{"id":4471,"date":"2026-07-11T22:04:35","date_gmt":"2026-07-12T03:04:35","guid":{"rendered":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2026\/07\/11\/lo-que-cabe-en-una-maleta-41-anos-de-solar\/"},"modified":"2026-07-11T22:04:35","modified_gmt":"2026-07-12T03:04:35","slug":"lo-que-cabe-en-una-maleta-41-anos-de-solar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2026\/07\/11\/lo-que-cabe-en-una-maleta-41-anos-de-solar\/","title":{"rendered":"Lo que cabe en una maleta: 41 a\u00f1os de Solar"},"content":{"rendered":"<p>Mi padre lleg\u00f3 a Veracruz en 1942 a bordo del <em>Serpa Pinto<\/em>, huyendo de una Alemania que primero le arrebat\u00f3 sus derechos, despu\u00e9s la nacionalidad y, finalmente, intent\u00f3 arrebatarle la vida. En el puerto le robaron la maleta. Todo lo que le qued\u00f3 fue lo que sab\u00eda hacer con las manos: encuadernar. Mont\u00f3 su taller en San Luis Potos\u00ed 213, en la colonia Roma, y ah\u00ed crec\u00ed yo, entre el olor de la cola y el papel, oy\u00e9ndole repetir una sentencia que todav\u00eda me ronda: s\u00f3lo vale la pena lo que puedas cargar en una maleta.<\/p>\n<p>Con esa idea a cuestas transit\u00e9 por la vida hasta que pude cumplir uno de mis mayores anhelos: seguir impulsando los libros desde un proyecto propio, aut\u00e9ntico y libre. Un proyecto que hoy cumple cuarenta y un a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cuarenta y un a\u00f1os de Solar se dicen r\u00e1pido. Lo que no se dice r\u00e1pido es que una empresa editorial mexicana atraviese cuatro d\u00e9cadas, tres crisis econ\u00f3micas de las que arrancan el aire, el terremoto de 1985 que nos dej\u00f3 encima la organizaci\u00f3n de un congreso internacional, la extinci\u00f3n del plomo, la agon\u00eda de la fotocomposici\u00f3n, la llegada de la computadora personal, de internet, del libro electr\u00f3nico y ahora de la inteligencia artificial, y siga aqu\u00ed. No haciendo lo mismo, sino persiguiendo el mismo prop\u00f3sito: poner ideas en manos de otros.<\/p>\n<p>Cuando naci\u00f3 Solar, en 1985, yo ven\u00eda del mundo de la traducci\u00f3n, de pelear porque a los traductores se les pagara y se les reconociera, y tra\u00eda metida una obsesi\u00f3n que entonces sonaba a locura: que el futuro del libro estaba en las m\u00e1quinas que apenas empezaban a asomarse. En 1984 daba un curso en el ISIT sobre composici\u00f3n tipogr\u00e1fica y alternativas de impresi\u00f3n. Hace unos meses, una alumna de aquella generaci\u00f3n me record\u00f3, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, que ah\u00ed habl\u00e1bamos del porvenir del libro electr\u00f3nico cuando el libro electr\u00f3nico todav\u00eda no exist\u00eda. Hoy ella es una de las editoras m\u00e1s importantes que ha dado este pa\u00eds.<\/p>\n<p>Yo sigo hablando de lo mismo, nada m\u00e1s que ahora armado con agentes de inteligencia artificial en cinco monitores y con el Pichicuaz caminando sobre el teclado.<\/p>\n<p>En 1994 incorporamos a Solar la impresi\u00f3n digital, en alianza con Xerox, cuando en M\u00e9xico casi nadie entend\u00eda para qu\u00e9 quer\u00edamos imprimir libros de uno en uno. La respuesta era simple y tard\u00f3 veinte a\u00f1os en volverse evidente: para que ning\u00fan libro muriera por no vender tres mil ejemplares.<\/p>\n<p>De esa terquedad naci\u00f3 Minimalia en 1995, que pas\u00f3 de cinco autores a m\u00e1s de quinientos t\u00edtulos. Naci\u00f3 el Pabell\u00f3n Tecnol\u00f3gico de la FIL de Guadalajara en 2001, donde junto con Heidelberg, Adobe y Apple le mostramos a la industria editorial lo que se ven\u00eda. Naci\u00f3 <em>Quehacer Editorial<\/em>, para pensar en voz alta el oficio. Nacieron Ediciones del Ermita\u00f1o y su librer\u00eda. Naci\u00f3 el ILLAC. Nacieron las redes de editores y de libreros independientes con las que peleamos por la bibliodiversidad desde M\u00e9xico y Par\u00eds hasta Punta Umbr\u00eda.