{"id":35,"date":"2006-10-14T13:55:30","date_gmt":"2006-10-14T18:55:30","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/fotografo\/?p=35"},"modified":"2010-04-23T20:29:58","modified_gmt":"2010-04-24T01:29:58","slug":"shie-gilbert-un-ejercicio-de-retrato-fuera-de-serie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2006\/10\/14\/shie-gilbert-un-ejercicio-de-retrato-fuera-de-serie\/","title":{"rendered":"Shie Gilbert: Un ejercicio de retrato fuera de serie"},"content":{"rendered":"<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Cuando Joaqu\u00edn Diez-Canedo me propuso publicar las memorias de Shie Gilbert, escritas por su hijo Ar\u00f3n, a quien le narr\u00f3 sus aventuras y desventuras, me sent\u00ed sobrecogido. Shie sobrevivi\u00f3 al campo de exterminio de Auschwitz. Emprend\u00ed la tarea de publicar el libro en la colecci\u00f3n Minimalia, de Ediciones del Ermita\u00f1o. Pero no s\u00f3lo eso. Le propuse a Ar\u00f3n hacer una sesi\u00f3n fotogr\u00e1fica. Quer\u00eda aportarle al libro mi propio granito de arena, inmortalizando a este personaje hist\u00f3rico, cuyo carisma cautiva a propios y extra\u00f1os. Nos reunimos en mi estudio de fotograf\u00eda y, en una larga sesi\u00f3n, busqu\u00e9 plasmar cada gesto de Shie. Pero no s\u00f3lo eso. Tambi\u00e9n retratarlo junto con Ar\u00f3n, su hijo. M\u00e1s adelante me pidieron que escribiera una nota introductoria para el libro. As\u00ed, una tarde me sent\u00e9 frente a mi computadora, y escrib\u00ed lo siguiente.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\"><object classid=\"clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000\" width=\"100%\" height=\"250\" codebase=\"http:\/\/download.macromedia.com\/pub\/shockwave\/cabs\/flash\/swflash.cab#version=6,0,40,0\"><param name=\"name\" value=\"solomodels\" \/><param name=\"align\" value=\"middle\" \/><param name=\"src\" value=\"http:\/\/widgets.solomodels.com\/sliderg.swf?fid=19093&amp;fgid=7&amp;furl=http:\/\/www.solomodels.com\" \/><param name=\"quality\" value=\"high\" \/><\/object><\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Hay paralelismos en la vida que conducen a la reflexi\u00f3n. La historia apasionante que Ar\u00f3n Gilbert relata me llev\u00f3 instant\u00e1neamente a revisar la que ha marcado toda mi existencia.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Ar\u00f3n nos cuenta la vida de su padre. En primera persona. Porque tuvo, y tiene, la fortuna de ver frente a s\u00ed al personaje principal de su drama narrativo. Cuando conoc\u00ed a Ar\u00f3n, lo primero que le dije fue que \u00e9l hizo lo que yo habr\u00eda deseado: relatar la vida de mi padre. Pero lo que me indujo a confesarle esa tarea frustrada no fue el hecho de que \u00e9l, conversando, entrevistando, atosigando a veces a su padre, pudo escribir la historia que est\u00e1n ustedes a punto de leer. No. Lo que me fascin\u00f3 fue encontrar cierto paralelismo en nuestras historias presentes y pasadas. Paralelismo que, a la postre, nos hizo encontrarnos en el siglo XXI y reconocernos, como hijos de los que lo sufrieron, como sobrevivientes del holocausto, cada uno a su manera.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Shie Gilbert es un hombre que vivi\u00f3, sufri\u00f3 y sobrevivi\u00f3 al holocausto, es decir, a la pol\u00edtica sistem\u00e1tica de aniquilaci\u00f3n de jud\u00edos (y otros grupos \u201cantag\u00f3nicos\u201d) en la Alemania nazi. Mi padre, alem\u00e1n no jud\u00edo, es decir, gentil a los ojos de la comunidad jud\u00eda, fue un hombre que luch\u00f3 desde su adolescencia contra el sistema que hizo y hace posible que surjan nazis y neonazis que desconocen al otro, sistema que busca met\u00f3dicamente exterminarlo, tr\u00e1tese de negros, amarillos, homosexuales, discapacitados (a quienes hoy llamamos \u201cpersonas con capacidades diferentes\u201d) y, por supuesto, jud\u00edos, entre muchos otros.