{"id":1573,"date":"2014-03-23T00:29:25","date_gmt":"2014-03-23T06:29:25","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/?p=1573"},"modified":"2014-03-23T00:40:02","modified_gmt":"2014-03-23T06:40:02","slug":"este-no-es-mi-milenio-pero-como-agradezco-la-primavera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2014\/03\/23\/este-no-es-mi-milenio-pero-como-agradezco-la-primavera\/","title":{"rendered":"Este no es mi Milenio, pero c\u00f3mo agradezco la Primavera&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>Siento que los libros y la primavera se llevan bien. Quiz\u00e1s es una percepci\u00f3n muy personal. A lo largo de mi vida he sufrido cada vez m\u00e1s los inviernos. Cuando llega el oto\u00f1o, comienzo a presentir nubarrones en mi estado de \u00e1nimo. Ya desde mediados de a\u00f1o veo con preocupaci\u00f3n c\u00f3mo se acercan esos aciagos meses. Tengo la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de que yo morir\u00e9 en enero o febrero de un a\u00f1o incierto. As\u00ed de mal suelo sentirme. <!--more-->\u201cEnero y febrero, desviejadero\u201d, sol\u00eda dec\u00eda Walter Reuter, tocayo y amigo de mi padre. Y ten\u00eda raz\u00f3n. Pero cuando llega marzo e inician los calores primaverales, algo radical sucede en mi organismo. De pronto, todo ese extra\u00f1o malestar que pareciera eterno se desvanece como por arte de magia. Inician as\u00ed los meses m\u00e1s productivos del a\u00f1o. Y pululan los proyectos editoriales. Ese extra\u00f1o ciclo lo vivo, hasta cierto punto, todos los meses. Cuando hay luna llena, me siento terriblemente inquieto. Surge el hombre lobo que llevo a cuestas. Cuando viv\u00ed en Alemania, durante mis estudios universitarios, identifiqu\u00e9 pronto que la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica baja me causaba dolores de cabeza. Mis compa\u00f1eros comenzaron, por lo tanto, a usarme de bar\u00f3metro infalible. \u201c\u00bfTe duele la cabeza, Alex?\u201d, preguntaban cuando me ve\u00edan con semblante sombr\u00edo. Si asent\u00eda, se armaban de paraguas o al menos de impermeable. Era infalible. \u201cMenos mal que no naciste vieja, cabr\u00f3n\u201d, sol\u00eda decirme un amigo de El Colegio de M\u00e9xico. \u201cT\u00fa no tendr\u00edas periodos, sino milenios\u201d, y estallaba en carcajadas. As\u00ed que, cuando algo no sal\u00eda bien o me sent\u00eda mal, dec\u00eda yo \u201ces que no estoy en mi milenio\u201d. Pero pas\u00f3 el milenio, y segu\u00ed igual. Y si este no es mi milenio, pues ya se ching\u00f3 la Franz, porque dudo llegar a experimentar el siguiente. Hoy, no obstante, me siento bien. Estoy sentado en la terraza, percibiendo los aromas de las plantas y flores que llenan ya el espacio. Y es que hoy volv\u00ed a ir a los Viveros a conseguir lo que nos falt\u00f3 para terminar la readecuaci\u00f3n de estos espacios. No hab\u00eda tra\u00eddo suficientes fornios para la jardinera, que se qued\u00f3 a medias. De paso decid\u00ed comprar unos helechos dado que los que plant\u00e9 el a\u00f1o pasado no se han dado como esper\u00e1bamos. All\u00ed se me cruzaron unos huele de noche que inclu\u00ed en el cargamento. Las azaleas se me pegaron en el camino. Luego fui a comprar macetas que me hicieron falta. Don Gregorio andaba esta vez inflexible. Ni porque me llevaba once grandes de barro quiso hacer m\u00e1s que un peque\u00f1o descuento. Quesque iban a ser un chingo y dos montones de pesos. Como no llevaba tanto, opt\u00e9 por menos macetas y m\u00e1s peque\u00f1as. Reduje la cantidad a siete. A\u00fan as\u00ed gru\u00f1\u00f3. Le pagu\u00e9 y me fui a ayudar a acomodar todo en mi carcacha, donde ya Cristian hab\u00eda puesto en la cajuela un par de grandes pliegos de papel en el que nos mandan envueltas las hojas de 57 x 87 o 70 x 95 que cortamos y usamos para la impresi\u00f3n digital de los libros en tama\u00f1os carta y oficio. Al subir las macetas, eran de nuevo once, y de las grandes. As\u00ed que regres\u00e9 con don Gregorio para decirle que se hab\u00eda equivocado. \u201cGregorio nunca se equivoca\u201d, me dijo enf\u00e1tico. \u201cAdem\u00e1s, ese cedro lim\u00f3n que se llev\u00f3 la semana pasada se va a morir en una maceta peque\u00f1a\u201d, a\u00f1adi\u00f3, y me dio una palmada. Regres\u00e9, resignado, hacia la camioneta y me encontr\u00e9 con unas preciosas gardenias llenas de botones. \u201c\u00bfEn cu\u00e1nto \u00e9stas?\u201d, le pregunt\u00e9. Quesque ochenta cada\u2026 pero ciento cincuenta por dos. Asent\u00ed agradecido y las fui a subir al veh\u00edculo, de nuevo atiborrado de plantas. Contento, me dirig\u00ed a casa. Respir\u00e9 profundo, como lo hago ahora, agradeciendo ese delicioso aroma a plantas y tierra. \u00a1Ah!, que deliciosa es la primavera, pens\u00e9. Cuando llegu\u00e9, todos me recibieron con una sonrisa, excepto la prietita, que a duras penas me salud\u00f3, sentada en un sill\u00f3n texteando fren\u00e9ticamente y con cara de m\u00edrame y no me toques. \u00a1Chale!, pens\u00e9. Creo que este no es su milenio\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siento que los libros y la primavera se llevan bien. Quiz\u00e1s es una percepci\u00f3n muy personal. A lo largo de mi vida he sufrido cada vez m\u00e1s los inviernos. Cuando llega el oto\u00f1o, comienzo a presentir nubarrones en mi estado de \u00e1nimo. 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