{"id":1602,"date":"2014-04-19T21:15:01","date_gmt":"2014-04-20T02:15:01","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/?p=1602"},"modified":"2014-06-30T13:59:44","modified_gmt":"2014-06-30T18:59:44","slug":"el-dolor-mi-fiel-companero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2014\/04\/19\/el-dolor-mi-fiel-companero\/","title":{"rendered":"El dolor, mi fiel compa\u00f1ero&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>Ma\u00f1ana cumplo a\u00f1os y no s\u00e9 c\u00f3mo sentirme al respecto. Apapachado por prietita y el Pichicuaz, hoy ya son 13 d\u00edas que paso en cama en medio de la desaparici\u00f3n de Gabo, las tormentas de granizo y el temblor de ayer, y todo parece indicar que ma\u00f1ana seguir\u00e9, b\u00e1sicamente, en posici\u00f3n horizontal. Nada grave, por fortuna. Pero s\u00ed terriblemente doloroso. Cuando comenc\u00e9 a sufrir esta dolencia, me propuse reflexionar acerca del dolor, que me ha acompa\u00f1ado a lo largo de mi vida casi ininterrumpidamente. Sin embargo, ha sido el dolor, precisamente, el que me ha impedido explayarme en estos d\u00edas. Para ir a tono con esta Semana Santa, mi actual \u201cv\u00eda crucis\u201d inici\u00f3 dos s\u00e1bados atr\u00e1s, luego de la escenificaci\u00f3n, en la Cueva del Ermita\u00f1o, de la obra \u201cPara Eliza\u201d. Platicando con mi viejo amigo V\u00edctor, a quien no ve\u00eda yo desde la secundaria, tocamos inevitablemente el tema de la salud. Cojeando yo ya por un dolor en ciernes, me cont\u00f3 de sus recientes dolencias, que lo ten\u00edan a dieta y un tanto preocupado. Hab\u00eda sufrido, entre otras cosas, los estragos de la gota.<!--more--> Otros amigos m\u00edos, igual que yo o m\u00e1s dados a los desmedidos vicios y placeres de la vida, ya me hab\u00edan referido sus perniciosas consecuencias. Al d\u00eda siguiente amanec\u00ed sin poder posar mi pie sobre el suelo y ya para el lunes los dolores eran insoportables. El m\u00e9dico me diagnostic\u00f3 flebitis agravada con gota provocada por un medicamento. \u00a1Sopas perico! Ped\u00ed las muletas que ten\u00eda guardadas en mi estudio, y armado con mi MacBook y mi iPad me dispuse a trabajar desde la cama y a esperar con dieta y medicinas a que pasara la tormenta. Y no ha pasado. Se qued\u00f3 estacionada prodig\u00e1ndome generosas dosis de dolor constante. En una de estas largas noches de insomnio batallando con su tenaz presencia, comenc\u00e9 a recordar los episodios de dolor que me fueron marcando a lo largo de los a\u00f1os. Fue en las postrimer\u00edas de la adolescencia cuando comenz\u00f3 a hacerse presente debido a que, como lo sabr\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde, ten\u00eda una pronunciada escoliosis y tres hernias de disco. Los analg\u00e9sicos encontraron refugio en las bolsas de mis pantalones y de mi anorak cuando fui a estudiar a Alemania. Cada vez eran m\u00e1s frecuentes los \u201cHexenschuss\u201d, los calambres de columna vertebral, que me tumbaban por d\u00edas sin poder mover, literalmente, ni un dedo. Atormentado, adem\u00e1s, por una alergia severa (Heuschnupfen), las hemorragias nasales eran pan de cada d\u00eda. A los analg\u00e9sicos se sumaron el algod\u00f3n para taponearme la nariz (faena en la que me volv\u00ed un experto) y los Kleenex para borrar las manchas de sangre. A los dolores de columna se incorporaron las contracciones musculares en la espalda y una persistente migra\u00f1a. El dolor se convirti\u00f3 en mi eterno acompa\u00f1ante y aprend\u00ed a convivir con \u00e9l. As\u00ed iba a estudiar, trabajaba y me desplazaba tratando de hacerle el menor caso posible. A lo largo de mi vida hice mucho ejercicio. Pero, tiro por viaje, me lastimaba. As\u00ed, pese a todo eso que ignoraban los que me rodeaban, llev\u00e9 una vida normal. Con disciplina aprend\u00ed a dominar mis demonios. Nunca permit\u00ed que me operaran de la columna vertebral, y sigo pensando