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">El personaje de esta historia naci\u00f3 entrado el siglo XX; mi padre, en el ocaso del siglo anterior, es decir, en 1898. Una de sus primeras acciones contestatarias fue leerle el Manifiesto Comunista a su tropa, lo que le vali\u00f3 la c\u00e1rcel. Visit\u00f3 las rejas una y otra vez, hasta sumar cinco a\u00f1os de encarcelamiento. Se cas\u00f3 con una alemana, de la que se separ\u00f3, y tuvo un hijo que muri\u00f3 en la guerra. Las persecuciones lo hicieron vivir clandestinamente. En \u00e9sas andaba, cuando se enamor\u00f3 de una joven jud\u00eda que, enferma de tuberculosis, huy\u00f3 con ayuda de otros a Inglaterra cuando arreci\u00f3 la persecuci\u00f3n nazi; mantuvieron correspondencia durante muchos a\u00f1os, incluso durante el exilio de mi padre en M\u00e9xico. \u00c9l tuvo que luchar y huir, luchar y huir, como lo hicieron millones, separado de los suyos, opuesto frontal y radicalmente a la dictadura nazi y a la idea del exterminio de los \u201cotros\u201d, entre los que se encontr\u00f3 finalmente \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Mientras, Shie Gilbert viv\u00eda en Polonia una vida normal, hasta que los nazis iniciaron la m\u00e1s cruenta y terrible de las guerras con la invasi\u00f3n a su pa\u00eds. Aparentemente, no hubo resistencia m\u00e1s que de los mismos polacos. El mundo guard\u00f3 silencio. Se estableci\u00f3 el pacto de Hitler con Stalin. El futuro inmediato del mundo, el \u00e9xito de las ambiciones hitlerianas estaba sellado.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Pero hagamos un par\u00e9ntesis. Una de las cosas contra las que siempre he respingado es el de la generalizaci\u00f3n, como hablar de \u201clos gringos\u201d, \u201clos espa\u00f1oles\u201d, \u201clos \u00e1rabes\u201d y, tambi\u00e9n, por supuesto, de \u201clos alemanes\u201d. Si bien todo pueblo, toda naci\u00f3n, tiene aspectos gen\u00e9ricos, tambi\u00e9n en cada pa\u00eds los pobladores est\u00e1n divididos. Esto se manifiesta claramente en las democracias. En Alemania, gran parte del pueblo abraz\u00f3, m\u00e1s con esa imbecilidad que impele al ignorante que con el convencimiento del conocedor de causa, las banderas nazis. Pero hubo un enorme segmento que se opuso a esa blasfemia contra la civilizaci\u00f3n, y resisti\u00f3. Fascistas los hubo por doquier. Por supuesto en Alemania, pero tambi\u00e9n en Polonia, Francia, Italia, Espa\u00f1a, en fin\u2026 Sin embargo, igualmente hubo legiones de opositores que dieron literalmente su vida y su libertad por impedir la barbarie. Este libro nos permite conocer una de las partes m\u00e1s aterradoras, pero sin su contraparte, la historia de Shie y de muchos otros, no se habr\u00eda escrito. Mi padre fue parte de la contraparte y vivi\u00f3 los absurdos de la conflagraci\u00f3n. Para darnos una idea: \u00e9l, hasta entonces miembro del Partido Comunista, envi\u00f3 una carta de protesta a Dimitrov, dirigente de la Internacional Comunista, por el pacto del dirigente ruso con el dictador alem\u00e1n. Con eso se convirti\u00f3 en perseguido no s\u00f3lo de los nazis, sino tambi\u00e9n de los comunistas, pues se hab\u00eda transformado en \u201ctraidor\u201d a la causa. As\u00ed, qued\u00f3 en el limbo, perseguido por unos, despreciado por otros. Y sin nacionalidad, pues el r\u00e9gimen hitleriano lo consider\u00f3 indigno de ella. Dej\u00f3 de existir. Como dejaron de existir los jud\u00edos ante una cobarde comunidad internacional.