{"id":1898,"date":"2016-02-11T01:52:44","date_gmt":"2016-02-11T07:52:44","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2016\/02\/11\/los-editores-tambien-roncan\/"},"modified":"2016-02-11T15:07:46","modified_gmt":"2016-02-11T21:07:46","slug":"los-editores-tambien-roncan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2016\/02\/11\/los-editores-tambien-roncan\/","title":{"rendered":"Los editores tambi\u00e9n roncan"},"content":{"rendered":"<p>Los editores tambi\u00e9n roncamos. Pero, \u00bfqui\u00e9n no ha sufrido los ronquidos propios y ajenos? Mi padre roncaba. Fuerte. Particularmente cuando dorm\u00eda la siesta. Nadie se atrev\u00eda a hac\u00e9rsela de tos. Ignoro cu\u00e1ndo me enfrent\u00e9 por primera vez al fen\u00f3meno. Pero lleg\u00f3 para quedarse. Nunca falt\u00f3 qui\u00e9n roncara a lo largo de mi vida social. Cuando nos \u00edbamos de campamento, en mi infancia, desde alguna de las tiendas de campa\u00f1a escuchabas a alguien roncar. No faltaba en ese entonces quien llegara con una cubeta con agua helada para callar al pobre bar\u00edtono. Los llantos eran frecuentes. Ese sonido sigui\u00f3 haci\u00e9ndose presente en la secundaria y, m\u00e1s tarde, en los happenings de la prepa cuando estudiaba en Alemania. Se convirti\u00f3 en una ruidosa pesadilla que incluso lleg\u00f3 a atormentarme. \u00bfAcaso yo tambi\u00e9n ronco?, me preguntaba.<!--more--> Pero para mi alivio todos afirmaban que no. Cuando comenc\u00e9 a tener novias y la fortuna de pernoctar con ellas, descubr\u00ed que ellas tambi\u00e9n roncan. Pero tocar su cuerpo caliente y aterciopelado, sentirlas cerca, coger con ellas y tener en perspectiva volver a poseerlas, borraba todo inconveniente. Recuerdo que, la primera vez que me toc\u00f3 una roncadora, busqu\u00e9 la manera de silenciarla aunque no de manera definitiva. \u00bfAlmohada sobre el rostro? Tem\u00eda sofocarla. Comenc\u00e9 a incorporar el ronquido r\u00edtmico a mi sue\u00f1o. Buscaba alguna sinfon\u00eda que pudiera ir al ritmo de ese sonido constante. Vincular ronquidos con m\u00fasica result\u00f3 ser un buen remedio. Con la edad de mis acompa\u00f1antes, el sonido, es decir, el volumen de los ronquidos, fue en aumento. En algunos casos dejaron de ser r\u00edtmicos y comenzaron a ser espasm\u00f3dicos. Recuerdo que en una ocasi\u00f3n invit\u00e9 a acampar en Tepoz a un amigo con su familia. Result\u00f3 que mi amigo roncaba. Fuerte. Espantosamente fuerte. Yo estaba en mi cuarto y lo escuchaba. Afuera, sus hijos y su esposa le lanzaban gritos tratando de silenciarlo: &#8220;\u00a1ya c\u00e1llate; est\u00e1s roncando muy fuerte; ya te dije que te calles; pap\u00e1, no nos dejas dormir&#8230;!&#8221; Finalmente, su hija lo despert\u00f3, le dijo que sus ronquidos eran insoportables y lo mand\u00f3 a dormir afuera de la casa en una hamaca. Pues a\u00fan as\u00ed se siguieron escuchando. Los perros aullaban, los vecinos prendieron sus luces, los grillos dejaron de cantar, las cigarras aumentaron el volumen de sus lamentos, los gallos adelantaron sus kikiriki y las nubes cimbraron el cielo con rayos y truenos. No hubo manera. \u00c9l sigui\u00f3 roncando y nosotros sin poder conciliar el sue\u00f1o. La noche siguiente nos repartimos sendas dosis de tequila y Valium con la esperanza de poder conciliarlo. Los ronquidos pudieron m\u00e1s. Cuando regresamos a la Ciudad de M\u00e9xico, lo