{"id":22,"date":"2007-04-23T20:34:04","date_gmt":"2007-04-24T02:34:04","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/editor\/?p=22"},"modified":"2010-02-07T20:29:19","modified_gmt":"2010-02-08T02:29:19","slug":"de-paso-por-punta-umbria-mi-reencuentro-con-madrid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2007\/04\/23\/de-paso-por-punta-umbria-mi-reencuentro-con-madrid\/","title":{"rendered":"De paso por Punta Umbr\u00eda, mi reencuentro con Madrid"},"content":{"rendered":"<p><strong>Fue en 1982 cuando acud\u00ed por \u00faltima vez puntual a mi cita con Madrid.<\/strong><\/p>\n<p>Celebramos all\u00ed el I Congreso Iberoamericano de Traductores (que por cierto presidi\u00f3 el Rey Juan Carlos I) en el que acordamos fundar la ef\u00edmera Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre la Traducci\u00f3n (SIET). Franco hab\u00eda muerto, y est\u00e1bamos en el estertor del inicio de la transici\u00f3n. All\u00ed conoc\u00ed a Valent\u00edn Garc\u00eda Yebra, cuya obra <em>En torno a la traducci\u00f3n<\/em>, que originalmente dio a conocer Gredos, publiqu\u00e9 en Ediciones del Ermita\u00f1o con muy mala suerte, por cierto, pues nunca logramos la distribuci\u00f3n y venta que hab\u00edamos imaginado.<\/p>\n<p>En esa ocasi\u00f3n tuve la oportunidad de conocer Madrid en condiciones privilegiadas. Hotel c\u00f3modo, visitas guiadas, recepciones en numerosas sedes reales, gubernamentales y diplom\u00e1ticas, comidas, cocteles, actos culturales. A\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda visitado la ciudad. Mi ignorancia me hizo pasar malos ratos a manos de aut\u00e9nticos \u201cgachupines\u201d que de la cortes\u00eda y afabilidad mexicana no sab\u00edan nada. Trato rudo era la consigna entre algunos. Pero Madrid siempre supo cautivarme.<\/p>\n<p>Ahora, es decir, en abril y mayo de este a\u00f1o 2007, Madrid volvi\u00f3 a deslumbrarme. Hice el vuelo trasatl\u00e1ntico para participar en un encuentro de editores independientes en Punta Umbr\u00eda. Llegu\u00e9 a Madrid agotado y, si bien mi trayecto me hac\u00eda continuar hasta Sevilla, decid\u00ed quedarme y visitar a mi buen amigo Jorge Vald\u00e9s, de quien tengo un espl\u00e9ndido libro publicado en la colecci\u00f3n er\u00f3tica de Minimalia y quien, cuando esto escribo, dirige el Instituto de M\u00e9xico en Espa\u00f1a. Era un d\u00eda lluvioso y fresco. Mi llamada lo despert\u00f3 pero, con su amabilidad de costumbre, me invit\u00f3 a irme a refugiar en su departamento. Llegu\u00e9 en taxi y sub\u00ed mis maletas que pesaban m\u00e1s de 60 kg, pues llevaba libros para exponerlos en el encuentro. Jorge sali\u00f3 a mi encuentro con cara de desvelado. Hab\u00eda estado chateando con su hijo, que estudia en Miami, hasta altas horas de la madrugada. Nos quedamos platicando hasta que tuvo que partir a su oficina. Me qued\u00e9 en su departamento platicando con su encantadora esposa Martha, que es psicoanalista. Trat\u00e9 de recordar, en la pl\u00e1tica con ella, mis estudios de psicoan\u00e1lisis en Alemania y despu\u00e9s en M\u00e9xico, con Rafael Estrada, quien dirig\u00eda el Instituto Wilhelm Reich. En esa ocasi\u00f3n tambi\u00e9n tom\u00e9 un curso de hipnosis cl\u00ednica en el IMSS. Los conocimientos que adquir\u00ed los puse en pr\u00e1ctica luego en el instituto de Estrada y, m\u00e1s adelante, en Alemania, donde estudi\u00e9 pedagog\u00eda. Pero estoy divagando.