La invitación a participar en esta mesa redonda me indujo a la reflexión, lo que uno agradece cuando siente que las neuronas, todas sindicalizadas, se fueron de sabático sin consultarlo a uno, ignorando la crisis que se cierne sobre nosotros, es decir, mentándole la madre a la realidad que, dicho sea de paso, pareciera no merecer otra cosa. El caso es que, sin falsas modestias, me he sentido perdido en este océano del juicio lapidario. ¿Cómo decidir qué es arte y qué no?

El tema no pudo ser más oportuno ya que semanas atrás me vi envuelto en una polémica al respecto con varios artistas visuales que pertenecen a AVE, es decir, a Artistas Visuales del Erotismo. Se trata de una cofradía de pintores, escultores, fotógrafos, etc. parte de cuya obra gira en torno al erotismo y que yo coordino. AVE surgió en el 2004 a raíz de una exposición que se llevó a cabo en Acapulco y cuya curaduría corrió a cargo de Luis de la Cruz, director de la galería X-Art y de la fundación del mismo nombre con sede en Los Angeles.

Este inicio fue en sí muy interesante. Los artistas que nos vimos vinculados lo hicimos bajo el ojo crítico de un curador norteamericano especializado en arte mexicano. Tuve muchas discusiones con Luis de la Cruz, cuya visión trastocaba en muchos sentidos la mía. El tema que hoy se aborda continuamente sobre si una obra es erótica o pornográfica, sobre su contenido transgresor u obsceno, incluso sobre si es artística o no, permeó nuestras conversaciones. Así pues, decidí abrir el proyecto.

En un principio la vinculación se dio por medio de convocatorias a las exposiciones. Nuestra sede fue Puerto Vallarta, donde congregamos en 2005 a más de 40 y en 2006 a más de 60 artistas con cientos de obras que expusimos en más de una docena de galerías. Queríamos hacer del puerto el centro del arte erótico en México con miras a una proyección internacional. Sin embargo, pese al notable potencial publicitario y turístico, la falta de presupuesto no permitió que continuáramos.

En el 2007 concentramos nuestras operaciones en la Ciudad de México, si bien teníamos miembros en muchos otros estados. Decidimos hacer de AVE una organización horizontal, es decir, donde cada integrante pudiera impulsar actividades sin intervención de un órgano de dirección. Logramos así llevar a cabo muchos eventos, entre exposiciones, talleres y mesas redondas. Sin embargo, nuestro propósito era hacer de AVE un punto de encuentro para todos los artistas que hubieran incursionado en el erotismo y propiciar así la generación de más obra así como la exploración, la experimentación y la colaboración.

Para ello decidimos apoyarnos en la red virtual, es decir, en internet. En un principio se incorporaron los artistas que habían participado en diversas exposiciones de AVE sujetas a curaduría. Pero internet nos ofrecía la posibilidad de abrirnos más aún. Y lo hicimos. En menos de un año integramos a AVE a más de 120 artistas de las más diversas disciplinas.

En una red social, incluso de carácter profesional, 120 integrantes es poco. Sin embargo, encontrar a 120 artistas con obra particularmente erótica de calidad, es decir, que pueda pasar positivamente por el ojo escudriñador del curador, no es fácil. Las preguntas abundaban, si bien para el versado son trilladas y han sido ampliamente discutidas:

  1. ¿qué es una obra erótica vs. una obra simplemente sensual o de desnudo?
  2. ¿qué es erotismo, qué es pornografía, qué es obscenidad?
  3. ¿qué es “calidad” en el arte?
  4. ¿qué es arte?

Un problema que enfrentamos a principios de este año aceleró la reflexión. En Estados Unidos, donde reside el motor tecnológico que ha dado vida hasta ahora a nuestro portal, y pretextando la crisis, inició un movimiento articulado de censura, de tal suerte que nos informaron que, por cambio de políticas, nuestro portal sería cerrado por su contenido obsceno. Pronto supimos que quien estaba detrás de esto era Google, el principal buscador de internet, que había decidido retirar sus anuncios pagados de todo portal con “contenido para adultos” en Internet. En un abrir y cerrar de ojos decenas de miles de sitios fueron borrados. En nuestro caso logramos establecer una discusión con los “hosteadores” de nuestro portal y los convencimos finalmente de que nuestros contenidos eran artísticos y no pornográficos, con lo que rescatamos provisionalmente el espacio, si bien tuvimos que restringir la entrada mediante clave (password). Al buscar otras opciones nos dimos cuenta que en buena medida, esa red que muchos considerábamos un reducto de irrestricta libertad de expresión en realidad ha ido cayendo en manos de los nuevos emporios que tienen a fin de cuentas los hilos en las manos y que se rigen por una aberrante doble moral hipócrita. Incapaces de distinguir entre arte y pornografía, se lanzan contra todo lo que ellos consideran obsceno con definiciones francamente estúpidas. Por ejemplo, Google considera obsceno “todo contenido que se despliega en el monitor de la computadora pero que uno no está dispuesto a que lo vea toda la familia”. Ese tipo de definiciones están siendo aplicadas en otros espacios, como Facebook, que en días pasados censuró la portada del libro Los jardines secretos de Mogador de Alberto Ruy Sánchez, en la que figura una mujer desnuda, muy bella, fotografiada por Rudolf Lenhert y Ernst Landrock en África a fines del siglo XIX.