<\/p>\n<p>Y de esa misma terquedad, ya en este siglo, naci\u00f3 Libr\u00e1ntida: la idea de que lo que debe viajar entre pa\u00edses no es el papel, sino los archivos, y que un libro puede imprimirse a unos kil\u00f3metros del lector que lo pidi\u00f3, en M\u00e9xico, en Bogot\u00e1, en Santiago, en Madrid o donde haga falta. Hoy, uno de nuestros proyectos m\u00e1s recientes, la Libranter\u00eda, pone al alcance de cualquier lector un cat\u00e1logo de decenas de miles de t\u00edtulos que s\u00f3lo existen f\u00edsicamente cuando alguien los pide. Mi padre cargaba su oficio en una maleta; nosotros aprendimos a cargar bibliotecas enteras en archivos que pesan menos que una fotograf\u00eda.<\/p>\n<p>La gente cree que las empresas cumplen a\u00f1os. No es cierto.<\/p>\n<p>Las empresas se refundan cada ma\u00f1ana o se mueren.<\/p>\n<p>Solar se ha refundado con cada tecnolog\u00eda que otros vieron como una amenaza y nosotros como una herramienta. En esa refundaci\u00f3n permanente hay hoy una segunda generaci\u00f3n al frente: Xilu\u00e9n, mi hija, que dirige la operaci\u00f3n con mucho m\u00e1s orden del que yo tuve nunca.<\/p>\n<p>Yo hago lo que siempre he hecho: asomarme a lo que sigue.<\/p>\n<p>Y ahora lo que sigue se llama inteligencia artificial. En Solar no la estamos esperando: la estamos poniendo a trabajar en la programaci\u00f3n, en los metadatos, en los cat\u00e1logos, en la automatizaci\u00f3n de procesos, en la conversaci\u00f3n con los lectores y en la construcci\u00f3n de nuevas herramientas para el mundo editorial, con el mismo esp\u00edritu con que en 1994 pusimos a trabajar aquella primera imprenta digital.<\/p>\n<p>Una amiga muy querida escribi\u00f3 hace poco que soy la bisagra entre el plomo y el algoritmo. Ojal\u00e1 tenga raz\u00f3n. Pero esa bisagra nunca ha sido una persona. Ha sido toda la gente que ha pasado por estos talleres durante cuarenta y un a\u00f1os: correctores, formadores, impresores, encuadernadores, dise\u00f1adores, traductores, editores y libreros. Personas que aprendieron un oficio y luego aprendieron otro, y luego otro m\u00e1s, porque este trabajo consiste en eso: aprender y saber migrar acumulando habilidades y conocimientos para que los libros sigan llegando a las manos que los esperan.<\/p>\n<p>Cuarenta y un a\u00f1os.<\/p>\n<p>Mi padre perdi\u00f3 la maleta al bajar del barco y, con lo que llevaba en la cabeza, levant\u00f3 un taller.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cambi\u00f3 el tama\u00f1o de la maleta.<\/p>\n<p>Nosotros seguimos haciendo exactamente lo mismo.<\/p>\n<p>Lo esencial nunca fue el fierro, ni el papel, ni las prensas, ni el software. Lo esencial siempre ha sido el conocimiento que somos capaces de conservar, transformar y compartir.<\/p>\n<p>Mi padre dec\u00eda que s\u00f3lo vale la pena lo que puedas cargar en una maleta.<\/p>\n<p>Ochenta y cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de que descendiera del <em>Serpa Pinto<\/em>, sigo creyendo que ten\u00eda raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Ma\u00f1ana volveremos a hacer lo que hemos hecho durante cuarenta y un a\u00f1os: componer, corregir, editar, imprimir, distribuir\u2026 y volver a empezar.<\/p>\n<p>Porque el futuro no se espera.<\/p>\n<p>Se edita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi padre lleg\u00f3 a Veracruz en 1942 a bordo del Serpa Pinto, huyendo de una Alemania que primero le arrebat\u00f3 sus derechos, despu\u00e9s la nacionalidad y, finalmente, intent\u00f3 arrebatarle la vida. En el puerto le robaron la maleta. Todo lo que le qued\u00f3 fue lo que sab\u00eda hacer con las manos: encuadernar. 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