<\/p>\n<p>Martha nos prepar\u00f3 una deliciosa comida. Gazpacho, por supuesto. Despu\u00e9s de degustar los platillos y de conversar un buen rato, Jorge y yo nos echamos una reparadora siesta. Para entonces su secretaria ya me hab\u00eda encontrado boletos para ir a Huelva, donde Uberto Stabile, organizador del encuentro de editores, me recoger\u00eda para llevarme a Punta Umbr\u00eda. Tom\u00e9 un taxi a la estaci\u00f3n de trenes de Atocha. Cargar esas cuatro maletas con sus sesenta kilos de peso fue un suplicio. Pero nada comparado con lo que segu\u00eda.<\/p>\n<p>El tren sali\u00f3 puntual. Me sent\u00e9 junto a una linda joven. Permanecimos en silencio hasta que, de pronto, son\u00f3 mi celular. Era una llamada sin importancia desde M\u00e9xico. \u00a1No mames! Dije en voz alta. La chava a mi lado volte\u00f3 sorprendida (seguro por el vocablo y por el \u00e9nfasis). Le expliqu\u00e9 que acababa de contestar una llamada de M\u00e9xico que seguramente iba a costar una fortuna. Ni idea ten\u00eda yo que las llamadas se enlazan ya con tal facilidad de un continente a otro sin necesidad de hacer petici\u00f3n expresa al respecto. El hielo se rompi\u00f3 y las siguientes dos horas de trayecto nos la pasamos platicando gratamente. Ella era originaria de Punta Umbr\u00eda.<br \/>\nPunta Umbr\u00eda<\/p>\n<p>Al llegar a nuestro destino, Huelva, nos despedimos. Uberto Stabile hab\u00eda ofrecido ir a recogerme a la estaci\u00f3n de trenes. Como no nos conoc\u00edamos, me qued\u00e9 en el and\u00e9n escudri\u00f1ando, hasta que la misma muchacha vino con Uberto. Le hab\u00eda visto cara de que buscaba a un editor mexicano. Y acert\u00f3.<\/p>\n<p>Con maletas y los consabidos m\u00e1s de 60 kg a cuestas, fuimos caminando a un bar en el que se realizar\u00eda la presentaci\u00f3n del encuentro al que iba. All\u00ed conoc\u00ed a Xabier Vila-Coia, con quien sostuve largas pl\u00e1ticas, aunque nunca las suficientes. \u00a1Qu\u00e9 fauna la que logr\u00f3 reunir Uberto Stabile en ese encuentro! Los que no ladr\u00e1bamos, maull\u00e1bamos, mug\u00edamos, bueno, hasta habl\u00e1bamos. Despu\u00e9s de un recorrido por barco convers\u00e9, por ejemplo, con Rodolfo Franco. \u00a1Todo un personaje! Me acaba de enviar sus poemas experimentales. Sus juegos con los pal\u00edndromos, con los anagramas, con sus m\u00e1ndalas videogr\u00e1ficos. Con su talento. Me invit\u00f3 una cerveza, pero alguien se le adelant\u00f3 y me pusieron enfrente una Corona con un lim\u00f3n incrustado, cuando me mor\u00eda por una Cruzcampo.<\/p>\n<p>El encuentro se llev\u00f3 a cabo en el Teatro del Mar. El primer d\u00eda me hosped\u00e9 en un hotelito distinto. Uberto, habiendo recogido a los que ten\u00eda que anfitrionar esa noche, pregunt\u00f3 que qui\u00e9n deseaba irse a tomar una copa. Me apunt\u00e9. Tra\u00eda la desvelada del viaje con las 8 horas de diferencia, las toneladas de equipaje y el estr\u00e9s del vuelo. Caminamos a buscar un bar abierto. Comenc\u00e9 a imaginar que \u00e9ste iba a ser un viaje de mucha caminata.