{"id":1463,"date":"2014-02-05T01:49:24","date_gmt":"2014-02-05T07:49:24","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/?p=1463"},"modified":"2014-02-06T00:39:31","modified_gmt":"2014-02-06T06:39:31","slug":"historia-de-un-libro-pero-no-del-contenido-sino-del-contenedor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2014\/02\/05\/historia-de-un-libro-pero-no-del-contenido-sino-del-contenedor\/","title":{"rendered":"Historia de un libro. Pero no del contenido, sino del contenedor&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo explicar la historia de un libro? No la del libro, sino la de un libro en particular. Porque eso es lo que hoy me pidi\u00f3 el Pichicuaz antes de irse a dormir. \u00bfLa historia que cuenta el libro? No, replic\u00f3. No la historia de lo que las letras que contiene relatan, sino de sus hojas, de sus tapas. Para esto se\u00f1al\u00f3 un viejo libro que encuadern\u00f3 mi padre seguramente a mediados del siglo pasado. Qued\u00e9 un poco desconcertado. Sin embargo, a un felino no lo puedes mandar a dormir sin un buen cuento de las buenas noches. As\u00ed que interrump\u00ed mis labores nocturnas, me reclin\u00e9 sobre mi asiento, tom\u00e9 un sorbo de mi copa de whisky, y lo arrop\u00e9 sobre mi regazo. Este libro, comenc\u00e9, es la suma de muchas historias. <!--more-->Para nacer, un autor tuvo que concebir su contenido con la esperanza de que un editor lo cobijara en las hojas que habr\u00edan de conformarlo. Al recibir el editor el texto, lo ley\u00f3 con cuidado y luego pidi\u00f3 la opini\u00f3n a otros. \u00bfMerecen acaso estas palabras ser inmortalizadas por las fibras de madera convertidas en papel? \u00bfMerecen, pues, vivir en un libro? La respuesta fue positiva. De tal suerte, inici\u00f3 el proceso de preparaci\u00f3n de las palabras y, por tanto, del nacimiento del libro. Porque sin texto, aventur\u00e9, las hojas en blanco no ser\u00edan concebidas como libro sino, m\u00e1s bien, como libreta de apuntes. Aunque ha habido excepciones. Mientras el texto transitaba por su propio camino para transformarse en una pieza tipogr\u00e1fica, ya se hab\u00eda determinado tambi\u00e9n el germen del contenedor. Es decir, ser\u00eda tama\u00f1o media carta y se usar\u00eda un papel ahuesado, porque as\u00ed eran las caracter\u00edsticas de la colecci\u00f3n de la que formar\u00eda parte. Pero debes saber, Pichi, que este libro nacer\u00eda acompa\u00f1ado de muchos hermanos gemelos. Porque lo que nosotros hacemos aqu\u00ed en Solar, es decir, publicar libros en tirajes muy peque\u00f1os, no se pod\u00eda hacer en ese entonces. Nacer\u00edan pues muchos miles de hermanitos libros que ser\u00edan muy parecidos en forma y contenido. Como puedes ver, la historia de este libro y de todos sus similares transcurri\u00f3 sin muchos sobresaltos. Imprimieron los pliegos de papel ahuesado, los doblaron, los cosieron y los encuadernaron. Luego los distribuyeron en muchas librer\u00edas, y los lectores los adquirieron. Hasta aqu\u00ed, la vida del libro podr\u00eda parecerte aburrida. Pero la verdadera historia del libro, de este libro en particular, apenas iniciaba. Lo adquiri\u00f3 un abogado que viv\u00eda en la calle de Sonora, cerca del Parque M\u00e9xico. El ten\u00eda una gran biblioteca. As\u00ed que el libro fue a parar a su mesita de centro de la sala, donde sol\u00eda sentarse a leer con una taza de caf\u00e9 negro caliente, sin az\u00facar, al lado. Sus manos, morenas y delgadas, abrieron el ejemplar y comenzaron a darle vuelta a las p\u00e1ginas. Siempre humedec\u00eda su dedo \u00edndice derecho antes de hacerlo. Por eso notar\u00e1s leves manchas en la parte superior izquierda de cada hoja par. Al terminar su lectura del d\u00eda, colocaba un separador all\u00ed donde se hab\u00eda quedado. Ese separador se convirti\u00f3 en el mejor amigo del libro. Lo acompa\u00f1\u00f3 durante las largas horas en que permanec\u00eda solo en el mismo lugar en que el abogado lo hab\u00eda dejado. A veces, sin embargo, una persona llegaba a limpiar la mesita en que se