{"id":3060,"date":"2017-10-02T12:00:00","date_gmt":"2017-10-02T17:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2017\/10\/02\/tras-los-sismos-un-recorrido-por-los-recuerdos\/"},"modified":"2017-10-02T12:00:00","modified_gmt":"2017-10-02T17:00:00","slug":"tras-los-sismos-un-recorrido-por-los-recuerdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2017\/10\/02\/tras-los-sismos-un-recorrido-por-los-recuerdos\/","title":{"rendered":"Tras los sismos, un recorrido por los recuerdos&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><em>La muerte es la \u00fanica cita a la que todos estamos convocados y a la que, tarde o temprano, acudimos, con sismo o sin \u00e9l&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Regreso, triste, realmente apesadumbrado y pensativo, de un recorrido dominical por uno de los epicentros del pasado sismo.<\/p>\n<p>Mi infancia y adolescencia transcurri\u00f3 entre las colonias Roma y Condesa, donde mi padre estableci\u00f3 su peque\u00f1o negocio, la &#8220;Encuadernaci\u00f3n Zenker&#8221;. Inici\u00f3 en la calle de San Luis Potos\u00ed n\u00famero 213 bajos, al lado de una librer\u00eda. Le rentaba el se\u00f1or Benn, que se vio castigado con la pol\u00edtica de rentas congeladas que benefici\u00f3 a mi padre y sin las que \u00e9l no habr\u00eda podido sostener su taller. De all\u00ed se traslad\u00f3 un buen d\u00eda a la calle de Cacahuamilpa, en la Condesa, muy cerca de su anterior domicilio y, luego, a una casita a la vuelta, sobre la calle de Amsterdam.<\/p>\n<p>Alrededor de esa peque\u00f1a calle ocurrieron muchas de las tragedias tanto del 85 como las que nos han asolado en estos d\u00edas. Apenas a unas cuadras de donde viv\u00edamos y trabaj\u00e1bamos cincuenta a\u00f1os atr\u00e1s, se colaps\u00f3 un edificio sepultando a muchos vecinos, a unos pasos de las actuales oficinas de nuestros amigos de Trevenque, que dirige Chema Prados, y donde trabajaba nuestro amigo y colaborador Rafael Gonz\u00e1lez Bautista, que ha estado al pie del ca\u00f1\u00f3n en las brigadas en esa zona.<\/p>\n<p>Me acabo de enterar que en uno de esos edificios muri\u00f3 a causa del sismo el doctor Sergio Castillo Ba\u00f1os que atend\u00eda a muchos vecinos en San Pedro de los Pinos.<\/p>\n<p>Hoy, nuestros pasos nos llevaron por esas calles llenas de evidente desolaci\u00f3n y extra\u00f1a normalidad, en medio de un penetrante olor a gas. Quienes all\u00ed caminan hablan en voz baja, miran hacia los edificios, ocultan como pueden ese nudo que inevitablemente se te hace en la garganta y se limpian los ojos de esas &#8220;basuritas&#8221; que te entran en el ojo y que hacen que fluyan t\u00edmidamente las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Cuando descubres ese edificio semi colapsado, no puedes menos que sentir parte de la angustia de quienes all\u00ed se encontraban. Todos la sentimos. La diferencia es que en algunos casos la angustia se convirti\u00f3 en muerte, mientras que en otros s\u00f3lo en temor permanente. Hoy no nos toc\u00f3. Ma\u00f1ana s\u00ed. Porque la muerte es la \u00fanica cita a la que todos estamos convocados y a la que, tarde o temprano, acudimos, con sismo o sin \u00e9l. Lugar com\u00fan, lo s\u00e9. Pero en eso pensamos Noem\u00ed Ravelo y yo al recorrer esos espacios.