que fue una buena decisi\u00f3n, pese a que llevo ya m\u00e1s de treinta a\u00f1os sin poder solventar la vida diaria sin masajes terap\u00e9uticos cada semana. Tras unos seis a\u00f1os de tomar fuertes dosis de Vivimed en Alemania, un fuerte analg\u00e9sico muy popular en los a\u00f1os setenta, cuando regres\u00e9 a ese pa\u00eds, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, y compr\u00e9 de nuevo la medicina, me encontr\u00e9 con que ten\u00eda una enorme lista de contraindicaciones y severos efectos secundarios. Afortunadamente no engros\u00e9 la lista de los muertos en su haber.\u00a0 Tras eso y una experiencia terrible previa con un doctor nazi que casi me mata al recetarme medicamentos sin ton ni son, me volv\u00ed muy cuidadoso con lo que tomaba. As\u00ed fui deambulando por la vida, con dosis de ejercicio, terapias, cuidando mi alimentaci\u00f3n pero d\u00e1ndome mis placeres. Llego as\u00ed al presente, en medio de una espl\u00e9ndida coyuntura profesional pero postrado por una est\u00fapida dolencia para la que no ha lugar. Tras muchos d\u00edas con analg\u00e9sicos, m\u00e1s de los que se recomienda, anoche decid\u00ed no tomarlos y recurrir a ejercicios de respiraci\u00f3n para mitigar el dolor. Pero este se cag\u00f3 de risa y me atorment\u00f3 toda la noche con m\u00e1s sa\u00f1a que en d\u00edas pasados. El dolor, en este caso, se hace presente de noche, precisamente cuando apagas la luz para dormir. Es un hijo de puta, pens\u00e9 al amanecer, cuando, misteriosamente, decidi\u00f3 ausentarse un rato. Quienes hoy me vieron, demacrado y sacado de onda, ya ni siquiera me preguntaron c\u00f3mo hab\u00eda pasado la noche. Las ojeras y el rictus pusieron de manifiesto que hab\u00eda sido de la chingada. Hoy veo, con preocupaci\u00f3n, c\u00f3mo se acerca el Coloquio sobre el Futuro del Libro que se celebra la semana entrante. No lo he podido preparar ni difundir como habr\u00eda deseado y, si no mejoro espectacularmente en los pr\u00f3ximos d\u00edas, quiz\u00e1s ni siquiera pueda asistir. Pero algo bueno saco de todo esto. Incapaz de poder leer y escribir como habr\u00eda deseado (dos semanas me habr\u00edan servido enormemente para avanzar en infinidad de proyectos), en estos d\u00edas me chut\u00e9 ya las primeras cuatro temporadas de \u201cBreaking Bad\u201d, lo cual habr\u00eda sido impensable bajo otras circunstancias. Me llama la atenci\u00f3n que, pese al c\u00e1ncer de Walter, las madrizas generalizadas y los balazos que dejan postrado a su cu\u00f1ado, el dolor no es un tema relevante. Pareciera que la adrenalina mata al dolor. De eso es muestra viviente el Pichi, que encontr\u00f3 una salida para escaparse a cazar pajaritos y pelearse con otros gatos y que llega m\u00e1s madreado que nada a acostarse en mi regazo para dormir larga y profundamente. Por las noches, antes de retirarse a la terraza, se me acerca y me da el leng\u00fcetazo de despedida mientras ma\u00falla que no sea maric\u00f3n y que me aguante como los machos. Le prometo que lo har\u00e9 y clavo mi mirada felina en mi pie y le advierto que si me vuelve a hacer sufrir, le va a ir mal. Pero le vale una pura y dos con sal. Al que le va a ir mal es a m\u00ed. En fin, ya pasan de las cinco. En unas seis horas m\u00e1s me estar\u00e9 revolcando, de nueva cuenta, de dolor. Miro al techo que traza los pliegues de unos labios desde los que una voz burlona me dice: \u201cBienvenido al inicio del resto de tu vida. Feliz cumplea\u00f1os.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ma\u00f1ana cumplo a\u00f1os y no s\u00e9 c\u00f3mo sentirme al respecto. Apapachado por prietita y el Pichicuaz, hoy ya son 13 d\u00edas que paso en cama en medio de la desaparici\u00f3n de Gabo, las tormentas de granizo y el temblor de ayer, y todo parece indicar que ma\u00f1ana seguir\u00e9, b\u00e1sicamente, en posici\u00f3n horizontal. 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