{"id":1595,"date":"2014-04-15T22:33:51","date_gmt":"2014-04-16T03:33:51","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/?p=1595"},"modified":"2014-04-15T22:33:51","modified_gmt":"2014-04-16T03:33:51","slug":"en-muletas-acompanado-de-tomas-mi-viejo-amigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2014\/04\/15\/en-muletas-acompanado-de-tomas-mi-viejo-amigo\/","title":{"rendered":"En muletas, acompa\u00f1ado de Tom\u00e1s, mi viejo amigo&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>Cuando Tom\u00e1s entr\u00f3 por la puerta, un caudal de recuerdos se hizo presente. Nos conocimos cuando \u00e9ramos becarios en El Colegio de M\u00e9xico hace poco menos de treinta y seis a\u00f1os. Yo acababa de regresar de Alemania, donde curs\u00e9 la prepa e hice mis estudios universitarios de pedagog\u00eda, y \u00e9l proven\u00eda de Argentina. En poco tiempo nos hicimos grandes amigos y conformamos un nutrido grupo no s\u00f3lo de estudiantes del ColMex, porque pronto otros se nos unieron, como Luis y Vero, guitarristas excepcionales que compart\u00edan con nosotros el gusto por el ping pong. Ese juego nos volv\u00eda locos. <!--more-->En El Colegio, antes de subir las escaleras que conduc\u00edan a nuestros salones, a la izquierda estaban dos cuartos con sendas mesas. All\u00ed nos reun\u00edamos a jugar rondas que nos permit\u00edan desfogar nuestras tensiones. Tom\u00e1s era uno de los mejores. Durante a\u00f1os sol\u00edamos reunirnos a conversar sobre infinidad de temas que nos apasionaban. Pol\u00edtica y cosmovisi\u00f3n eran los m\u00e1s recurrentes. Yo viv\u00eda en Avenida Revoluci\u00f3n, enfrente del Taco Inn, en un edificio que le pertenec\u00eda a un espa\u00f1ol que rentaba los departamentos a precios muy razonables. A la derecha hab\u00eda una fonda, a la izquierda un expendio de tamales. Durante un tiempo, Tom\u00e1s ocup\u00f3 una covacha en el rinc\u00f3n del jard\u00edn de una mansi\u00f3n en San Angel, muy cerca de la Plaza de los Arc\u00e1ngeles. Nos ve\u00edamos con frecuencia para realizar largos paseos por la colonia Tlacopac. En los a\u00f1os en que estuvimos en El Colegio de M\u00e9xico \u00edbamos casi cada fin de semana a un rancho en Hidalgo que le pertenec\u00eda al pap\u00e1 de Joaqu\u00edn, uno de nuestros compa\u00f1eros de estudio. All\u00ed estudi\u00e1bamos ling\u00fc\u00edstica, pase\u00e1bamos por esos maravillosos pasajes semides\u00e9rticos de la regi\u00f3n, nos prepar\u00e1bamos op\u00edparas comidas y, por supuesto, jug\u00e1bamos ping-pong. No pocas veces nuestros amigos Luis y Vero nos ofrec\u00edan un concierto con piezas y arreglos de su autor\u00eda. Al terminar nuestros estudios, fundamos la ATP (Asociaci\u00f3n de Traductores Profesionales), lo cual fue toda una odisea. Pasaron los a\u00f1os y Tom\u00e1s emprendi\u00f3 el vuelo y se convirti\u00f3 en un destacado investigador de la FAO en tanto yo asum\u00ed la direcci\u00f3n del ISIT. Seguimos teniendo encuentros\u2026 y algunos desencuentros. Sin embargo, siempre prevaleci\u00f3 esa gran amistad que forjamos con los a\u00f1os. La vida, as\u00ed como fue generosa, tambi\u00e9n fue cruel con \u00e9l. Batall\u00f3 con dos c\u00e1nceres que lo tuvieron entre la vida y la muerte, buscando alternativas que lo hicieron crecer enormemente como ser humano. Estaba en ese trance cuando lo fui a visitar a Roma. Varios d\u00edas paseamos por Italia hasta que una feroz alergia me hizo desistir y emprend\u00ed el vuelo de regreso a M\u00e9xico. Podr\u00eda escribir largo y tendido sobre nuestra larga vinculaci\u00f3n que ya se acerca a los cuarenta a\u00f1os de persistencia. La semana pasada, cuando ca\u00ed v\u00edctima de esta extra\u00f1a dolencia que ya me ha mantenido diez d\u00edas en cama, algo que lament\u00e9 mucho fue que perder\u00eda la posibilidad de compartir momentos de intensas pl\u00e1ticas con mi gran amigo, aficionado m\u00e1s que nada a los paseos, a las caminatas. Sin embargo, no sin sorpresa descubr\u00ed que \u00e9l casi agradeci\u00f3 la coyuntura. Incapaz de involucrarme en el d\u00eda a d\u00eda de la editorial, me tuvo a su merced. Me vino a visitar en reiteradas ocasiones y pasamos largas horas conversando. D\u00edas atr\u00e1s, incluso, me hizo Reiki, ceremonia a partir de la cual comenc\u00e9 a recuperarme. Hoy emprendi\u00f3 el regreso a Roma, al encuentro con su mujer y sus hijos. Extra\u00f1\u00e9 no poderlo abrazar como habr\u00eda deseado, dependiente como ando de las muletas. Sin embargo, esta vez tuve la sensaci\u00f3n de que no se va por mucho tiempo y que la vida nos depara grandes y frecuentes encuentros. No s\u00f3lo por la tecnolog\u00eda, que desvanece las distancias. Tambi\u00e9n porque, cuando tienes semejante afinidad, las mol\u00e9culas se abren camino para dialogar cara a cara.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Tom\u00e1s entr\u00f3 por la puerta, un caudal de recuerdos se hizo presente. Nos conocimos cuando \u00e9ramos becarios en El Colegio de M\u00e9xico hace poco menos de treinta y seis a\u00f1os. Yo acababa de regresar de Alemania, donde curs\u00e9 la prepa e hice mis estudios universitarios de pedagog\u00eda, y \u00e9l proven\u00eda de Argentina. 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