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00e9 al hotel, el cuarto estaba ocupado por unos cinco humanoides mexicanos que estaban hasta las chanclas. El cuarto lleno de humo. Pinches compatriotas, me dije, ya v\u00e1yanse a dormir. Pero me ofrecieron un tequilita. Me sirvieron medio vaso. Y los perdon\u00e9. Se fueron los que sobraban al poco rato. Me acost\u00e9 para descubrir que mi compa\u00f1ero de cuarto roncaba como locomotora desrielada. Me tom\u00e9 un \u00faltimo chorrito de tequila y ca\u00ed\u2026 dormido\u2026 muerto.<\/p>\n<p>Despert\u00e9 al d\u00eda siguiente tarde. Me ba\u00f1\u00e9, me pein\u00e9, me cambi\u00e9 de ropa. Sal\u00ed. Nadie a la redonda. Hambriento, sediento, a\u00fan cansado. Me hab\u00eda dicho Uberto que deb\u00eda cambiar de hotel. Es decir, trasladarme a un maravilloso hostal al lado del mar. Eso de estar al lado del mar me llam\u00f3 la atenci\u00f3n y no repel\u00e9. Pero nadie me sab\u00eda decir c\u00f3mo llegar. \u00bfAlg\u00fan taxi? Hallar un taxi en Punta Umbr\u00eda es m\u00e1s dif\u00edcil que encontrar un pol\u00edtico honesto en M\u00e9xico. Es decir: cero esperanzas. Pero me dijeron que el hospicio estaba all\u00e1, nom\u00e1s \u201ctras lomita\u201d\u2026 bueno, pero en umbriano. As\u00ed que me lanc\u00e9 tras la lomita, y camin\u00e9, y camin\u00e9, y camin\u00e9 bajo el sol, a\u00fan develado, con los tequilas encima, con los consabidos 60 y pico de kg de equipaje, y nada. De pronto me sent\u00e9 en medio de la nada y me pregunt\u00e9: \u00bfqu\u00e9 chigaos haces aqu\u00ed? Como nadie me respondi\u00f3, segu\u00ed caminando. Hasta que hall\u00e9 el hospicio. Y me llevaron a mi celda.<\/p>\n<p>S\u00e9 que suena mam\u00f3n. \u00bfCelda? Un cuarto de unos dos por tres metros, quiz\u00e1s un poquititito m\u00e1s. Un ba\u00f1o compartido con otra celda, digo, cuarto. Me acord\u00e9 de mi amigo Fernando Vald\u00e9s, editor encarcelado injustamente en M\u00e9xico. Claro\u2026 \u00e9l en una de las prisiones m\u00e1s atroces de M\u00e9xico. Yo en un lugar tur\u00edstico de Espa\u00f1a. \u00bfQu\u00e9 pedo? Bueno, confieso: mi lado burgu\u00e9s estaba tomando el mando.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, ya recuperada mi espalda con una escoliosis y tres hernias de disco despu\u00e9s de arrastrar 60 kg de materia fecal (as\u00ed lo ve\u00eda yo a esas alturas), me dispuse a ir al Teatro del Mar, donde se llevar\u00eda a cabo el encuentro. Sal\u00ed, y camin\u00e9\u2026 y camin\u00e9\u2026 y ya muerto de cansancio me detuve en un changarro para desayunar algo. Ped\u00ed una tortilla espa\u00f1ola y un zumo. El precio comenz\u00f3 a espantarme.<\/p>\n<p>Del Encuentro en s\u00ed hablo en otra nota en este blog. Fue extraordinario. Pero fuera de serie fue, para m\u00ed, la posibilidad que Punta Umbr\u00eda me ofreci\u00f3 de caminar con libertad. Quien no conoce la Ciudad de M\u00e9xico, no sabe lo que es vivir ya sea enclaustrado, o en el \u00e1cido diario de qu\u00e9 te podr\u00e1 suceder (asalto, violaci\u00f3n, desastre). Si bien nac\u00ed en M\u00e9xico, tuve la oportunidad de ir a estudiar a Alemania la prepa y la Universidad. All\u00ed degust\u00e9 no s\u00f3lo las caminatas, sino las largas traves\u00edas en bicicleta. De eso me olvid\u00e9 al regresar al DF. Puros trayectos primero en delfines y ballenas, luego en peseros, en Metro, y finalmente en mi vocho. Adi\u00f3s a las caminatas.