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Corrieron as\u00ed los paralelismos opuestos. Mientras mi padre fue un militante que se rifaba la vida en una batalla contra la barbarie, Shie viv\u00eda una vida tranquila sin imaginar lo que se avecinaba. Uno, mi padre, supo que arriesgaba la vida; el otro, Shie, no sab\u00eda que su vida corr\u00eda peligro. Finalmente, ambos, uno que siendo \u201cario\u201d luchaba contra quienes empujaban a Alemania y al mundo hacia una guerra, la m\u00e1s terrible de todas, y el otro, \u201cjud\u00edo\u201d, que viv\u00eda pac\u00edficamente como cualquier ser humano, se vieron enfrascados en la conflagraci\u00f3n, envueltos en un torbellino, en ese macabro juego de la muerte, la destrucci\u00f3n, el aniquilamiento.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Pero este libro no trata de mi padre, sino del padre de Ar\u00f3n. O quiz\u00e1s de los dos. O quiz\u00e1s de todos nosotros. Es, sin duda, una vacuna contra el olvido. Porque recuperar la memoria hist\u00f3rica es imprescindible para impedir la involuci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ntas veces no hemos dicho \u201cnunca m\u00e1s\u201d para volver a vivirlo pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde? Yo estudi\u00e9, entre otras cosas, pedagog\u00eda en Alemania y trabaj\u00e9 con ni\u00f1os en edad preescolar y luego con adolescentes. Con horror fui descubriendo que estaba naciendo una generaci\u00f3n sin memoria hist\u00f3rica. Del olvido nace la negaci\u00f3n. Cu\u00e1ntos no hay que no s\u00f3lo ignoran, sino que incluso niegan que el holocausto realmente tuvo lugar. No s\u00f3lo en Alemania, sino en todo el mundo. De all\u00ed la importancia del estudio realizado con gran erudici\u00f3n por Francisco Gil y que sirve de colof\u00f3n a este libro.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Shie vivi\u00f3 lo que nadie debi\u00f3 haber experimentado. Es un testigo vivo que lleva un tatuaje sobre su brazo izquierdo que su hijo Ar\u00f3n acariciaba en su ni\u00f1ez sin comprender la magnitud de su significado, marca de la barbarie. Pese a ello, mantiene un sentido del humor y un amor por la vida que lo convierte en un personaje encantador. Comparte, en ese sentido, caracter\u00edsticas que recuerdo de mi padre. \u00bfC\u00f3mo sobrevivi\u00f3? \u00bfC\u00f3mo sobrevivieron tanto \u00e9l, como mi padre, cada uno viviendo su propia \u00e9pica, su propia tragedia? Sin duda hubo mucho de casualidad, de suerte, de ingenio, de arrojo. Si ellos no hubiesen sobrevivido, ni Ar\u00f3n, autor de este libro, ni yo, su editor, vivir\u00edamos.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Como editor independiente y promotor de la lectura, espero que esta obra, que deber\u00eda estar en las manos de todo el mundo, vaya encontrando su universo de lectores m\u00e1s pronto que tarde. No se trata de hacer justicia, ni de recordar al padre, abuelo o bisabuelo masacrado, encarcelado, torturado o simplemente desaparecido. Se trata de evitar volver a lo mismo.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">Los historiadores dedican a\u00f1os de sus vidas a analizar los aspectos epistemol\u00f3gicos y pr\u00e1cticos del conocimiento hist\u00f3rico, a analizar la funci\u00f3n normativa de la noci\u00f3n de la verdad. En este libro, la verdad est\u00e1 no s\u00f3lo en la narrativa de Ar\u00f3n Gilbert, sino tambi\u00e9n en el n\u00famero 73 670, tatuado por los nazis en el brazo izquierdo de su padre. Ese n\u00famero, ese tatuaje que lleva en su brazo izquierdo, deber\u00eda fijarse en nosotros como una vacuna indeleble contra el olvido.<\/p>\n<p style=\"margin-top: 10px; margin-bottom: 10px;\">*azh, 14 de marzo 2007<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Joaqu\u00edn Diez-Canedo me propuso publicar las memorias de Shie Gilbert, escritas por su hijo Ar\u00f3n, a quien le narr\u00f3 sus aventuras y desventuras, me sent\u00ed sobrecogido. 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