre: sard\u00f3nico, c\u00ednico, falsamente despectivo. \u00bfFue una experiencia est\u00e9tica? S\u00ed, rotundamente s\u00ed. \u00bfFue er\u00f3tica, preguntas presion\u00e1ndome mucho? Concedo para no pelear: tal vez, vagamente, pero desde luego no sexual, ni siquiera sensual sino eminentemente virtual. Por m\u00e1s que esto te parezca incongruente, una mirada superficial a las fotograf\u00edas parezca proclamar algo distinto, y quiz\u00e1 t\u00fa creas que eso es menospreciable. En todo caso, podr\u00eda admitir que fue de un erotismo insospechado por m\u00ed: un erotismo casi totalmente de neuronas y escasamente de hormonas. Lo cual, insisto, no es poca cosa.<br \/>\nEn fin, puedes no creerme, pero un testigo insobornable custodia la paz de mi esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">***************<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">\n<strong>La escritura y el deseo<\/strong>\u00a0es un proyecto que naci\u00f3 con la intenci\u00f3n de crear una enciclopedia gr\u00e1fica de escritores y poetas erot\u00f3manos en M\u00e9xico. En un principio cre\u00ed que ser\u00eda dif\u00edcil convencerlos de que posaran acompa\u00f1ados de una joven modelo desnuda. Sin embargo, el primero que acept\u00f3 fue el multipremiado Juan Garc\u00eda Ponce, uno de nuestros grandes creadores, erot\u00f3mano consumado, que pese a estar postrado en una silla de ruedas particip\u00f3 con gran entusiasmo. Esa sesi\u00f3n tuvo lugar en su casa. Las siguientes, con otros escritores y poetas, en mi estudio. Cada una ha durado largas horas en las que el invitado interviene activa o pasivamente en el montaje. La b\u00fasqueda ha consistido en retratar momentos peculiares, pinceladas de luz sobre la penumbra. De cada reuni\u00f3n resultan cientos de fotograf\u00edas, de las que selecciono unas cuantas para su exhibici\u00f3n. El proyecto evolucion\u00f3 r\u00e1pidamente. Al ser escritores los retratados, y yo editor de libros de literatura, era inevitable la fusi\u00f3n de ambos elementos. As\u00ed surgi\u00f3 la idea de crear una colecci\u00f3n er\u00f3tica en la que el texto del autor alternara con mis fotos, donde los mismos autores fueran los protagonistas que ilustran con su imagen su propia obra. Estamos apenas en los inicios, acariciando las orillas de un mar de posibilidades. En un mundo en el que la mojigater\u00eda, la censura y el puritanismo hip\u00f3crita parecieran florecer, est\u00e1n quienes ejercen su derecho a afirmar la vida, a defender el placer que s\u00f3lo en la libertad se disfruta. Son muchos, y de diferentes generaciones, los que aqu\u00ed se manifiestan abiertamente. Lo que los distingue es que son notables creadores literarios que nutren nuestra cultura. Son una esperanza para el florecimiento de la civilizaci\u00f3n y la libertad, de nuestro derecho al goce, al hedonismo, a la felicidad.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\"><em>La escritura y el deseo<\/em><\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\"><em>Un proyecto en el que la fotograf\u00eda lleva al texto, y el texto a la fotograf\u00eda. Es el cuerpo de la literatura y la literatura del cuerpo.<\/em><\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">\u201cAlejandro Zenker convoc\u00f3 a novelistas, poetas, cuentistas y creadores para fotografiarlos frente, detr\u00e1s, alrededor de una mujer desnuda, como encarnaci\u00f3n de sus deseos, como provocaci\u00f3n, como est\u00edmulo. Se trataba de algo imposible: intervenir en el dominio misterioso donde solamente nos es dado suponer, pero nunca comprobar; donde surge el impulso creativo. Fuimos invitados a un mundo escindido entre noche y d\u00eda, entre sujeto y objeto, entre sue\u00f1o y vigilia, y nuestra estancia nos produjo cierto bienestar, cierta inquietud, cierto silencio. El fot\u00f3grafo, el escritor, la modelo: artistas religiosos en un mundo en el que se han eclipsado la vieja metaf\u00edsica y las ideas est\u00e9ticas. Los varones llevan m\u00e1scaras de escritores famosos. La tarea es mirar otra vez. Este ejercicio fotogr\u00e1fico es una sucesi\u00f3n de hip\u00f3tesis y r\u00e9plicas y preguntas interrumpidas de vez en cuando por alucinaciones sin causa. Una especie de suspensi\u00f3n, de vac\u00edo, de silencio, de trance. Los escritores aqu\u00ed han sido convertidos en seres fant\u00e1sticos sin relaci\u00f3n con las personas reales con las que conviven. Con el cuerpo lleno de voluptuosa laxitud, los escritores aqu\u00ed retratados guardan los deseos, las alegr\u00edas, las penas humanas. Se ven como de nieve por fuera y de llamas por dentro. No saben amar y est\u00e1n amando siempre. Alejandro Zenker ha creado esta atm\u00f3sfera y \u00e9sta lo rodea visible e invisible. La luz es reducida e \u00edntima. El artista se levanta como despertando. Ella se cubre. Se apagan las luces. Abandonan la habitaci\u00f3n. Vuelve la oscuridad y el desamparo.\u201d<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\"><em>Gustavo Sainz<\/em><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Encuentra m\u00e1s videos como este en\u00a0Artistas Visuales del Erotismo AVE Por Guillermo F\u00e1rber Noviembre 2006 Como me imagino que esta historia no ser\u00eda cre\u00edble sobre la pura base de mi palabra, recurrir\u00e9 al \u00fanico testigo insobornable que conozco: el cuerpo, la fisiolog\u00eda. En este caso, mi cuerpo, mi fisiolog\u00eda. 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