<\/p>\n<p>Ir a Europa, a NY, significaba para m\u00ed en el pasado fundamentalmente recobrar mi derecho a caminar sin temor tanto de d\u00eda como de noche. Punta Umbr\u00eda signific\u00f3 lo mismo, y poco a poco lo fui descubriendo. Caminar. La posibilidad de deambular con libertad. Deben comprender que soy un habitante de la Ciudad de M\u00e9xico. Salir de la casa con cierto terror no es inusual. Dicen que morir balaceado a las afueras de tu propia casa es m\u00e1s probable que morir porque tu avi\u00f3n se estrella. Y probablemente es cierto. Lo que por supuesto no contribuye a que supere mis fobias a los aviones.<\/p>\n<p>Conforme fueron pasando los d\u00edas, mi organismo se volvi\u00f3 a habituar a las caminatas. Me fui percatando del grado de deterioro en que se encuentra mi cuerpo a mis 52 a\u00f1os de edad. La caminata del Hostal al Teatro del Mar me pes\u00f3 al principio. Pero al paso de los d\u00edas comenc\u00e9 a degustarla. Del Teatro me iba caminando al otro punto de la ciudad, donde atracan los botes de los pescadores, y a caminar por una hermosa calle peatonal donde encontr\u00e9 un restaurante cuya cocina acab\u00f3 por cautivarme y al que acud\u00ed cuantas veces pude, aunque en ocasiones tuve que esperar turno por la afluencia de comensales. Calculo que, finalmente, habr\u00e9 estado caminando diario mas de 12 km. Nada mal para un viejo huev\u00f3n como yo.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 el Encuentro, empaqu\u00e9 mis chivas, pero le dej\u00e9 a ese fant\u00e1stico personaje que es Uberto Stabile una colecci\u00f3n de los libros de Minimalia. Ha estado formando una biblioteca que a la fecha cuenta ya con m\u00e1s de 10,000 t\u00edtulos donados por los editores que han acudido a su llamado a lo largo de 14 a\u00f1os. Hice nuevos amigos y recobr\u00e9 mi gusto por la sencillez y por los viajes. El Hostal me comenz\u00f3 a gustar cada vez m\u00e1s, y mi celda se convirti\u00f3 en cuarto, pese a los discursos y ronquidos nocturnos de mi vecino a dos desvencijadas puertas de distancia. A fin de cuentas, cuando regresaba a dormir estaba tan cansado de las largas horas de caminata sumadas a las cervezas que consum\u00eda en el camino, que simplemente ca\u00eda muerto y no reviv\u00eda sino hasta el d\u00eda siguiente a la hora del desayuno.<br \/>\nMadrid<\/p>\n<p>Para cuando todo termin\u00f3, ya hab\u00eda encontrado finalmente d\u00f3nde hab\u00eda taxis. Le ped\u00ed a un taxista que me recogiera al d\u00eda siguiente temprano para tomar el tren, y acudi\u00f3 puntual a la cita. Llegu\u00e9 a la estaci\u00f3n, me desped\u00ed de Punta Umbr\u00eda, puerto con el que ya me hab\u00eda encari\u00f1ado, y sub\u00ed al tren. Esta vez no me acompa\u00f1\u00f3 ninguna hermosa madrile\u00f1a. Me propuse disfrutar la vista, pero ca\u00ed dormido. Despert\u00e9 cuando los altavoces anunciaban nuestra llegada a Madrid. El viaje se me hizo brev\u00edsimo.