FIL Minería

4 de febrero 2011

Si bien mi relación con la fotografía se remonta a mi adolescencia, cuando un maestro alemán de nombre Otto Dölle me enseñó los rudimentos de la fotografía analógica, fue en los años 90 cuando, por aras del destino, comencé a vincular la fotografía con el erotismo y la literatura. Iniciábamos en aquel entonces un proyecto sui géneris en materia de salud sexual y reproductiva en Ediciones del Ermitaño. Conocido como “Agenda erótica femenina”, se trataba de una publicación que acompañaría a la mujer a lo largo del año.

La dificultad para conseguir material para dotar la agenda de material gráfico, porque los artistas visuales eran reacios a prestar su obra para nuestros fines, me hizo pensar en crear yo mismo los elementos que ilustrarían las agendas. De entrada teníamos claro que las agendas estarían salpicadas de fragmentos literarios, fundamentalmente poéticos. Así, mi obra fotográfica estuvo ligada desde un inicio a la poesía, y la búsqueda que desde entonces hice iba encaminada al minimalismo, a los claroscuros muy marcados, a reducir todo a pinceladas de luz en un fondo obscuro, al blanco y negro clásico.

Por otro lado, mi labor editorial me llevó poco después a impulsar un proyecto de retrato que titulé “La escritura y el deseo”.

Ese proyecto nació con la intención de crear una enciclopedia gráfica de escritores y poetas erotómanos en México. En un principio creí que sería difícil convencerlos de que posaran acompañados de una joven modelo desnuda. Sin embargo, el primero que aceptó fue Juan García Ponce, erotómano consumado, que pese a estar postrado en una silla de ruedas participó con gran entusiasmo. Esa sesión tuvo lugar en su casa. Las siguientes, con otros escritores y poetas, casi siempre en mi estudio. Cada una ha durado largas horas en las que el invitado interviene activa o pasivamente en el montaje. La búsqueda ha consistido en retratar momentos peculiares, pinceladas de luz sobre la penumbra. De cada reunión resultan cientos de fotografías, de las que selecciono unas cuantas para su exhibición. El proyecto evolucionó rápidamente. Al ser escritores los retratados, y yo editor de libros de literatura, era inevitable la fusión de ambos elementos. Así surgió la idea de crear una colección erótica en la que el texto del autor alternara con mis fotos, donde los mismos autores fueran los protagonistas que ilustran con su imagen su propia obra. Estamos apenas en los inicios, acariciando las orillas de un mar de posibilidades. En un mundo en el que la mojigatería, la censura y el puritanismo hipócrita parecieran florecer, están quienes ejercen su derecho a afirmar la vida, a defender el placer que sólo en la libertad se disfruta. Son muchos, y de diferentes generaciones, los que en este proyecto se manifiestan abiertamente. Lo que los distingue es que son notables creadores literarios que nutren nuestra cultura. Son una esperanza para el florecimiento de la civilización y la libertad, de nuestro derecho al goce, al hedonismo, a la felicidad.
Sobre este proyecto, Gustavo Sainz escribió: “Se trata de un proyecto en el que la fotografía lleva al texto, y el texto a la fotografía. Es el cuerpo de la literatura y la literatura del cuerpo.

Se trataba de algo imposible: intervenir en el dominio misterioso donde solamente nos es dado suponer, pero nunca comprobar; donde surge el impulso creativo.

Fuimos invitados a un mundo escindido entre noche y día, entre sujeto y objeto, entre sueño y vigilia, y nuestra estancia nos produjo cierto bienestar, cierta inquietud, cierto silencio.

El fotógrafo, el escritor, la modelo: artistas religiosos en un mundo en el que se han eclipsado la vieja metafísica y las ideas estéticas.

Los varones llevan máscaras de escritores famosos.

La tarea es mirar otra vez.

Este ejercicio fotográfico es una sucesión de hipótesis y réplicas y preguntas interrumpidas de vez en cuando por alucinaciones sin causa. Una especie de suspensión, de vacío, de silencio, de trance. Los escritores aquí han sido convertidos en seres fantásticos sin relación con las personas reales con las que conviven. Con el cuerpo lleno de voluptuosa laxitud, los escritores aquí retratados guardan los deseos, las alegrías, las penas humanas. Se ven como de nieve por fuera y de llamas por dentro. No saben amar y están amando siempre.”

Así, son dos los proyectos que componen mi búsqueda en los pantanosos terrenos del erotismo. Andrés de Luna escribió que mi fotografía me ha llevado “por la encrucijada de las anatomías femeninas y, de manera ocasional, de las masculinas para ir tras ese hallazgo visual, el gusto por la sombra que moldea y otorga volúmenes, por los altos contrastes y por toda esa geografía de piel, uñas y pilosidades que forman parte de la identidad visible o secreta de sus modelos.”

Hoy, ver este portafolio fotográfico en LA OTRA me complace enormemente. De nueva cuenta la imagen está incorporada a una pieza poética única que ha impulsado José Angel a lo largo de los años, primero con ALFORJA y, ahora, con ESTA que es LA OTRA. Más allá de este ejercicio, hemos acordado colaborar en varios planos. Por un lado en el editorial, con la publicación de una o varias colecciones entre La Otra y Ediciones del ermitaño, pero también en el fotográfico, pues es nuestro propósito que los poetas que vengan a México participen en el proyecto de retrato de “La escritura y el deseo”, como ya lo hicimos, en semanas pasadas, con el poeta, narrador y ensayista colombiano Gonzalo Márquez Cristo y cuyo resultado pueden apreciar en mi blog www.alejandrozenker.com.