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed viv\u00ed, le cuento, all\u00ed viv\u00eda esa ni\u00f1a que me encantaba cuando yo ten\u00eda catorce a\u00f1os y cuya vecindad hoy luce desolada y abatida por este tango que hizo vibrar la tierra y derrumb\u00f3 edificios. Mi padre y mi madre vivieron en la calle de Medell\u00edn, a pasos de donde est\u00e1n las huellas de la desolaci\u00f3n. All\u00ed, en Medell\u00edn, muri\u00f3 de c\u00e1ncer mi padre, y nos dej\u00f3 la tarea de recordar su pasado comunista, antifascista y, luego, socialdem\u00f3crata, cuando abjur\u00f3 de las barbaries stalinistas y abraz\u00f3 la esperanza democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>Pasamos por el edificio Basurto, uno de los pilares de la arquitectura mexicana, donde vivieron amigos entra\u00f1ables, como Edith Altman, refugiada alemana, igual que mi padre, que antes habit\u00f3 un departamento en esa calle de Cacahuamilpa. Ella sufr\u00eda sordera extrema, de manera que un d\u00eda a mi hermano Pedro, diestro en electr\u00f3nica y mil cosas m\u00e1s, se le ocurri\u00f3 instalarle un &#8220;timbre&#8221; que hac\u00eda que se prendiera una luz en su casa, para que supiera que alguien la buscaba. Ella me vendi\u00f3 su biblioteca cuando se fue a un asilo de ancianos. Cientos de libros en alem\u00e1n que quiso que estuvieran en mis manos, pero no sin un peque\u00f1o costo para que la valorara.<\/p>\n<p>En ese mismo e ic\u00f3nico edificio vivi\u00f3 un tiempo Danielle Zaslavsky, que estudi\u00f3 conmigo en El Colegio de M\u00e9xico y a la que visit\u00e9 despu\u00e9s de los terremotos del 85, donde vi los estragos que los sismos hab\u00edan causado en su departamento y que, sin embargo, no lo hicieron inhabitable. A un lado, por cierto, existi\u00f3 una f\u00e1brica de helados y paletas donde no s\u00f3lo compr\u00e1bamos eso, sino tambi\u00e9n hielo seco, con el que arm\u00e1bamos nuestros trucos de magia de peque\u00f1os. Cruzando la calle de Sonora estaba un peque\u00f1o local donde reparaban y rentaban bicicletas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pasamos, a unas cuantas cuadras, por ese maravilloso edificio, que se mantiene milagrosamente de pie, donde viven Monique Legros, que dirigi\u00f3 el PFT en El Colegio de M\u00e9xico, y Rogelio Cuellar, uno de nuestros pilares de la fotograf\u00eda period\u00edstica, frente al Parque M\u00e9xico.<\/p>\n<p>En otro punto, a escasos pasos de la plaza Cacahuamilpa, estaba la Flor de Lis, restaurante de comida mexicana y tamales espl\u00e9ndidos.<\/p>\n<p>En fin. Son incontables los recuerdos. Noem\u00ed y yo nos tomamos la foto frente al restaurante Roosevelt, al que contadas veces, cuando tuvo un poco de dinero, mi padre fue a comer comida alemana.<\/p>\n<p>No quise, contra mi costumbre, tomar fotos de los lugares de desastre. Respet\u00e9 a quienes suplicaban no tomarlas por respeto a los muertos. Ya hay suficientes fotos. Las m\u00edas no a\u00f1adir\u00edan nada. Quiz\u00e1s s\u00ed los gestos. En cada esquina, ante cada unos de los cientos de voluntarios, inclin\u00e9 mi cabeza.<\/p>\n<p>La tristeza es mucha. Pero tambi\u00e9n el orgullo. M\u00e9xico tiene un chingo y dos montones de habitantes que merecen no monumentos, que eso de los monumentos ya pas\u00f3, sino cambios fundamentales.<\/p>\n<p>Hoy nos embarga a\u00fan la tristeza. Pero tambi\u00e9n resurge el enojo, la rabia por tanta corrupci\u00f3n e ineptitud de pol\u00edticos y autoridades gubernamentales. Hay quienes comparan a esta generaci\u00f3n con la que hizo frente a los sismos del 85. En efecto, es distinta. Ni mejor ni peor. Sin embargo, con muchas posibilidades.<\/p>\n<p>Los sismos, las grandes desgracias, suelen constituir un parteaguas en la historia de las naciones. Lo que ocurri\u00f3 en M\u00e9xico en septiembre de este a\u00f1o ha sido un parteaguas. Ya veremos qu\u00e9 vendr\u00e1. Espero que lo veamos con esperanza participativa. Hace mucha falta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La muerte es la \u00fanica cita a la que todos estamos convocados y a la que, tarde o temprano, acudimos, con sismo o sin \u00e9l&#8230; Regreso, triste, realmente apesadumbrado y pensativo, de un recorrido dominical por uno de los epicentros del pasado sismo. 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