<\/p>\n<p>Mi retorno a Madrid ten\u00eda la intenci\u00f3n de reencontrarme con mi hija, que estudia en Alemania y a quien no hab\u00eda visto desde la Navidad pasada que nos visit\u00f3 en M\u00e9xico. La convenc\u00ed de que nos vi\u00e9ramos en Madrid, para que luego nos fu\u00e9ramos puebleando hasta la ciudad de Aachen, en Alemania, cruzando Francia y haciendo escala en Par\u00eds. Sin embargo, Jorge Vald\u00e9s me hab\u00eda sugerido que aprovechara que estaba en Madrid para recorrer con mi hija la ciudad los d\u00edas que me quedaban libres. Cuando lleg\u00f3 mi hija Xilu\u00e9n, le suger\u00ed ese plan, pero ella quer\u00eda que yo fuera a Alemania con ella, pues deseaba presentarme sus espacios y amigos. Decidimos discutirlo armados de una paella. Encontramos un restaurante llamado La Paella Real, que unos madrile\u00f1os que encontramos a la salida del Museo del Prado nos sugirieron. Pedimos la paella de mariscos y una botella de vino tinto. Rioja, por supuesto. Tras degustar la paella y el vino, mi hija cay\u00f3 rendida ante los encantos de Madrid. Nos trasladamos al d\u00eda siguiente del hotel en que est\u00e1bamos, lejos del centro, a otro que estaba en la Calle Arenal, es decir, en plena avenida peatonal, cerca de la Puerta del Sol y de la Plaza Mayor. Un hotel gallego, dir\u00eda mi hija con su habitual sarcasmo. El Petit Palace High Tech. Inclu\u00eda conexi\u00f3n permanente a Internet. Pero el inodoro estaba conectado a la toma de agua caliente, de manera que al sentarse, recib\u00edas un ba\u00f1o sauna en el culo. Por supuesto, las tomas de agua caliente y fr\u00eda estaban invertidas, de manera que si nos descuid\u00e1bamos, acab\u00e1bamos recibiendo un ba\u00f1o helado o hirviendo, inversamente proporcional a lo que hab\u00edamos deseado. Madrid est\u00e1 lleno de esos hoteles, todos con id\u00e9ntico nombre, de manera que en un descuido, te met\u00edas a un hotel que no era el tuyo.<\/p>\n<p>Durante seis d\u00edas recorrimos las calles madrile\u00f1as. Arenal, Gran V\u00eda, Paseo del Prado y Paseo de Recoletos, el Jard\u00edn Bot\u00e1nico, el Parque del Buen Retiro y el Palacio Real. Tambi\u00e9n exploramos el Metro como medio de transporte. Por supuesto nuestros pasos nos llevaron a la fuente de las Cibeles, a la Puerta de Alacal\u00e1 y a Atocha. Tambi\u00e9n llev\u00e9 a mi hija a conocer el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof\u00eda, donde nos esperaban Dal\u00ed, Picasso, Juan Gris, Mir\u00f3, Chillida y T\u00e0pies, entre muchos otros. Al llegar al Guernica, apenas pude ocultar esas l\u00e1grimas que tambi\u00e9n fluyeron cuando vi ese maravilloso y estrujante cuadro de Picasso por primera vez. Pero recorrimos m\u00e1s calles, bares y restaurantes, que museos. Aunque no dejamos de ir al Escorial, donde nos recibi\u00f3 un viento helado combinado con lluvia que nos cal\u00f3 hasta los huesos. Armados con nuestras c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas recorrimos los rincones de la ciudad, descubrimos luces y sombras; experimentamos. Desde que naci\u00f3 mi hija, hace m\u00e1s de 18 a\u00f1os, so\u00f1aba con una convivencia as\u00ed. Largas caminatas hasta altas horas de la noche, interminables conversaciones, cero conflictos. Degust\u00e9 Madrid como nunca, y me sent\u00ed como pavo real caminando orgulloso, contento, feliz con mi hija del brazo en ese \u00faltimo reencuentro en Europa antes de que retorne a M\u00e9xico a continuar sus estudios y a integrarse a la familia y a nuestro proyecto editorial.<br \/>\n*azh, mayo 2007<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue en 1982 cuando acud\u00ed por \u00faltima vez puntual a mi cita con Madrid. 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