encontraba. Lo hac\u00eda con un trapo h\u00famedo. Eso hizo que poco a poco la contratapa fuera adquiriendo manchas de humedad. Por otro lado, si bien era un libro cosido, el pegamento del lomo se fue craquelando. No era de buena calidad. Al llegar a la mitad m\u00e1s o menos de su lectura, el abogado comenz\u00f3 a forzar la apertura del lomo para poder leer con comodidad. Al terminar de leer, cerr\u00f3 el libro, suspir\u00f3 satisfecho y lo coloc\u00f3 en uno de sus libreros. All\u00ed permaneci\u00f3 hasta que uno de los sobrinos del jurista se encontr\u00f3 con \u00e9l en la biblioteca. Lo tom\u00f3 para hojearlo cuando, por una ventana, su hermano se asom\u00f3 y le lanz\u00f3 una piedra. La reacci\u00f3n del ni\u00f1o fue arrojarle el libro que vol\u00f3 por los aires y acab\u00f3 sobre un matorral en el jard\u00edn de la casa. Para su mala suerte, en ese momento la esposa del jurisconsulto regaba una maceta en el piso de arriba, de manera que el agua comenz\u00f3 a escurrir y no pocas gotas impregnadas de tierra cayeron sobre el libro semiabierto. All\u00ed qued\u00f3 el ejemplar el resto del d\u00eda. El sol brillaba, as\u00ed que comenz\u00f3 a secar las hojas, y a deformarlas. Fue el perro quien por la tarde lo encontr\u00f3. Lo tom\u00f3 entre sus fauces, jug\u00f3 un rato con \u00e9l, arranc\u00e1ndole unas hojas, hasta que el abogado lleg\u00f3 y con gritos de indignaci\u00f3n fue a salvar al maltrecho libro. Recogi\u00f3 los pedazos de hojas regadas sobre el pasto y lo llev\u00f3 al interior de su casa. Trat\u00f3 de armar el rompecabezas, pero pronto se dio por vencido. Cuando, al d\u00eda siguiente, fue a la librer\u00eda para comprar otro ejemplar, le dijeron que se hab\u00eda agotado. As\u00ed que decidi\u00f3 rescatarlo. Lo llev\u00f3 entonces con mi padre, que era encuadernador. Vio el maltrecho ejemplar como un m\u00e9dico observa a su paciente y dio su diagn\u00f3stico: el libro podr\u00eda ser salvado. Segu\u00eda acompa\u00f1ado, por cierto, de su separador, tambi\u00e9n deteriorado por las circunstancias. Al sentirse entre los dedos de mi padre, el libro suspir\u00f3 tranquilo. Intu\u00eda que estaba en buenas manos. Y se dej\u00f3 llevar. Lo desencuadernaron por completo. Es decir, le quitaron las tapas, el pegamento, los hilos que sosten\u00edan juntos los pliegos. Las hojas rotas las volvieron a armar y pegaron los pedazos con un pegamento y papel especial. Las hojas mojadas y deformes fueron humedecidas y prensadas de nueva cuenta. Luego volvieron a coser unos pliegos con otros. Les aplicaron pegamento, cabezal y, finalmente, dotaron al libro reconstru\u00eddo de una nueva cubierta hecha con cart\u00f3n, keratol y terminado en media piel. Doraron el t\u00edtulo y nombre del autor en el lomo y en el frente. El libro qued\u00f3 mejor que nuevo. Al recogerlo, el abogado qued\u00f3 m\u00e1s que complacido y lo regres\u00f3 a su amplia biblioteca, donde ocup\u00f3 un lugar especial. Hasta que el letrado muri\u00f3 de un infarto. Sus herederos vendieron su biblioteca. Pero algunos ejemplares se los llevaron a mi padre en agradecimiento por el cuidado que hab\u00eda puesto en los libros del finado jurisperito que hab\u00eda amado tanto sus libros que hab\u00eda gastado parte de su fortuna en su adquisici\u00f3n y encuadernaci\u00f3n. Es as\u00ed como hoy ese libro est\u00e1 aqu\u00ed, conmigo. En mi librero. A\u00fan acompa\u00f1ado de su inseparable separador. \u00bfAhora s\u00ed quieres que te lo lea? Para cuando dije esto \u00faltimo vi que los ojos del Pichi estaban cerrados y, \u00e9l, profundamente dormido. No s\u00e9 hasta d\u00f3nde se qued\u00f3 en el relato, pero ya ma\u00f1ana podr\u00e1 leerlo en todo caso en Facebook, que para eso est\u00e1. \u00bfNo?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo explicar la historia de un libro? No la del libro, sino la de un libro en particular. Porque eso es lo que hoy me pidi\u00f3 el Pichicuaz antes de irse a dormir. \u00bfLa historia que cuenta el libro? No, replic\u00f3. 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