hicimos so pena de acabar estrellados en la \u201cPera\u201d o en alguna otra curva de la carretera de Cuernavaca al DF. Se nos cerraban los ojos. Sobrevivimos. Ese episodio me hizo jurar que yo jam\u00e1s, nunca de los nuncas, roncar\u00eda. Pero la maldici\u00f3n de alg\u00fan episodio de literatura cl\u00e1sica se apoder\u00f3 de m\u00ed y comenc\u00e9 a roncar. Primero quedito. No hubo quejas. M\u00e1s tarde mis ronquidos fueron en aumento, pero me consta que el cari\u00f1o de quienes me rodeaban superaba las molestias. Un d\u00eda tr\u00e1gico, en que fui a acampar a un bosque, despert\u00e9 con una extra\u00f1a sensaci\u00f3n. Estaba solo en mi casa de campa\u00f1a. Al salir, encontr\u00e9 cientos de elefantes, rinocerontes, hipop\u00f3tamos, cebras, orangutanes y s\u00ed, tambi\u00e9n leones muertos a mi alrededor. Desde entonces creo que llaman al lugar el Desierto de los Leones. Mis compa\u00f1eros de campamento se hab\u00edan fugado. Tom\u00e9 mis chivas y fui en busca del avent\u00f3n perdido. Desde entonces, los ronquidos no me abandonaron. As\u00ed, mi b\u00fasqueda ya no fue en pos de la mujer de mis sue\u00f1os, sino de la que me tolerara. Ya no les preguntaba a mis consortes si les gustaban mis ojos, mi voz, mis manos aterciopeladas, mi varonil cuerpo peludo o mi sensual abdomen chelero, sino si mis ronquidos no les importunaban. Aguantaban un rato y amanec\u00edan amorosas pero con ojos rojos y desvelados y una sonrisa en la boca. \u00bfDormiste bien?, les preguntaba, y ment\u00edan, ment\u00edan y ment\u00edan, hasta que me abandonaban. Opt\u00e9 por buscarlas sordas, pero con el mismo resultado. Pronto fui abordado por m\u00e9dicos de renombre que aseguraban que hab\u00edan hallado en las ondas sonoras de los sonidos que emanaban de mi adormilado cuerpo en las noches esperanza sin igual para generar un nuevo c\u00f3digo audible para la poblaci\u00f3n sorda del planeta. No me sirvi\u00f3 de consuelo. El caso es que nunca entend\u00ed realmente del todo el problema, hasta que mis ronquidos comenzaron a despertarme tambi\u00e9n a m\u00ed. Busqu\u00e9 taparme la nariz, destap\u00e1rmela, sumergirme en almohadas, darme ba\u00f1os de agua fr\u00eda previos a ir a la cama, dormir de un lado, de otro. Nada. Me puse aditamentos para abrir las fosas nasales, compr\u00e9 aerosoles contra ronquidos, fui a ver a brujas en Catemaco, ofrend\u00e9 v\u00edrgenes a los dioses del sue\u00f1o. Nada. Hoy estoy triste y desesperado. Mi hija, que vive a una cuadra de distancia, ya me dijo que desea irse a vivir a otra colonia. Mi mujer est\u00e1 buscando nuevo consorte y el Pichicuaz anda en pos de nuevo editor. Ya llevo siete tazas de caf\u00e9, temo irme a dormir y no encuentro soluci\u00f3n. Pero seguir\u00e9 buscando en Google d\u00f3nde est\u00e1 el pa\u00eds de los roncadores. Porque alg\u00fan refugio debe haber para nosotros, \u00bfno es cierto?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los editores tambi\u00e9n roncamos. Pero, \u00bfqui\u00e9n no ha sufrido los ronquidos propios y ajenos? Mi padre roncaba. Fuerte. Particularmente cuando dorm\u00eda la siesta. Nadie se atrev\u00eda a hac\u00e9rsela de tos. Ignoro cu\u00e1ndo me enfrent\u00e9 por primera vez al fen\u00f3meno. Pero lleg\u00f3 para quedarse. Nunca falt\u00f3 qui\u00e9n roncara a lo largo de mi vida social. 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