{"id":1449,"date":"2014-01-28T00:46:28","date_gmt":"2014-01-28T06:46:28","guid":{"rendered":"http:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/?p=1449"},"modified":"2014-01-28T00:46:28","modified_gmt":"2014-01-28T06:46:28","slug":"el-libro-como-armario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alejandrozenker.com\/blog\/2014\/01\/28\/el-libro-como-armario\/","title":{"rendered":"El libro como armario&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>El libro no ha sido s\u00f3lo contenedor de letras e im\u00e1genes que generan un imaginario en el lector. Tambi\u00e9n ha sido y sigue siendo reducto de los objetos m\u00e1s diversos que podamos imaginar. Lo aprend\u00ed de mi padre, que fue encuadernador. El sol\u00eda ocultar en alguno unos billetes para casos de emergencia. Era una costumbre de la vida clandestina de quienes lucharon contra fascismos y totalitarismos en el pasado. Muchos tenemos hoy como referente quiz\u00e1s novelas o pel\u00edculas en los que el libro es un escondite perfecto para ocultar pistolas, cuchillos, microfilms, veneno\u2026 <!--more-->Durante mucho tiempo fue el objeto ideal para aplastar y secar para las postrimer\u00edas hojas, flores e insectos. Alguna vez decid\u00ed hacer lo mismo. En mi adolescencia decid\u00ed escribir diarios. Mi padre me encuadernaba hojas en blanco en pasta dura para que yo escribiera mis relatos y poemas. Tambi\u00e9n me regalaba sobrantes de los libros de anotaciones de los profesores del Colegio Alem\u00e1n, donde yo estudiaba. Llegu\u00e9 a escribir docenas de tomos donde anotaba a diario todo lo que me acontec\u00eda. Pero no s\u00f3lo eso. Tambi\u00e9n recortes de revistas y peri\u00f3dicos. Un d\u00eda decid\u00ed guardar all\u00ed dos objetos paradigm\u00e1ticos: un cigarro de mota y un cond\u00f3n usado. All\u00ed se quedaron para el recuerdo. No obstante, un d\u00eda me acord\u00e9 del cigarro de mota. No hab\u00eda nada a la mano. As\u00ed que decid\u00ed asaltar mis diarios. En efecto, all\u00ed estaba, en su bolsita de pl\u00e1stico, esper\u00e1ndome. P\u00e1ginas despu\u00e9s, el cond\u00f3n. Totalmente desintegrado. \u00a1Mi semen es \u00e1cido puro!, pens\u00e9. Y me fum\u00e9 el cigarro, cuyos efectos fueron nulos. Comenc\u00e9 a dudar de la efectividad de los libros como resguardos de lo preciado. Pero la influencia de mi padre, que aprendi\u00f3 encuadernaci\u00f3n en las c\u00e1rceles de los fascistas alemanes, y que contrabandeaba mensajes entre las guardas de los libros, prevaleci\u00f3. De tal suerte, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando me pagaron en efectivo una traducci\u00f3n, ocult\u00e9 la totalidad de lo recibido en un libro que, seg\u00fan yo, pasar\u00eda desapercibido a los ojos de un ladr\u00f3n, ignorante seg\u00fan yo por antonomasia. Por supuesto, olvid\u00e9 al cabo de unos d\u00edas d\u00f3nde demonios hab\u00eda yo ocultado el dinero entre los miles de tomos de mi biblioteca. Pasaron no d\u00edas, ni semanas, ni meses, sino a\u00f1os sin que encontrara el dinero. Llegu\u00e9 a olvidar su existencia pese a la precariedad en que viv\u00eda. Hasta que un d\u00eda, agobiado por las carencias, busqu\u00e9 consuelo en un viejo libro de K\u00e4stner que abordaba precisamente la tristeza, la soledad, el desconsuelo. Tard\u00e9 en encontrarlo. Cuando lo hall\u00e9, lo abr\u00ed en la p\u00e1gina donde se encontraba el poema que me remit\u00eda a mi desesperada situaci\u00f3n y all\u00ed, all\u00ed precisamente estaban esos malditos billetes que supieron ocultarse bajo el manto po\u00e9tico de las letras que los cobijaron hasta que llegara el momento del llamado desesperante. Me salvaron. Aprend\u00ed que no s\u00f3lo hay que saber ocultar lo poco que tienes de los posibles ladrones, sino tambi\u00e9n acordarte de d\u00f3nde demonios lo escondiste.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El libro no ha sido s\u00f3lo contenedor de letras e im\u00e1genes que generan un imaginario en el lector. Tambi\u00e9n ha sido y sigue siendo reducto de los objetos m\u00e1s diversos que podamos imaginar. Lo aprend\u00ed de mi padre, que fue encuadernador. El sol\u00eda ocultar en alguno unos billetes para casos de emergencia. 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