{"id":1474,"date":"2014-02-04T00:40:14","date_gmt":"2014-02-04T06:40:14","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/?p=1474"},"modified":"2014-02-06T00:50:42","modified_gmt":"2014-02-06T06:50:42","slug":"historia-de-un-libro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2014\/02\/04\/historia-de-un-libro\/","title":{"rendered":"Historia de un libro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/AZ-con-Miguel-y-Toni-4-de-febrero-2014.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-1475 aligncenter\" alt=\"AZ con Miguel y Toni 4 de febrero 2014\" src=\"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/AZ-con-Miguel-y-Toni-4-de-febrero-2014-600x450.jpg\" width=\"600\" height=\"450\" srcset=\"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/AZ-con-Miguel-y-Toni-4-de-febrero-2014-600x450.jpg 600w, https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/AZ-con-Miguel-y-Toni-4-de-febrero-2014-768x576.jpg 768w, https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/AZ-con-Miguel-y-Toni-4-de-febrero-2014-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/AZ-con-Miguel-y-Toni-4-de-febrero-2014.jpg 1632w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u201cHistorias de libros\u201d ser\u00eda quiz\u00e1s el t\u00edtulo que englobar\u00eda lo sucedido estos \u00faltimos d\u00edas. Como relat\u00e9, mi madre regres\u00f3 de Erongar\u00edcuaro con una parte de su biblioteca. Determinaciones un tanto dictatoriales de mi hermano hicieron que las cajas con libros terminaran en mi estudio de fotograf\u00eda. La promesa era revisar, catalogar y distribuir los libros durante el fin de semana. Mi temor era que eso no suceder\u00eda. Mantuve, por desgracia, la raz\u00f3n.<!--more--> Por supuesto la participaci\u00f3n solidaria de los nietos brill\u00f3 por su ausencia. Pero m\u00e1s all\u00e1 de eso, surgi\u00f3 un elemento inesperado. Los libros estaban m\u00e1s que llenos de polvo, infectados por su milenario confinamiento. Al\u00e9rgico como soy a los \u00e1caros y hongos, sufr\u00ed la primera embestida. Me tuve que retirar con graves s\u00edntomas iniciales de alergia. Noem\u00ed estuvo al pie del ca\u00f1\u00f3n, hasta que comenz\u00f3 a resentir los estragos de los mal\u00e9ficos pat\u00f3genos. Miguel y Denia, m\u00e1s inmunes, resistieron sin s\u00edntoma alguno. La prietita se report\u00f3 horas despu\u00e9s fuera de combate, con un cuadro al\u00e9rgico de dolorosas proporciones. Poco m\u00e1s tarde, iniciaron mis estornudos, la comez\u00f3n, el lagrimeo. Pas\u00e9 en cama la tarde noche. Ni el ba\u00f1o, ni la pastilla antihistam\u00ednica mitigaron la cat\u00e1strofe. Record\u00e9 entonces episodios del pasado, cuando iba a visitar a mi madre a su departamento en Avenida Revoluci\u00f3n, all\u00ed mero, enfrente del Taco Inn. Antes de entrar ten\u00edas, a tu izquierda, al se\u00f1or de los tamales. Un bardo enorme simpatiqu\u00edsimo que muri\u00f3 un d\u00eda de un infarto. Del otro estaban los de la fondita, donde mi hermano sol\u00eda pedir desayuno y comida. En ese edificio, que le pertenec\u00eda al se\u00f1or Franco, vivi\u00f3, hasta su muerte, Mercedes, mi nana, mi segunda madre. Tambi\u00e9n all\u00ed tuve mi depa, lleno de libros. No cab\u00eda ya ni un alfiler. Entre libros y los aparatos y charolas de mi cuarto obscuro de foto, apenas si hab\u00eda espacio para cualquier movimiento. Hasta los escarceos er\u00f3ticos ten\u00edan lugar entre novelas, poemas y cuentos. A\u00fan tengo una edici\u00f3n de las obras completas de Shakespeare salpicada de esperma y otros fluidos innombrables. El caso es que al fondo de ese primer piso en el que se encontraba el n\u00famero trece, mi depa, que jam\u00e1s me trajo mala suerte, le consegu\u00ed a mi madre uno espacioso. All\u00ed se refugi\u00f3 con todas sus chivas y tres perros y cuatro gatos. Friolenta como es, pon\u00eda d\u00eda y noche su calefacci\u00f3n de gas. Pas\u00f3 el tiempo, y yo me cambi\u00e9 de casa. Pero resulta que, cuando la iba a visitar, al cabo de quince, veinte minutos, ten\u00eda que salir despavorido, atacado por la alergia que en no pocas ocasiones me postr\u00f3 en cama con fiebre. Siempre pens\u00e9 que era el c\u00famulo de cabellos, de \u00e1caros de los animales que cohabitaban con ella en ese reducido espacio. Pero hoy se me ilumin\u00f3 el coco: el origen estaba en los libros, llenos de humedad y hongos, que inundaban de esporas todo el espacio y se incrustaban en mis pulmones. Porque, al entrar al estudio, de inmediato sent\u00ed ese ambiente envenenado. \u00bfMe habr\u00e9 digitalizado tanto que ya mi cuerpo rechaza lo org\u00e1nico? Noem\u00ed sospecha lo peor: fuerzas obscuras de mi pasado acechan y buscan hacernos da\u00f1o. Por lo pronto no puedo entrar a mi estudio, lo que es una l\u00e1stima, pues estoy teniendo que cancelar sesiones que me entusiasmaban. El Pichicuaz, cada vez que me ve estornudar, ya no huye, sino que se acerca y me abraza, como queriendo reconfortarme. \u00bfQu\u00e9 hacemos con estos libros?, le pregunto. Me responde con un enigm\u00e1tico \u201c\u00a1miauuu!\u201d, que me ha dejado pensando. Mientras pienso\u2026\u00bfalguna idea que quieran compartir? \u00bfAlguien tiene un cuarto que pueda poner a disposici\u00f3n un rato mientras se clasifican los libros?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHistorias de libros\u201d ser\u00eda quiz\u00e1s el t\u00edtulo que englobar\u00eda lo sucedido estos \u00faltimos d\u00edas. Como relat\u00e9, mi madre regres\u00f3 de Erongar\u00edcuaro con una parte de su biblioteca. Determinaciones un tanto dictatoriales de mi hermano hicieron que las cajas con libros terminaran en mi estudio de fotograf\u00eda. 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