Esta situación que describo nos enfrenta a muchas interrogantes sobre el futuro de la libertad de expresión en las artes. Si consideramos que hoy en día empresas como Google y Facebook poseen el control de los principales medios de comunicación a futuro, y si estos medios se van a erigir en censores ya no en su país de origen, Estados Unidos, sino en todo el mundo, entonces sí estamos frente a un problema mayor puesto que sus criterios son tan miopes que los mismos frescos de Miguel Angel en la Capilla Sixtina no podrían exhibirse en Facebook pues serían considerados obscenos.

Lo paradójico del asunto es que fue precisamente la industria de la pornografía la que impulsó el desarrollo acelerado de Internet en general y de motores como Google en particular. La proliferación de fotos y videos y la necesidad de desplegarlos con rapidez en las computadoras potenciaron el desarrollo tecnológico de la red. Seguramente quienes nos encontramos al margen de esa doble moral y luchamos por la libertad de expresión tendremos que asumirnos como kamikazes de la cultura y buscar recursos para burlar la censura.

La defensa de la libertad de expresión es una de nuestras banderas. Sin embargo, así como no todo lo que brilla es oro, no todo lo que se presenta como arte lo es. Al revisar la obra de los artistas de AVE en el portal cuando estábamos en la etapa crítica de la negociación por rescatar el espacio virtual que habíamos edificado, nos surgió una y otra vez la pregunta: ¿es esto erótico?, ¿es esto obsceno?, ¿es esto ARTE? En un inicio a los artistas se les admitió simplemente por currículo. Era imposible pretender curar toda su obra. Pero desde un principio le apostamos a la calidad y no a la cantidad.

Un problema quizás se deriva de la facilidad con que hoy se puede migrar, por ejemplo, de la pintura a la fotografía. Sin embargo… ¿un buen pintor puede ser por ese simple hecho un buen fotógrafo? Hay artistas que se engolosinan cuando descubren los nuevos recursos y es entonces cuando acontece el desastre. También pareciera prevalecer entre muchos un inquietante vacío cultural pese a que Internet ha propiciado que hoy se pueda ver más de lo que uno puede procesar. Ya no hay que trasladarse a los museos o comprar libros para conocer la obra de los artistas. Si uno explora, estudia, pronto se percata de un gran reto: Ser original es difícil. Y a veces pareciera que ser autocrítico lo es más.

En el terreno editorial vivimos un fenómeno similar. Hoy todos quieren ser autores y publicar un libro. Lo paradójico es que nadie lee, pero todos quieren ser leídos. Por supuesto el “nadie” es una exageración. No obstante es pasmoso ver cuántos no lectores pretenden publicar sus textos, sus poemas, sin tener la más mínima formación literaria. Como editor me enfrento a tal cantidad de originales impublicables que he tenido que limitar los textos que considero a aquellos que vienen con una recomendación sólida de un avezado lector que generalmente es a su vez escritor. En las artes visuales pasa lo mismo. Nadie va a los museos, ni a las galerías… pero todos quieren pintar, esculpir, fotografiar y ser vistos, admirados y comprados. COMPRADOS. Es curioso, pero pocos artistas compran obra de otros artistas… En una tertulia reciente decíamos de broma que si todos los que pretenden publicar un libro comenzaran por comprar y leer libros, si todos los que pretenden ser artistas compraran obra de otros artistas, es más, si todos los que pretenden ser actores fueran al teatro, resolveríamos una buena parte de la crisis por la que pasa el sector cultural.

Sé que exagero. Sin embargo creo que es importante abordar y resolver infinidad de problemas en el terreno de la producción cultural. Probablemente bregando ante todo por la profesionalización del artista. Me atrevería a afirmar que en ese terreno se encuentra el principal problema y, por tanto, el principal reto. El año pasado creamos la Red Independiente de Proyectos Artísticos y Culturales (RIPAC) que busca precisamente ser un punto de encuentro para los gestores culturales que pretenden eso: profesionalizarse. Y es que la falta de profesionalización de los gestores es lo que lleva a gran parte de proyectos al fracaso, así como la falta de profesionalización hace que los artistas, como los escritores y los mismos editores no consagrados subsistan apenitas y de milagro.

Lo que nuestro trabajo nos ha mostrado a lo largo de los años es que en México hay un sorprendente movimiento artístico y cultural que bulle por todos lados. El talento sobra y crece y gravita sobre terreno fértil pese a la ineficiencia de nuestros gobernantes miopes y corruptos. Esperar de ellos los recursos para capitalizar ese potencial es vano. Tendrá que ser, en mi opinión, la sociedad civil misma la que tome en sus manos la tarea. Pero el voluntarismo no nos llevará a buen puerto si no emprendemos una labor sistemática de capacitación que lleve a la profesionalización del artista, y si no lo dotamos de las herramientas de la crítica y autocrítica para que se abra camino con obra que destaque por su originalidad, innovación y calidad.

*azh, 25/02/2009