{"id":3166,"date":"2025-06-09T12:00:00","date_gmt":"2025-06-09T18:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2026\/03\/09\/mi-dron-y-yo-entre-la-ia-la-diversion-y-la-muerte\/"},"modified":"2026-03-10T16:38:17","modified_gmt":"2026-03-10T22:38:17","slug":"mi-dron-y-yo-entre-la-ia-la-diversion-y-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2025\/06\/09\/mi-dron-y-yo-entre-la-ia-la-diversion-y-la-muerte\/","title":{"rendered":"Mi dron y yo: entre la IA, la diversi\u00f3n y la muerte"},"content":{"rendered":"<p>Hace poco me compr\u00e9 un nuevo dron. Un DJI compacto, ligero, con c\u00e1mara 4K, sensores de precisi\u00f3n y esa extra\u00f1a capacidad que tienen las m\u00e1quinas bien dise\u00f1adas de parecer simp\u00e1ticas. El anterior se lo regal\u00e9 a mi sobrino en sus a\u00f1os de tr\u00e1nsito hacia la adultez, cuando a\u00fan pod\u00eda volar por diversi\u00f3n sin pensar en geopol\u00edtica.<\/p>\n<p>Yo, en cambio, lo adquir\u00ed con un doble prop\u00f3sito: uno pr\u00e1ctico, est\u00e9tico, incluso placentero, como complemento de mi pasi\u00f3n fotogr\u00e1fica \u2014capturar im\u00e1genes a\u00e9reas que de otro modo ser\u00edan imposibles o prohibitivamente costosas\u2014; y otro mucho m\u00e1s inquietante: comprender c\u00f3mo el uso de drones est\u00e1 transformando no s\u00f3lo la guerra, sino la manera misma en que pensamos la violencia, la soberan\u00eda y el cuerpo humano en el campo de batalla.<\/p>\n<p>Los drones civiles han dejado de ser solo juguetes. Son extensiones del ojo, pr\u00f3tesis del deseo de ver sin ser visto, de registrar el mundo desde una altura que antes s\u00f3lo pertenec\u00eda a los dioses, a los helic\u00f3pteros o a las aves. Pero lo m\u00e1s importante es que no vuelan solos. Son, en realidad, entidades semiaut\u00f3nomas, entrenadas por modelos de inteligencia artificial que les permiten esquivar obst\u00e1culos, seguir objetivos, regresar a casa, e incluso \u2014en sus versiones militares\u2014 matar.<\/p>\n<p>Esta inteligencia embebida en un cuerpo a\u00e9reo ligero ha reconfigurado el paisaje del conflicto moderno. Un ejemplo notable lo encontramos en la actual guerra entre Ucrania y Rusia. Ucrania, con una combinaci\u00f3n de ingenio, software y log\u00edstica clandestina, llev\u00f3 a cabo uno de los ataques m\u00e1s audaces y asim\u00e9tricos de los \u00faltimos tiempos. Dise\u00f1aron drones de largo alcance, les acoplaron cargas explosivas, los ocultaron en casas prefabricadas que luego fueron transportadas en camiones a lo largo de miles de kil\u00f3metros dentro de territorio ruso. Nadie sospech\u00f3. Ya cerca de sus objetivos, los techos de las casas se abrieron como trampas florales, y los drones salieron disparados hacia bases a\u00e9reas rusas.<\/p>\n<p>El resultado: m\u00e1s de cuarenta aviones estrat\u00e9gicos destruidos, incluyendo Il-76 y Tu-95 \u2014veh\u00edculos capaces de transportar armamento nuclear y misiles de largo alcance\u2014, con un da\u00f1o calculado en cientos de millones \u2014posiblemente m\u00e1s de mil\u2014 de d\u00f3lares. Todo esto por una fracci\u00f3n del costo. Las matem\u00e1ticas del conflicto han cambiado: una inversi\u00f3n de cientos de miles puede desbaratar estructuras de defensa que costaron d\u00e9cadas y fortunas construir. La guerra de enjambres ha comenzado.<\/p>\n<p>Este tipo de ataques no son una anomal\u00eda sino un s\u00edntoma. Israel, por ejemplo, ejecut\u00f3 en septiembre de 2024 una operaci\u00f3n que parec\u00eda sacada de una novela de espionaje posmoderno: durante m\u00e1s de un a\u00f1o infiltraron dispositivos en la cadena de suministros de Hezbollah \u2014walkie-talkies, radios, incluso pagers, esos objetos ya arcaicos\u2014, todos equipados con explosivos ocultos. El d\u00eda elegido, detonaron todos al mismo tiempo. Fue uno de los golpes m\u00e1s demoledores contra el grupo liban\u00e9s en a\u00f1os. La operaci\u00f3n fue planeada con sigilo quir\u00fargico, basada en una combinaci\u00f3n de infiltraci\u00f3n, paciencia y tecnolog\u00eda m\u00ednima con resultados m\u00e1ximos. Lo interesante es que no fue necesario enviar tropas, ni siquiera aviones: bast\u00f3 una se\u00f1al.<\/p>\n<p>Y si los drones vuelan, tambi\u00e9n nadan. El mar, ese viejo escudo de las grandes armadas, ya no garantiza protecci\u00f3n. Los drones marinos \u2014torpedos aut\u00f3nomos con GPS, visi\u00f3n nocturna y explosivos programables\u2014 pueden infiltrarse en puertos, embestir fragatas, sembrar el p\u00e1nico. Las fuerzas navales de \u00e9lite, tradicionalmente dise\u00f1adas para enfrentar amenazas a\u00e9reas, submarinas o de gran tonelaje, est\u00e1n siendo desafiadas por dispositivos aut\u00f3nomos del tama\u00f1o de una mochila. Hoy, ya no se requiere un portaaviones para inclinar la balanza: basta un algoritmo bien entrenado.<\/p>\n<p>Los chinos, por su parte, han llevado los drones a otro escenario: el cielo del espect\u00e1culo. Miles de ellos sincronizados para formar figuras, fuegos artificiales digitales, coreograf\u00edas lum\u00ednicas que anuncian la era del artificio total. Pero detr\u00e1s de esos espect\u00e1culos hay precisi\u00f3n, control distribuido, swarming. Las mismas t\u00e9cnicas que pueden hipnotizar a un p\u00fablico pueden desintegrar un convoy. La est\u00e9tica del dron y su \u00e9tica est\u00e1n en guerra.<\/p>\n<p>Lo dijo Elon Musk con su habitual tono de or\u00e1culo con jet lag: construir cazas supers\u00f3nicos ya no tiene sentido. Antes de despegar, pueden ser derribados por un enjambre de drones que cuestan lo que una laptop. Un F-35 cuesta m\u00e1s de 120 millones de d\u00f3lares. Un dron armado, unos 500. \u00bfQu\u00e9 sentido tiene seguir fabricando dinosaurios con alas?<\/p>\n<p>Ucrania lo entendi\u00f3 mejor que nadie. Ha comenzado a producir sus propios drones en serie, adaptados a sus necesidades, con dise\u00f1o iterativo y manufactura local. Rusia, mientras tanto, depende de importaciones desde Ir\u00e1n. En este contraste se esconde una lecci\u00f3n: la guerra del futuro no ser\u00e1 de tanques ni de soldados, sino de nodos, de software, de adaptabilidad.<\/p>\n<p>Las naciones que dominen la IA ser\u00e1n las nuevas superpotencias. La rob\u00f3tica y los sistemas aut\u00f3nomos ya est\u00e1n en el campo de batalla. La letalidad nuclear ha sido superada \u2014no por su potencia destructiva, sino por su torpeza\u2014. Las nuevas armas no dejan residuos, s\u00f3lo dependencia.<\/p>\n<p>Y es aqu\u00ed donde entra mi peque\u00f1o dron DJI. Pesa apenas 125 gramos. No mata a nadie. Pero me permite observar desde arriba, entender los \u00e1ngulos muertos del poder. En su vuelo hay algo de juego, de poes\u00eda, de premonici\u00f3n. Cada vez que despega me recuerda que el cielo ya no es el mismo. Que la guerra ha cambiado de escala y de forma. Que el terror tambi\u00e9n puede vestirse de dron civil.<\/p>\n<p>Y que la carrera por alcanzar la inteligencia artificial general \u2014esa AGI que prometen los profetas del silicio\u2014 no es un lujo de nerds, sino un asunto de supervivencia. Porque si un sistema logra pensar, planear y ejecutar como un ser humano, pero con la velocidad de la m\u00e1quina, el que llegue primero dominar\u00e1. No dentro de d\u00e9cadas. Puede que una semana de ventaja sea suficiente para torcer el rumbo del planeta. En el nuevo ajedrez geopol\u00edtico, el tiempo computacional ha reemplazado al tiempo diplom\u00e1tico.<\/p>\n<p>Mientras tanto, yo vuelo. Vuelo con la nostalgia de un ni\u00f1o que jugaba con avioncitos y con la sospecha de que esta vez los juguetes son los que nos est\u00e1n jugando a nosotros. Vuelo porque todav\u00eda puedo decidir qu\u00e9 ver. Y porque en este siglo, quien no vuela, ser\u00e1 observado. Y quiz\u00e1, alg\u00fan d\u00eda, eliminado por quien s\u00ed lo hace.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco me compr\u00e9 un nuevo dron. 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